Alex de la Iglesia hacía historietas, estudió filosofía y rodó, entre algunos otros títulos de la tradición española, Las brujas de Zugarramurdi (2013), una película de doble género. Horror y comedia mezclados en singulares reacciones químicas por una reivindicación crítica de uno de los episodios más lamentables y vergonzosos de la historia de aquel rancio y poderoso imperio católico al que debemos majestuosos templos barrocos donde aprendimos a temer a un Dios celoso y condenar las diferencias.
Zugarramurdi no es tan diferente a Real del Monte o Huasca; quizá tenga semejanzas con Zacatlán de las Manzanas o Villa del Carbón, si fuera una comunidad mexicana con seguridad estaría en la lista de pueblos mágicos. Hay casas de dos aguas con tejas de arcilla, sus muros y sus caminos de piedra son algo más que joyas arquitectónicas de la vieja España, son testigos dolorosos de un crimen mal llamado por los registros “auto de fe” ya que la Inquisición procesó aquí a 40 mujeres acusadas por ser brujas; 12 de ellas fueron ejecutadas en la hoguera; hubo cinco más a quienes ni su condición de estar difuntas las salvó de la quema por efigie, curiosa práctica de los tribunales “santos” para “criminales” que se fueron de este mundo sin pagar sus pendientes. Todas estas ejecuciones ocurrieron en 1610 con el legítimo respaldo de supersticiones y envidias.
A más de 400 años de distancia, un loco cineasta destapó este sello macabro, liberó a estas mujeres del Infierno al que fueron canalizadas y las convirtió en lo que fueron acusadas. ¿Venganza? No me apresuraría a definir con este concepto las razones de Alex de la Iglesia, quien aprovechó la efeméride para aproximarnos a la complejidad de la mujer del siglo XXI.
No hace falta recontar los sucesos de 1610, los españoles deben conocerla de memoria, ni hablemos de los herederos de Zugarramurdi que estarán acostumbrados a ser famosos en el entorno turístico por entenderse como cuna del concepto de la brujería, como es referido en la cinta. Nada mejor que dar aliento a las caídas por la injusticia con un guion disparado que cita problemas de divorcio y patria potestad, amor prohibido, amistad y deseo a partir de un ridículo robo a una joyería en la moderna Madrid.
Y no importa que no conozcas quién es quién en la historia verdadera de las brujas de Zugarramurdi o que desconozcas cómo transcurrió el tiempo en el reino de España en la Inquisición, De la Iglesia crea sobre la tradición y las leyendas de su patria con tacto universal ya que también se trata de una ficción vibrante que te atará al sillón con dosis de comicidad y misterio.
Así que no pierdas oportunidad, si no eres aficionado al terror, aquí tienes 10 minutos con sustos de humor negro, seductora, crítica, dinámica y con un interesante fondo histórico para ponerte a pensar. El acento castellano es tolerable cuando no es un doblaje, mucho más cuando estás ante la exquisita selección de Alex de la Iglesia. Si tienes Netflix, la película está disponible en su menú.

@lejandroGALINDO
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