El primero de diciembre pasado Andrés Manuel López Obrador (AMLO) tomó protesta como presidente constitucional de México bajo condiciones sumamente diferentes a las de otros mandatarios en el pasado. Hace 12 y seis años, miles de ciudadanos protestaban por el ascenso de los presidentes Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto, respectivamente, por lo que los discursos fueron reservados a espacios blindados hasta los dientes para evitar ser interrumpidos por la indignación de miles de mexicanos que señalaban abiertamente un fraude electoral.

Por el contrario, en esta ocasión los mensajes emitidos por AMLO en la ceremonia constitucional en el Palacio Legislativo de San Lázaro y la inédita entrega del bastón de mando que recibió de los 68 pueblos originarios, ofrecen varios elementos de análisis que no se pueden dejar pasar desapercibidos, porque marcarán la agenda pública de este modo de gobernar durante los siguientes seis años y serán el parteaguas de un nuevo pacto entre la ciudadanía con el poder político y el replantamiento de la relación entre las fuerzas del mercado y el Estado mexicano. A continuación, esbozamos algunas ideas sobre los primeros discursos del presidente constitucional de México y su visión de nación.

Las dos intervenciones públicas de mayor relevancia que tuvo AMLO el sábado pasado estuvieron perfectamente sincronizadas, ambas deben de leerse como continuidad discursiva (pronacionalistas) del asentamiento de su plataforma gubernamental y las medidas que implementará de manera inmediata.

AMLO está en campaña permanente

En el acto protocolario del Palacio Legislativo, AMLO dio una cátedra sobre la historia del desmantelamiento de las instituciones mexicanas por parte de la “dupla maldita” compuesta por las políticas neoliberales y sus brazos ejecutores encarnados en los políticos corruptos. Entonces, en ese planteamiento el nuevo mandatario manifestó que no puede haber desarrollo nacional sin la depuración de la vida pública nacional y de las instituciones capturadas mafiosamente por unos cuantos. Por ello, según el mandatario, las medidas de austeridad repúblicana permitirán eficientar el gasto y romper con el círculo vicioso de corrupción y presupuesto público.

Por otra parte, en los 100 puntos de gobierno presentados a la nación pareciera que el espíritu de John Maynard Keynes (1883-1946) hubiera intervenido en al menos 60 por ciento del discurso del nuevo mandatario. Gran parte de las medidas presentadas por el nuevo presidente evocan los principios de la política económica keynesiana, que propugna por una mayor intervención gubernamental en la economía y la búsqueda del disciplinamiento de los mercados y de las inversiones extranjeras, muy al contrario de los principios liberales propuestos por Friedrich Hayek (1899-1992), defensor a ultranza del liberalismo económico. Sin duda, ese nuevo diálogo con el capital nacional e internacional, junto con la seguridad, serán el talón de Aquiles del nuevo mandatario.

Se debe de reconocer que en el segundo evento masivo del sábado pasado se envió un mensaje emocional a los ciudadanos, ya que utilizó simbolismos culturales de la mexicanidad, representados en los usos y costumbres de los pueblos indígenas que le acompañaron. Cada acto allí presentado hace parte de la construcción de la imagen del presidente que recién toma funciones. AMLO está en campaña permanente, porque se ha dado cuenta de que la formación de opinión pública a su favor durante estos años se gestó en los sentimientos identitarios de los mexicanos y los hartazgos sobre el poder político tradicional. No hay ninguna casualidad cuando dice “yo me hinco donde se hinque el pueblo” y, además, las reiteradas consignas contra la “mafia del poder” son parte de la gran estrategia de comunicación y la creación de legitimidad que le servirá durante todo su sexenio para aplicar su proyecto de nación.

AMLO es un excelente comunicador que le ha permitido ganar la voluntad de millones de mexicanos, pero el reto que se avecina es crear la estrategia de equilibrio que evite caer en el populismo generado por un sistema de ciudadanías clientelares que estará acostumbrada a recibir apoyos sin comprender que el desarrollo individual en gran parte también depende de la propia voluntad del individuo.

Finalmente, si el presidente pretende que los programas de redistribución de la riqueza sean sostenibles en el largo plazo, deberá de asegurarse la creación de la riqueza nacional, porque no se puede repartir nada sin antes crearlo, por ello, el nuevo desarrollo endógeno que plantea deberá de apuntar a la implementación de la ciencia y la tecnología en los procesos productivos, solo así podremos ser más competitivos y aspirar al desarrollo que tanto anhelamos. ¡Mucha suerte presidente!

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