Ricardo Alberto Calleja

El estado de Hidalgo cumple 150 años de su fundación el 16 de enero de 1869 por el presidente Benito Juárez con más de la mitad de la población en miseria que ha sido tolerada por los gobiernos priistas de los últimos años.

En la entidad habitan más de 2 millones 862 mil 970 personas en 82 municipios, de acuerdo con datos emitidos por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Por su parte, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) declaró en su informe de “Evaluación de la pobreza” que en Hidalgo existen 478 mil 836 ciudadanos con pobreza, mientras que 234 mil 257 personas viven diariamente en condición de pobreza extrema. En el mismo informe, el Coneval indica que 327 mil 900 habitantes no tienen acceso a una vivienda de calidad; además, 113 mil 200 habitan en viviendas con “pisos” de tierra, mientras que 193 mil 800 habitantes están en condición de hacinamiento. Aquí no termina la desgracia de los hidalguenses. Con relación a la oportunidad de acceder a los servicios básicos, son 819 mil 400 personas las que carecen de agua potable, drenaje, electricidad y seguridad.

Como muestran los datos oficiales, Hidalgo presenta un alto rezago social, que, en gran medida, ha sido por culpa de los gobiernos priistas que han gobernado la entidad desde 1929. A estas alturas, no es ninguna sorpresa, pero sí lamentable la manera tan horrorosa de gobernar de los militantes del PRI.

Para hacerle frente a la miseria y justicia al pueblo, el movimiento antorchista cumple 88 días en plantón en la explanada del palacio del gobierno estatal para denunciar que el hoy gobernador priista –al que pareciera no importarle la debacle de su partido, o tal vez esté pensando en saltar a Morena– no ha cumplido con sus compromisos de obra y servicios públicos para los hidalguenses. Y no solo eso, no solo incumple, si no que ahora ha emprendido una campaña de ataques hacia nuestra querida organización, utilizando recursos públicos para enviar delincuentes a intimidar a los antorchistas, haciendo uso faccioso de la policía para defender sus intereses mezquinos y así ignorar al pueblo que le reclama lo que él mismo comprometió en las localidades pobres.

A los antorchistas nos queda claro, Omar Fayad ha demostrado con hechos que no llegó al poder para representar a los pobres, lo hizo para cumplir su función de servir a los intereses de los millonarios que como a Hidalgo, han hecho de México un país donde las oportunidades solo las tienen los que concentran la riqueza.

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