Y esta semana empezamos otra vez: clases, pases de lista, libros, porcentajes, temarios, nuevos rostros adolescentes, los proyectos de investigaciones que deben transformarse en excelentes trabajos periodísticos, volver a contar la historia de los medios de comunicación como si fuera la primera vez que la descubrimos. Otra vez los pasillos del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades llenos de murmullos, de juventud, de sueños. Mi lugar ideal que existe gracias a mi querida Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.
Siempre lo juro, estoy aquí por total vocación, por amor a la enseñanza, por mis bajas pasiones periodísticas, por seguir aprendiendo, para reconciliarme con esta vida tan complicada, para apostar por este país y sus jóvenes. Pero también estoy aquí porque vuelvo a convivir con mis amigas, siempre tan cómplices.
Y sí, ahí está Luz Martínez, que desde hace varios años es mi angelita de la guarda. Pendiente de mis compromisos para anotarlos en el calendario, recordándome mis horarios de clase que siempre confundo, atenta a empezar a archivar cada constancia de las próximas conferencias. Ya acostumbrada a mis cantos desafinados, segura de que no hay nada mejor que ser “una mala influencia” para hacerse querer bien. La sonrisa siempre compartida, nuestras medias de gatos para ser cómplices eternas, su madurez académica que me llena de orgullo total.
El taconeo de Silvia Rodríguez, siempre nos sorprende cuando entra a mi cubículo. Segura de que solamente el primer día de clases amará a sus grupos y el resto del semestre aplicará las mejores estrategias para enamorarlos de la comunicación organizacional. Por un rato, planeamos nuestro programa de radio, otras veces a reconocer las benditas diferencias que siempre nos unen.
Hoy la oficina roja de la jefatura de área provoca latidos de orgullo en mi corazón, mi querida amiga Josefina Hernández Téllez ahora es mi santa jefecita, adoro su disposición para lograr que el respeto sea la pauta de su reinado académico, que nos demos tiempo para planear, pero también para compartir, para que esta amistad siga siendo la prioridad de nuestra relación.
Palpo la fuerza apasionada de Elsa Ángeles Vera, la generosa mirada de Azul Kikey Castelli, la sororidad de Alejandra Araiza, los sueños compartidos con María Elena Torres. Y si quiero confirmar lo que es una amistad de verdad basta dar unos pasos para encontrarme con Araceli Jiménez o Lilia Zavala. Subir muchos escalones y sentir el cálido abrazo de Silvia Mendoza o Karina Pizarro. Caminar por los pasillos y bailar con Alina Peniche, palpar el noble rigor de Martha Vanesa. Aires de perdón y solidaridad, pueden sentirse cerquita. Confirmo el talento de Ana Lilia Maturano, la ternura de Tania Zavala, un “yes” de Miss Xenia, el ejemplo de Hermila Galindo recuperado por la doctora Valles, el cariño de Karla Rentería.
Otra vez, empieza otro semestre, y cuando te sientes bien acompañada sabes que esta vez el ambiente garza dibujará sonrisas y horas gozosas para compartir. Que el ambiente garza hace latir a nuestra querida universidad más viva que nunca.

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