Para aquellos “arte puristas” que desde las academias y desde una visión obtusa piensan que el arte es un campo de conocimiento aislado de otras disciplinas y de toda actividad humana, el ejemplo del muralista boliviano Miguel Alandia Pantoja (1914-1975) es un testimonio más de la indiscutible función social y política que tiene y debería tener el arte, al menos en lo que concierne al arte en el espacio público, actualmente fastidiado por florecitas en “bonitas” decoraciones monumentales.

De una gran amistad con los muralistas mexicanos, Alandia Pantoja construye una ruta extraordinaria para el muralismo Boliviano que hoy se puede percibir y admirar en la gran calidad y discursos que llevaron a sacar sus trabajos de manera clandestina en momentos en los que gran parte de su obra también era objeto de persecución y destruida.

El maestro Alandia Pantoja murió en Perú en el exilio, dejando un legado al pueblo de Bolivia que se resguardó en la clandestinidad de 160 obras, 34 bocetos de mural, sin mencionar los murales que se han rescatado y que transmitieron el sentir de las luchas populares de su pueblo, más los que recientemente se han encontrado, como el del centro minero de Milluni, donde se fundó el Sindicato de Trabajadores Mineros, primer sindicato minero, a las faldas de la emblemática montaña en la cordillera de los Andes, el Huayna Potosí, donde después de una innombrable masacre de los trabajadores mineros y sus familias en 1965 durante el régimen del dictador René Barrientos, el mural fue destruido y dejado en un estado deplorable. Hoy, a pesar de que Milluni es un pueblo minero fantasma, el mural es protegido por la comunidad, destacando la colaboración de artistas muralistas bolivianos y el mismo don Sergio Alandia, hijo del muralista, quienes se niegan a perder tan importante y emblemático legado perteneciente no solo a la historia de Bolivia sino también a su patrimonio cultural.

Pero pareciera que el largo brazo de las dictaduras trasgrediera la memoria en el contexto de una Bolivia socialista, y la obra de Alandia Pantoja sigue en riesgo, acosada ahora también por el capitalismo que encontró la manera de sacarle provecho. Hoy, los baúles que contienen la obra, así como la restauración y protección de su obra mural están en juego y en disputa.

En ese sentido, muralistas reunidos hace unos días en el tercer Encuentro de Muralismo con Raíces Latinoamericanas, provenientes de Bolivia, Perú, Chile, Argentina, México, El Salvador, Uruguay, Paraguay, Brasil y Japón, nos sumamos en una sola voz a través de una declaratoria para decir entre otras cosas: “Que el derecho a la cultura de nuestros pueblos se vuelve una línea de acción para todas y todos los artistas y trabajadores de la cultura en toda nuestra América.

“Consideramos que este derecho es inalienable, por lo que solicitamos a las autoridades correspondientes: Que toda la producción artística del maestro Alandia Pantoja sea declarada patrimonio Nacional de Bolivia y sume al extraordinario patrimonio artístico y cultural del pueblo boliviano, y por consiguiente a los patrimonios culturales que enriquecen a nuestros pueblos y naciones en América y el mundo”, (fragmento de la declaración del tercer Encuentro de Muralismo con Raíces Latinoamericanas, La Paz, Bolivia, 7 de septiembre del 2018).

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