La dimisión de Luis Videgaray Caso, consecuencia de una decisión tomada al calor de una crisis de credibilidad, sin consultar al equipo del primer círculo y por encima de una opinión contraria de quien sufriría los estragos de la resaca, sin haber consumido una gota del vino con el que nunca se brindó, lo festinó ayer Donald Trump y consideró algo así como un éxito personal en campaña la resultante de su affaire con Enrique Peña Nieto.
En este escenario vale recordar aquella entrevista, al arranque de su administración, en la que Enrique Peña Nieto sostuvo que el presidente de la República no tiene amigos, una declaración que nadie creyó. Nadie porque para ese momento los amigos y cómplices del presidente Peña Nieto se instalaban en las principales oficinas del control político, económico y social.
El debutante jefe del Ejecutivo federal mexicano, entonces, pecaba de fanfarronería porque estaban recientes las consecuencias de la administración de Felipe Calderón Hinojosa con un gobierno de amigos, amigotes, compadres y cómplices que hicieron fortunas e implantaron, incluso, el cobro del moche de 30 por ciento de participación por obra, concesión, adquisición de avituallamiento o lo que usted quiera que compraba el gobierno a una pléyade abastecedora que no tuvo empacho en, incluso, hacer socios a funcionarios públicos en empresas proveedoras del sector público federal.
Pero bueno, ¿por qué no dar el beneficio de la duda a Peña Nieto? El exgobernador mexiquense presumía de cumplir su palabra porque lo que ofrecía y comprometía lo firmaba. Su carisma y la enorme propaganda mediática desplegada en los principales medios de comunicación, con acicate millonario en los electrónicos y especialmente en Televisa, posibilitó un triunfo en las urnas que desarmó a Andrés Manuel López Obrador.
¿Sin amigos? En la Secretaría de Gobernación, el amigo que hizo y con quien arrancó el proyecto transexenal cuando gobernador del Estado de México, designó a Miguel Ángel Osorio Chong, que fue gobernador del estado de Hidalgo y que le acercó a la invaluable maestra Elba Esther Gordillo, para esos días ya expriista que acudió a su último Informe de Gobierno y se instaló en la primera fila con sus enemigos irreconciliables: Manlio Fabio Beltrones Rivera y Beatriz Paredes Rangel.
¿Sin amigos? En la poderosa Secretaría de Hacienda designó a su amigo entrañable, excolaborador suyo, incluso, en el gobierno mexiquense y que arrastraba la fama de experto en finanzas, tanto que fue operador, como diputado federal, de la negociación presupuestal en la Cámara de Diputados. Dibujado su futuro como presidenciable, amigo del alma que repetiría la fórmula de José López Portillo, quien salió de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para rendir protestar como candidato del PRI a la presidencia de la República.
¿Sin amigos? Ayer por la tarde, Miguel Ángel Osorio Chong, por instrucciones del presidente Enrique Peña Nieto dio posesión a Luis Enrique Miranda Nava como titular de la poderosísima e influyente Secretaría de Desarrollo Social.
Este es el gran amigo que puede perfilarse a la candidatura del PRI a la presidencia de la República, una vez que su antecesor, José Antonio Meade Kuribreña desaparece del escenario que se construía en esas giras en las que es fácil repartir lo ajeno entre los pobres, el proletariado y el lumpen proletariado que vive en zonas miserables y nunca olvida al que le acercó ayuda, así haya sido con el fin electorero.
¿Otros amigos del presidente? Los hay en otras dependencias; los hay que no lo son pero lo presumen, aunque al amanecer del 2 de diciembre de 2018 negarán cualquier nexo y pondrá tierra de por medio para que no los alcance el brazo justiciero de quien, sea quien sea, al rendir protesta como presidente de la República reiterará la oferta de campaña de meter a prisión a los pillastres sexenales.
Pero, en calidad de mientras, no hay que olvidar la máxima en la praxis política de que se engaña con la verdad. No, no hay que descartar a Luis Videgaray de esta carrera por la presidencia de la República, se fue, junto con Manlio Fabio Beltrones Rivera, a la Renata (Reserva Nacional de Talentos). ¿Alguien lo duda?
El primero es el amigo-amigo de Peña Nieto; el segundo tiene la palabra empeñada del entonces aspirante a la nominación presidencial priista de que luego sería su turno. Así me lo contaron y nadie lo ha desmentido; ni siquiera Emilio Gamboa Patrón, a quien se le garantizó su futuro político y se le ha cumplido, junto con Beatriz Paredes Rangel.
Trump festina un pírrico triunfo que lo evidencia mentiroso, parlanchín y ausente de la estatura de estadista. Pero lo que importa en México es este golpe de timón que atiza esperanza de mejorar el clima económico, político y social, así sea con los amigos y cómplices. Por cierto, Luis Enrique, te urge un asesor de imagen. Digo.

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