El 19 de junio pasado fue la última visita a Hidalgo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como candidato del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) a la presidencia de la República; mañana, después de poco más de tres meses, regresa a la entidad ahora en su calidad de presidente electo en el marco de su gira de agradecimiento a los millones de ciudadanos que votaron por él, dándole la oportunidad de encabezar la cuarta transformación.

Sin duda, muchas son las cosas que han cambiado en la entidad durante ese tiempo: el Partido Revolucionario Institucional (PRI) perdió 17 de las 18 diputaciones locales, perdió las dos senadurías, perdió las siete diputaciones federales y perdió la presidencia de la República, pero lo único que no ha cambiado es el empecinamiento del gobierno estatal de aceptar la alternancia política en el Congreso de Hidalgo.

El gobierno estatal, aunque lo niegue a los cuatro vientos, intervino en los asuntos internos del Poder Legislativo cuando instruyó a la mayoría priista de la anterior legislatura, la 63, modificar mediante un “albazo” la Ley Orgánica del Congreso local para tratar de “agandallarse” el control de la junta de gobierno –la cual debería presidir Morena por haber ganado la mayoría de las diputaciones (17 de 18 en juego)–, desconociendo el mandato mayoritario de los hidalguenses en las urnas: no más dominio del PRI en la Cámara de Diputados local.

Actualmente, en el Congreso estatal existe una indefinición sobre si Morena o el PRI preside la junta de gobierno, la cual debería corresponder claramente a los diputados del partido de AMLO por decisión mayoritaria de los electores hidalguenses, sin embargo, los priistas afirman que les corresponde porque así lo dispone la norma que ellos aprobaron en la última sesión ordinaria de la anterior legislatura, mediante una “chicanada”.

Este es el escenario político que se encontrará el presidente electo cuando arribe mañana a Hidalgo, y seguramente será uno de los asuntos que habrá de tratar con el titular del Poder Ejecutivo durante la reunión que sostendrán horas antes de la masiva concentración, que encabezará a partir de las 16 horas en la explanada de la plaza Juárez.

Llama la atención el encaprichamiento del gobierno estatal en aceptar la decisión mayoritaria de los hidalguenses expresada en las urnas el primero de julio pasado, seguramente porque hay muchos asuntos inconfesables en el manejo del Presupuesto de Egresos o porque está obstinado en demostrar, a lo que queda del priismo, que es capaz de “doblar” a Morena y al próximo presidente electo de México.

Quizá el gobierno estatal no comprende que Morena tiene la mayoría en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión y que corresponde a los legisladores morenistas decidir la aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación de 2019, el cual incluye las partidas asignadas para el estado de Hidalgo.

A lo mejor no ha dimensionado que los diputados federales de Morena no serán tan obsequiosos para con su gobierno en materia financiera de continuar con su obsesión de desconocer la mayoría de Morena en el Congreso de Hidalgo, así como el mandato de los electores en las pasadas elecciones federales y locales.

Los ciudadanos han sido testigos del “agandalle” del PRI-gobierno, de que mediante argucias legislativas pretende “robarse” la decisión de los votos de los electores hidalguenses y seguramente habrá una respuesta del Tigre, es decir, de la gente que en los pasados comicios votó por un cambio, votó por jubilar al PRI en el poder, votó contra la corrupción cínica de los gobernadores y altos funcionarios tricolores que han hundido a México en un profundo y peligroso endeudamiento.

Tengo la certeza de que muchas cosas van a cambiar el primero de diciembre próximo, cuando Andrés Manuel López Obrador asuma oficialmente la presidencia de la República y tome el control del poder, sin embargo, en Hidalgo el cambio debe surgir de los ciudadanos, quienes tienen el poder de exigirle al gobierno estatal que acepte la decisión mayoritaria de los electores y deje de injerir en los asuntos internos del Poder Legislativo para dar paso pleno a la alternancia política en el Congreso después de más de 80 años de hegemonía tricolor.

Seguramente después de la visita del presidente electo habrá un nuevo panorama político en Hidalgo, ya que el empecinamiento del gobierno estatal le puede salir muy caro a la larga si no acepta que las cosas han cambiado en México y en la entidad a partir del primero de julio pasado, y que no puede perpetuarse el virreinato del que gozaron por más de 80 años sin rendir cuenta a nadie de los abusos que cometieron con el presupuesto público en beneficio de unos cuantos y en perjuicio de la mayoría de los ciudadanos.

Si las cosas estuvieran bien en el estado, como lo presume el gobierno estatal en las redes sociales y en los medios de comunicación que tiene de su lado, no habría hechos violentos como el linchamiento en Metepec, con un saldo de una persona muerta; no habría funcionarios involucrados y detenidos por huachicoleo; no habría aumento de asesinatos, como ha ocurrido en los últimos meses.

Pero la realidad es que las cosas no están bien en Hidalgo, que ha habido un abuso con el ejercicio de los dineros públicos, dando lugar al surgimiento de nuevos ricos, a la opulencia de una burocracia dorada, esa que hoy se aferra a aceptar el mandato mayoritario de los hidalguenses: alternancia política en el Poder Legislativo para que sea un contrapeso real del gobierno del estado.

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