Después de un buen rato de no asistir a inauguraciones de exposiciones en el Cuartel del Arte, el pasado jueves me animé a ir. Se inauguró una muestra colectiva Pachoa Notech Nic, enunciado que traducido al castellano significa “allegar algo a sí”. Me pregunto por qué el curador utilizó un título en una lengua que no es el español para después traducirlo a este y que resulte igual de incomprensible, pero bueno.

Los motivos principales por los que ya no asistía a las inauguraciones en el Cuartel son los siguientes: primero y muy importante, las últimas exposiciones que se montaron en ese recinto fueron de lo más aburridas, llenas de un tipo de arte que no me interesa, no con esto quiero decir que esté mal, sino solamente a mí como consumidor no me gustan.

Y segundo, normalmente las exposiciones se llenan de un mundanal que no permite apreciar las piezas, pero para ello tengo mi estrategia, calculo llegar un poco después del protocolo de inauguración y me planto cerca de las mesas del coctel, platico un poco con los amigos y me empaco algunas copas de vino, mientras que la mayoría se encuentra viendo la muestra, encabezados por la gente importante que convocó y produjo la exposición.

Entonces ya enfundado en tres copas de vino entro a la exposición, la cual, de inicio, en la planta baja cuenta con una serie de fotografías –de Nacho López– que muestran a un personaje jalando un carrito con un puerco en él, veo la serie y supongo que lo lleva a algún mercado a vender, por cierto, al entrar no leí el texto de sala, no me interesó.

Así pues, me enfilo de lleno a ver el resto de la muestra y, tristemente, me enfrento a un conjunto de piezas más bien simplonas, algunas fotografías de lugares sin mucho que decir más que el desempeño técnico de los fotógrafos, algunos intentos de salir del formato, intentos tímidos de expandir la fotografía, nada afortunado que resaltar.

Hay un tríptico que me divierte, representa los objetos según entiendo de una abuela, quien ha tenido a bien etiquetar, por ejemplo, una grabadora “Poner stop antes de abrir CD” o algo por el estilo, lo sentí cercano y muy honesto, sin pretensiones.

Hubo un video, en él se veía el acto torpe de un malabarista improvisado, como aquellos que vemos en los semáforos; ese video me gustó, en él pude ver la repetición de un acto innecesario, burdo, torpe y me recordó a las acciones de Bruce Nauman en su estudio.
Iba yo por ahí disfrutando el ligero efecto que el vino había dejado en mí cuando a unos tres cuartos de recorrido veo a un amigo y le digo “bueno, por lo menos ya superaron la faceta de travestis e indígenas”, su mirada antes de hablar me hizo pensar la voz de Murphy recordándome que algo malo siempre puede ser peor, para después escuchar “no cantes victoria, sigue tu camino”, y sí, seguí y ahí estaban, con su labial y sus brasieres.

Con este texto solo quiero expresar mi opinión de espectador, de consumidor, acerca de la primera exposición montada por esta nueva administración –neonata Secretaría de Cultura– en el Cuartel del Arte, el espacio expositivo más amplio y más valorado por muchos en esta provinciana ciudad de Pachuca.

Concluyo entonces, honestamente desde lo más profundo de mi corazón ávido de experiencias artísticas, se han equivocado, les ha quedado grande el recinto como a Mickey Mouse el traje de mago en Fantasía y de Allegar algo a sí, considero que lograron allegar a nada.

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