Nuevamente salió en defensa de la figura presidencial, el gobernador Omar Fayad, luego del conflicto suscitado a raíz de la manifestación de alcaldes panistas en Palacio Nacional y que terminó en una trifulca y la utilización de gas lacrimógeno en su contra. El mandatario hidalguense dijo que los alcaldes “no deben utilizar mecanismos para presionar al gobierno de la República” y argumentó que “ya no existen los recursos extraordinarios que el gobierno federal daba en otras épocas”. Subrayó que en su caso él no presiona al gobierno y que su administración se conduce por medio de los canales oficiales: “Busco a las personas indicadas, mando los oficios necesarios, hago las gestiones necesarias”. Y frente al panorama austero, recomendó a alcaldes aumentar la recaudación y “poner en orden la casa”. En el mismo sentido, ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) respondió a los alcaldes panistas que si necesitan más recursos su gobierno puede ayudarles, pero no para darles más presupuesto, sino para ahorrar, reducir la nómina, disminuir gastos superfluos y combatir la corrupción. Con ambas posturas, y sobre todo con la del presidente López Obrador, podemos anticipar que los alcaldes hidalguenses tendrán que pensar en otras estrategias para hacer frente a los desafíos que enfrentan sus municipios, porque la vieja táctica que consiste en presionar para obtener más presupuesto simplemente ya no va a funcionar. Acaso las alcaldías tendrán que hacer lo mismo: sacudirse a quienes succionan los pocos recursos que tienen y ver cómo adelgazar su gasto. En ese rubro vaya que sí se siente el cambio de la 4T: la austeridad se instaló en todos los ámbitos del sector público. De filón. Parece alejada de la realidad presupuestal, pero ayer el gobernador Fayad planteó la creación de un programa de refinanciamiento en apoyo a los transportistas locales para la renovación de su parque vehicular, con la condición de que utilicen autos eléctricos JAC construidos en Ciudad Sahagún. Al menos en teoría la idea suena virtuosa por donde se le vea, pero hay que poner sobre papel costos, que es donde suelen derrumbarse las buenas intenciones.

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