Ana Arriaga, la eskrimista que rompe paradigmas

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Pachuca

En un terreno donde la incursión femenina aún es escasa, la artemarcialista logró ser campeona mundial en Filipinas y sentar un precedente en el deporte mexicano

“Practicar un arte marcial te hace sentir poderosa”. Y a ella la hizo campeona mundial. Ana Arriaga tiene 27 años y desde hace más de una década se introdujo en este tipo de disciplina con el lima lama y posteriormente incursionó en kali eskrima, deporte en el que se consagró monarca en Filipinas e hizo historia al convertirse en la primera mexicana en competir en el Campeonato Mundial.

La artemarcialista, quien es licenciada en administración por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y actualmente estudia la maestría en ingeniería económica y financiera en La Salle, está convencida en que uno de los pasos importantes que deben dar las mujeres para lograr la equidad es atreverse a hacer algo que “socialmente” no está destinado al género femenino.

“Incursionar en estas actividades que ‘no son para mujeres’ dará paso a la equidad de género. Que se den la oportunidad de intentarlo, hay muchos estilos (de artes marciales), que lo vean como una inversión hacia su salud física y mental, (practicar un deporte) te da autoconfianza.”

Con 16 años, Ana tuvo su primer acercamiento en el lima lama, disciplina en la que llegó a cinturón negro y llegó al primer lugar del ranking en full contact, lo que le dio el derecho de pelear por el título nacional; en la final fue segunda y después de ello se inclinó hacia la práctica del kali eskrima.

Este es un deporte que le apasiona

Demasiado rudo, consideran algunos, pero ella rebate esa observación. “Ser la primera en ir al otro lado del mundo a pelear en ese sistema fue una motivación muy grande y al mismo tiempo me generó una responsabilidad para decirle a las mujeres que sí se puede”, dice.

El arte marcial filipino es una disciplina que emplea bastones de madera que en combate se utilizan para golpear al adversario. Los moretones en el cuerpo de Ana después del Mundial dieron fe de que practicarlo no es cosa de juego.

Pese al paradigma y todo lo que conlleva ser un artemarcialista de alto rendimiento, Ana siempre recibió el apoyo de sus padres. Su madre fue la primera en apoyarla, aunque no le gustara la disciplina, y su padre fue el impulsor de que si quería hacer algo, lo hiciera, “nunca me dijo ‘eso no porque no es para niñas’”.

Cuando incursionó en el kali eskrima conoció a Eduardo Palomares, instructor y deportista, quien le contagió las ganas de ir algún día al Campeonato Mundial, de Filipinas. Primero lo vio como un sueño, pero después se dio cuenta que tenía potencial, comenzó a ahorrar y este año logró esa meta.

Para conseguir el oro, las dos platas y dos bronces en el Mundial Ana tuvo que reacomodar su ritmo de vida, combinar su trabajo y sus estudios con sus entrenamientos. Seis meses antes de la competencia su jornada se resumió en entrenar, trabajar, hacer tarea, comer, ir a la escuela.

“La monotonía a veces te lleva a esos grandes eventos; la disciplina, la repetición, la constancia te conduce a lo que eres, y eso muchas veces no se ve, pero es lo más importante.”

Tras regresar de Filipinas, donde se ganó el mote de The Machine, la deportista se toma su tiempo para sanar físicamente y aprovechar el tiempo con su familia y su novio, que también es practicante de la disciplina, aunque no deja los entrenamientos.

Habla de su futuro profesional

Actualmente labora en el Inegi y uno de sus grandes proyectos es realizar trabajos en el área agrícola.

“Me gusta el trabajo de campo, quiero algo que le ayude a ese sector, ahora ya nadie quiere ser agricultor”, comenta.

Y hay una cosa más que esta

atleta elite y estudiante de excelencia académica tiene más clara todavía, y eso es que practicará deporte toda su vida.

“No me imagino sin las artes marciales, duré un mes sin ellas y volví, se vuelve una necesidad. Lo único que sé es que voy a seguir entrenando a los 70 u 80 años.”

“Aprender artes marciales, en el caso de las mujeres, te genera seguridad, independencia, autosuficiencia. Es importante que haya más mujeres que las practiquen para que se rompa ese paradigma en los deportes”

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