AMLO: en la oscuridad, un intenso brillo de esperanza

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“Los agujeros negros no son tan negros como los pintan.
No son las cárceles eternas que se pensaban eran.
De un agujero negro pueden salir cosas, hacia el exterior y,
posiblemente, hacia otro universo.
Así que, si sientes que estás en un agujero negro,
no te rindas; hay una salida.”
Stephen Hawking

A Gabriela Mejía, por su pronta liberación

Sin pretender exagerar, pero con la emoción que aún me embarga, considero que el triunfo de Andrés Manuel López Obrador anuncia algo muy especial: la posibilidad de empezar a tocar (o rozar) los talones de aquella utopía expresada mediante una frase imprecisa, ambigua quizás por lo amplia y compleja, pero con un enorme sentido humanista: tener un mundo mejor; un mundo sin desigualdades sociales, sin personas sumidas en la extrema pobreza, sin discriminación.

Es un intenso brillo de esperanza que nos iluminó el primer día del mes de julio de 2018; fecha histórica ya, porque la voluntad popular fue respetada y la amenazante sombra del fraude se desvaneció.

Todo pareciera indicar que para llegar a este momento tuvimos que esperar a que se cumpliera esa sentencia popular que dicta “tocar fondo” para que por fin se decidieran millones de personas, de manera firme y segura, detener un pronóstico lleno de fatalidades.

Me pregunto, sin embargo, si fue necesario esperar y experimentar o atestiguar –con impotencia– todo ese cúmulo de atrocidades que por cotidianas e inacabables se fueron convirtiendo en una normalidad: miles de personas asesinadas, miles de personas desaparecidas, millones de personas sumidas en la pobreza, enriquecimientos ilícitos, robos de los erarios públicos federal y estatales…

Y solo observar cómo ese sistema de política neoliberal, de capitalismo salvaje, caracterizado por un tipo de corrupción e impunidad lacerantes, nos estaba llevando a un callejón sin salida, a un agujero negro.

Es seguro que suene ilusoria, ingenua, naif –dirían algunas personas– pero… por ahora me posiciono desde este lugar y desde mi indignación ante todos esos hechos que empañaron de una manera inimaginable y atroz al país. Pero también, porque mantengo mi confianza en AMLO y su equipo de colaboradores y colaboradoras. Y porque también creo, como dicen que propuso Hawking, hay salida incluso de un agujero negro.

Me llama la atención que aún a varios meses de que este singular personaje de la historia política reciente de México (hipercriticado, hiperatacado), tome las riendas del país, ya empiezan a surgir exigencias ante problemas presentes o que se están presentando, exonerando la responsabilidad que aún tiene el mandatario en funciones.

Hay quienes dudan de que cumpla sus promesas de campaña y quienes cuestionan, inclusive, la autenticidad de su triunfo debido al reconocimiento expresado, después del cierre de las casillas, por sus dos adversarios en cuanto que la votación no les favorecía y, luego, el reconocimiento del propio mandatario federal. También hay quienes aún repiten sin cuestionar su intencionalidad (ya no digamos sin conocer su significado), los apelativos que se le atribuyeron para descalificarlo a él y a su propuesta política.
Considero que un lugar especial merecen quienes votaron en los estados con altos índices de violencia, de acoso, asedio y miedo hacia el PRI a lo que pudiera hacerles (despedirlos del trabajo, retirarles los recursos de los programas sociales, fincarles delitos) o temiendo cosas peores, dieron muestras de valentía, de heroicidad, porque, pese a ese temor e incertidumbre, la gran mayoría acudió o pudo acudir a las casillas. ¡Hicieron historia!
En fin, estoy convencida, al igual que millones de personas, de que viene un cambio; un cambio significativo para todos y todas, y que tenemos la gran posibilidad de hacer un mundo mejor.

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