Hace exactamente un año escribía en este mismo espacio que “desde su origen como organización social, Antorcha Campesina ha sido víctima de todo tipo de ataques y calumnias: desde su nacimiento, pretendiendo aniquilarla en la cuna debió sufrir el asesinato de varios de sus miembros, principalmente integrantes de la familia Córdova Morán, en Tecomatlán, Puebla, lugar donde tiene su raíz el primer grupo antorchista en el país, dirigido por el líder nacional del movimiento antorchista, el ingeniero Aquiles Córdova Morán; posteriormente, cuando la población del municipio serrano de Huitzilan de Serdán, Puebla, es asediada y diezmada por las balas asesinas del cacicazgo local en comunión con la UCI (Unión Campesina Independiente), de filiación perredista, sus pobladores deciden organizarse con Antorcha para buscar su defensa legal; muchos antorchistas fueron víctimas de estos perversos asesinos y, hasta el día de hoy, tanto los poderosos poblanos, padrinos de los caciques y de los asesinos no le perdonan a Antorcha el haber organizado a los indígenas huitziltecos. Años después, otro feroz cacicazgo se ve amenazado por la fuerza organizativa de Antorcha, y como fiera herida, más de 100 heridos de bala y 10 muertos deja tendidos en la plaza de Chimalhuacán, Estado de México: “la Loba y sus secuaces del gobierno de dicha entidad, al verse vencidos en las urnas trataron de impedir el arribo de un destacado antorchista al gobierno municipal de Chimalhuacán, y para conseguirlo hicieron uso del poder estatal, de mercenarios y francotiradores. Hoy, Chimalhuacán califica, gracias al trabajo antorchista, dentro de los municipios mejor gobernados del mundo. Y, hace tres años, en un intento por someter al antorchismo nacional, y en particular a la compañera Maricela Serrano Hernández, destacada líder en el Estado de México, fue secuestrado y asesinado su señor padre, don Manuel Serrano Vallejo, cuyos restos hasta el día de hoy no han sido entregados a la familia para darles cristiana sepultura”.
A un año más de vida del antorchismo, las cosas no han cambiado, al contrario, se han acentuado las agresiones, las amenazas y la represión administrativa por varios gobiernos estatales; los hechos recientes, muy lamentables, en Puebla, lo demuestran: el 10 de octubre de 2017, alrededor de las 17 horas fue asesinado el joven presidente municipal antorchista de Huitzilan de Serdán, Puebla, Manuel Hernández Pasión, en la carretera interserrana Zacapoaxtla-Cuetzalan, donde fue interceptado por cuatro vehículos en marcha y masacrado, al igual que el guardia que le acompañaba, con armas de alto poder, pues en el lugar del asesinato quedaron los casquillos de nueve mm y de R-15. Manuel, militante antorchista, huitzilteco, había logrado unificar a la mayoría de las comunidades de Huitzilan y de otros municipios aledaños, había logrado acercar importantes obras y beneficios a la región y con ello sacar de la marginación y del aislamiento a buena parte de la región serrana, obviamente de mano del antorchismo poblano. El progreso y desarrollo de las comunidades indígenas nunca ha sido del agrado de los cacicazgos en ninguna parte del país y en Huitzilan se les ha combatido a sangre y fuego por los señores de horca y cuchillo. Todavía no terminaban los funerales del presidente municipal, cuando ya, otro antorchista, el ingeniero Nibardo Hernández, secretario del ayuntamiento de Cuayuca de Andrade, Puebla, recibía amenazas de muerte a través de mensajes en su celular. Y a los ocho días, el miércoles 18 de octubre, las oficinas del movimiento antorchista en el tianguis de Texmelucan, Puebla, fueron tomadas por asalto por un grupo de delincuentes armados hasta los dientes, al mando de los cuales se encontraba Martín Gallo, apoyado por Manuel Valencia, ambos “líderes” de comerciantes. De dicho asalto resultaron varios lesionados de bala. Hasta el día de hoy la fiscalía poblana no tiene a ninguno de los culpables detenidos, a pesar de que el asesinato de Manuel Hernández Pasión se cometió a plena luz del día y que existen videos en manos de la fiscalía que dan cuenta de los agresores e igualmente la embestida sangrienta en Texmelucan, también suscitada en la claridad del Sol. Lo mínimo que debe hacer la fiscalía es detener a los responsables materiales e intelectuales de dichos crímenes, tiene en sus manos todos los elementos, y si no lo hace es porque seguramente hay, mínimamente, confabulación.
Cuando se trata de salvaguardar los intereses de los cacicazgos más acedos que le sirven, la mayor de las veces a los gobiernos en turno, entonces no hay ley que valga. En Puebla se han cometido asesinatos a la luz del día, allanamiento a casas y oficinas y se ha estado trastocando la tranquilidad de ciudadanos a través de amenazas de muerte y simplemente hasta hoy, los asesinos y delincuentes siguen gozando de cabal salud. El antorchismo nacional exige un alto a los crímenes contra antorchistas en Puebla y una pronta acción de la justicia para poner tras de la reja a los culpables, de no hacerlo, el propio gobierno estará permitiendo que el Estado de Derecho y su autoridad se vean seriamente mermados.
La pobreza no se combate ni con campañas negras contra Antorcha y sus líderes, únicos en este país que realmente trata de unificar a los mexicanos para un verdadero cambio social; tampoco se combate negándoles las soluciones a los pueblos y colonias organizados en nuestras filas y mucho menos con agresiones y con balas, al final, la rueda de la historia pondrá a cada quien en su lugar y demostrará nuevamente que, aunque se pretenda frenar la lucha del pueblo pobre, este logrará liberarse de esos “amos” que lo han mantenido en la pobreza y en la ignorancia. La historia está en camino.

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