En su novela ¿Qué hacer?, Vladimir Ilich Lenin definió el carácter revolucionario de los bolcheviques del partido obrero ruso. Ahí se lee: “La ingenuidad política basta para hacer de una persona un demagogo… no hay nada más fácil que arrastrar demagógicamente a una multitud”. Toda lucha económica debe ser al mismo tiempo, ideológica y política. Para transformar la sociedad debe haber una lucha en todos los frentes. Cuando se segmenta, se cava su fracaso.

Y sí, cuando un régimen ha sido instalado mediante el voto, cuando se ha elegido constitucionalmente a un gobierno para resolver las necesidades imperiosas del Estado y del pueblo, el aparato no puede vulgarizar la política o atribuir a este todos los errores o procedimientos para salir del paso. El gobierno se elige para gobernar, no para disimular.

Resultado: exactamente lo contrario a lo ofrecido Los argumentos banales que ofrece la política a los opositores o a los contestatarios de cualquier régimen o gobierno están vedados para servir de pretexto o justificación a un gobierno ya constituido que no sabe qué hacer. Recurrir a ellos, es el mejor ejemplo para reconocer que se fracasa en la idea de país, en el programa de gobierno, en la comprensión del Estado y en la ubicación en el mundo.

Lo que es válido para un alborotador o para un promotor de inconformes, lo que es válido para sumar adeptos o fanáticos, para sumar militantes, nunca será efectivo para rendir cuentas a un país desastrado por las mismas conductas que se prometieron erradicar.

Es muy común que en política salga más caro el caldo que las albóndigas. Lo vemos claramente en nuestros días. Ofrecer como resultado de una visita internacional inopinada lo contrario de lo que se ha ofrecido es un despropósito de cabo a rabo, como se le quiera analizar.

Así como no convencen los argumentos falaces sobre la firma de un Tratado que data del, hasta hace unos días, odiado neoliberalismo salinista y peñanietista, así como no cuadra sentar a la mesa del nuevo Miramar imperial a una comitiva empresarial sacada de esas catacumbas, nada convence de los éxitos obtenidos.

Lozoya y Duarte exculparán a los verdaderos culpables La aprehensión de César Duarte –como concesión al PAN, no a AMLO–, la entrega piadosa de Emilio Lozoya y las estratagemas aportadas para relatar una “nueva verdad histórica” para la masacre de Ayotzinapa apuntan en la misma dirección: vulgarizar la política, mediatizar los procedimientos manidos, sonorizar las estridencias mediáticas con el fin de cubrir todos los errores.

No nos hagamos bolas. Las comparecencias de Lozoya y de Duarte ante lo que queda de justicia solo servirán para exculpar a los verdaderos responsables de la corrupción nacional. Las indagatorias sobre Ayotzinapa, mientras no se reconozca la participación militar en el asunto, no llevarán a ninguna parte. Solo son argucias electorales para capear el 2021 y la elección intermedia.

Ahora, a aguantar los guajolotazos de los demócratas ¿De verdad es lo mejor que tiene este país para enfrentar la peor crisis de este siglo, provocada por los mismos que proponen el menú? ¿Se necesitan los mismos beneficiarios de este desmadre para ser los salvadores del momento? ¿En serio lo que tapa destapa? ¿Se necesita recibir en pleno rostro el sopapo del candidato que hasta ahora se perfila como el ganador, Joe Biden, para poder recapacitar en la cima de esta montaña rusa de locura y frivolidad? ¿Era necesario aguantar los guajolotazos de los demócratas para venir al rancho grande a afirmar que ahora es cuando vamos requetebién? ‎¿Un par de ladronzuelos mandados, más una investigación trunca y desaseada son suficientes para contentar a la raza? Porque han sido productos demasiado caros que fortalecen los argumentos de la lucha panista contra la corrupción, aparte de que no fortalecen al partido –o lo que sea Morena– en el poder.

Y siguen las violaciones a todas las normas de licitaciones Las mismas conductas que hoy se pretenden castigar son las mismas que voltean el chirrión por el palito.

Indudablemente tendrán que ser castigadas por el mismo ánimo de venganza en un futuro inmediato por los hoy adversarios del régimen.

Tiene más impacto en la opinión pública enterarse de que en el remate de ‎chatarra del cancelado Aeropuerto de Texcoco se ceban los zopilotes encargados para subastar a su antojo, violando todas las normas de las licitaciones.

Allá y acá los migrantes son reprimidos solo por trabajar El representante formal de un país no tiene autoridad moral para halagar al gobierno extraño por defender las privaciones y represiones que denunció el consejo supremo de los migrantes allá. Mucho menos cuando estos con su esfuerzo y sus remesas magníficas han paliado el hambre de una gran franja de población necesitada y al filo del exterminio.

Los migrantes mexicanos, los mismos que han demostrado con datos duros ser los sostenes del sistema agroalimentario estadunidense y para colmo, las principales industrias básicas para su rostro internacional. Esos que allá y acá han sido reprimidos por querer ejercer su derecho humano al trabajo.

Los que han sido golpeados por las macanas de la border patrol y los máuseres de la Guardia Nacional, a petición expresa del psicótico anaranjado. Es lo malo de querer ser candidato eternamente, de no denigrar su papel de jefe de Estado y de gobierno. De comandante supremo de las Fuerzas Armadas de mar, aire y tierra.

Volvió a revolcar la banda presidencial, como un tiliche Comparar a Trump con Washington, Lincoln, Juárez y Roosevelt fue mucho más de lo que se le pidió al caudillo en la Casa Blanca. Es falso que, como dice Porfirio Muñoz Ledo, se haya vuelto a poner la banda presidencial para dignificarla. Los apetitos de reelección anticipada lo han vuelto a poner contra la pared de la opinión pública.

Ha vuelto a revolcar la banda como un tiliche. Y junto con ella, ha comprometido para muchísimos años, para efectos transexenales, el poco margen de maniobra comercial que pudiera ofrecer Estados Unidos cuando venza su propia crisis, que hoy no ofrece alternativa viable para nuestro país, aunque los zafios tengan “otros datos”.

Y sí, cualquier polko de medio pelo se hubiera avergonzado de pronunciar esos elogios desmedidos en favor del mayor enemigo de los migrantes mexicanos. Y definitivamente, no. Ninguna habilidad diplomática y mediática sirve para que esa mona pueda vestirse de seda.

Usa la memoria juarista lo mismo para un barrido o un trapeado Los cuatroteros son como esas aves que se manchan antes de llegar a cualquier pantano.

¿Qué necesidad había de habilitar a un grupo de migrantes caribeños para lanzarle porras manipuladas desde el poder al impugnado mexicano? ¿Qué necesidad tiene la memoria juarista de servirle al caudillo lo mismo para un barrido que para un trapeado? Ha sido ya suficiente para la dignidad de este país.

¿No cree usted? Índice Flamígero: “Lo central debe ser frenar, detener el odio promovido por la propaganda contra los migrantes. Que se revierta con argumentos el absurdo de la superioridad racial. Que no avance ni en las provincias ni en las grandes ciudades de Estados Unidos, en los corazones de los hombres nobles y trabajadores de este pueblo, la fobia en contra de nuestros paisanos y de los extranjeros en general”, expuso el entonces presidente del CEN de Morena Andrés Manuel López Obrador al presentar en Los Angeles Theatre Center su libro ¡Oye Trump!, muy probablemente pergeñado por otro de los intelectuales orgánicos de la 4T Pedro Miguel quien como muchos debe estar decepcionado por la visita de AMLO, la semana pasada, a la Casa Blanca.

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