Las opiniones de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) –sus referencias al humanismo y a un modelo que ha desplazado al del mercado–, así como de uno de los principales ideólogos de la 4T, como Alfredo Jalife, son muy similares al pensamiento de Amartya Sen. Una parte de las ideas sobre el modelo de la 4T –las referencias al modelo humanista– son muy semejantes a las ideas de Sen. Los antecedentes de este pensador también se encuentran en las críticas que instituciones como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) han hecho al modelo de economía de libre mercado.

En ese sentido, ni Sor Juana Inés de la Cruz, Hidalgo, Morelos o Josefa Ortiz de Domínguez, Juárez, o bien, Melchor Ocampo, Madero o el general Cárdenas, deben estar tan contentos con la 4T –allá donde se encuentren– como el profesor Sen. Como todas las cosas, el pensamiento es deudor de sus tiempos y, aunque existen quienes ven en el pasado a su mundo ideal –aunque no necesariamente todas las generaciones y culturas lo vean así–, los ideólogos de la 4T se han nutrido del pensamiento social contemporáneo y en particular del Premio de Economía 1998.

El centro, en mi opinión, de la reflexión teórica de Amartya Sen lo constituyen tres ejes: el desarrollo humano con libertad, la teoría de las capacidades y la economía del bienestar. Sobre las economías de bienestar, dice uno de los estudiosos del teórico hindú que se trata de “la búsqueda de alternativas de solución a los problemas de asignación de recursos escasos, cuando el mecanismo de mercado no es aplicable”, apunta Leobardo Plata Pérez (1999) (en: https://estudioseconomicos.colmex.mx/archivo/EstudiosEconomicos1999/3-32.pdf). Y cuando se pone fin al neoliberalismo, el merado no es aplicable. No existe el vacío, la 4T ha preparado una respuesta.

Con respecto al desarrollo humano, Amartya participó en los cuestionamientos a las políticas de desarrollo que hacían depender el bienestar de la sociedad del crecimiento de la economía: el desarrollo del hombre es más importante que el de las cosas, como lo apuntó Esteva en alguna ocasión. El planteamiento de Sen constituye hasta cierto punto una ruptura con las concepciones del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional: “El hecho de que centremos la atención en las libertades humanas contrasta con las visiones más estrictas del desarrollo, como su identificación con el crecimiento del producto nacional bruto, con el aumento de las rentas personales, con la industrialización, con los avances tecnológicos o con la modernización social” (Sen, Desarrollo y libertad, 2000: 19).

El crecimiento del PNB o de las rentas personales puede ser, desde luego, sigue diciendo Sen, “un medio muy importante para expandir las libertades de que disfrutan los miembros de la sociedad. Pero las libertades también dependen de otros determinantes como las instituciones sociales y económicas (por ejemplo, los servicios de educación y de atención médica), así como de los derechos políticos y humanos (entre ellos, la libertad de participar en debates y escrutinios públicos). La industrialización, el progreso tecnológico o la modernización social pueden contribuir significativamente a expandir la libertad del hombre, pero la libertad también depende de otros factores” (Ibíd).

El desarrollo humano con libertad que plantea Sen es un tipo de libertad que él mismo conceptualiza como instrumental, que apunta a la eliminación de las principales carencias sociales que afectan a la sociedad. Señala que el desarrollo que ha alcanzado niveles como nunca antes en la historia en términos de riqueza y opulencia, debe sustituirse por lo el desarrollo humano con libertad que exige la “eliminación de las principales fuentes de privación de la libertad: la pobreza y la tiranía, la escasez de oportunidades económicas y las privatizaciones sociales sistemáticas, el abandono en que pueden encontrarse los servicios públicos y la intolerancia o el exceso de intervención de los estados represivos” (Sen, 2000: 19-20).

Las declaraciones mañaneras de AMLO sobre la economía y los principios que rigen las políticas de su gobierno y de la 4T son una reedición de los postulados humanistas de Amartya Sen, lo digo en el sentido de aquellos que han supuesto la ausencia de un sentido en las políticas gubernamentales porque carecen de dirección. No es Hidalgo o Morelos, sino Amartya Sen, uno de los “mantras” de la 4T, al parecer sin hacerlo explícito. Mucho de la narrativa obradorista se puede leer en el hindú.

La otra aportación de Amartya Sen es el de las capacidades –en compañía de Martha Nusbaum o por su cuenta– que las políticas mundiales, tanto del progreso y el desarrollo, en lugar de potenciarlas lo que hacen es atenuarlas o de plano anularlas. Se puede apreciar en la pasividad de los agentes que participan de los programas sociales, quienes esperan pasivamente a que llegue el apoyo institucional, desactivando sus potencialidades.

Por capacidad –de actuar de manera independiente– debe entenderse como una potencialidad en términos de la filosofía aristotélica, y es un concepto que le da sustento a la capacidad para vivir la vida y que es un tanto diferente al término capital social, más relacionado con el individuo que produce (London, Silvia, Formichella, María Marta, 2006), “El concepto de desarrollo de Sen y su vinculación con la Educación”, Economía y Sociedad [en línea] 2006, XI (enero-junio) : [Fecha de consulta: 25 de junio de 2014] Disponible en:

redalyc.org/articulo.oa?id=51001702> ISSN 1870-414X.

Sen es un hombre del establishment. No se trata de un hombre que peque de ingenuo. Sabe que sus propuestas representan una visión paradigmática diferente a la manera en que se ha venido concibiendo el desarrollo económico y la atención a las necesidades de la sociedad. Es una propuesta que se presenta en el marco de los debates sobre el desarrollo, que el neoliberalismo ve con recelo.

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