Anaya: ¡La parálisis es mental, es tu egoísmo!

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A la luz del que pareciera o se siente como un peligroso futuro, el aumento de precios de los alimentos y la intensificación
de los disturbios sociales en todo el mundo, deja en claro que un nuevo paradigma es necesario, uno que se adapte al nuevo mundo, el mundo aún más interconectado del siglo XXI. El nuevo paradigma debe tener en cuenta la naturaleza integral e interdependiente del mundo actual, en lugar del concepto obsoleto de que el egoísmo del hombre, en última instancia, llevará a un mayor bien común; hay una necesidad de percibir la humanidad como una entidad compleja, cuyos elementos son interdependientes. Por otra parte, la tasa a la cual la crisis se extiende y aumenta, indica que la ventana de oportunidades frente a nosotros se nos está cerrando. Estamos viviendo en tiempo contado y, por lo tanto, deberíamos acelerar nuestros pasos hacia la transformación. La única pregunta es ¿qué tipo de transformación debería ser esa? Existen muchas posibles descripciones, de entre ellas se puede encontrar algo cercano, comprensible y posible, como en las palabras del aquel director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Pascal Lamy, “el verdadero desafío de hoy es cambiar nuestra forma de pensar, no solo nuestros sistemas, instituciones o políticas. Necesitamos la imaginación para captar la promesa y el inmenso desafío del mundo interconectado que hemos creado. El futuro dará lugar a más globalización, no a menos. Una mayor cooperación, una mayor interacción entre pueblos y culturas, un intercambio mayor de las responsabilidades e intereses”. En sus palabras finales, Lamy se predijo que “el futuro dará lugar a más globalización, no a menos, una mayor cooperación, una mayor interacción entre pueblos y culturas, y el intercambio aún mayor de las responsabilidades e intereses. Se trata de ‘la unidad en nuestra global diversidad’. Lo que necesitamos hoy en día”. Poner las palabras en acción. El nuevo mundo está empujando a la gente a estar más cerca, obligándonos a cuidarnos unos a otros en una manera verdaderamente solidaria y a repensar la agresiva competencia y el consumismo excesivo. Nos está conduciendo, con patadas y gritos, a estar en armonía con las leyes del sistema global integral. Para adaptarnos a este mundo global, integral, nosotros tendremos que estudiar cómo es que este funciona, cómo todos los elementos están conectados en la industria, en la banca y en los sistemas de gobierno. Por lo tanto, la clave del éxito radica en el propio sistema de educación que informará a la sociedad sobre la naturaleza del mundo de hoy. Este nuevo programa de educación no solo informará, sino también nos ayudará en la práctica de nuevos códigos de comunicación y relaciones humanas, lo que nos educará sobre cómo debemos construir nuestras relaciones sociales para sobrevivir en un mundo interconectado. Como señaló Lamy, la continua evolución de la humanidad hacia la globalización y la integración es una certeza. Si aprendemos cómo ajustar nuestras interrelaciones y la economía a la nueva realidad, podemos lograr la armonía, la forma de hacer política en los acuerdos, no en las diferencias de interés personal y el equilibrio con las leyes del nuevo reto. Este nuevo equilibrio requerirá de una garantía mutua (cada persona garantiza el bienestar de los demás), la solidaridad social, la educación realmente libre para todos, repensar el uso de los recursos naturales, y la armonía en la economía mundial. Tanto como permanezcamos en nuestra percepción actual del mundo, nuestra comprensión de la esencia del cambio, en virtud del cual el mundo se va formando un nuevo y obligatorio balance socio-económico-ecológico, no vamos a saber cómo operar correctamente. Solamente si nos reeducamos y aprendemos acerca de la nueva realidad, entenderemos sus causas y la naturaleza del cambio que se requiere de nosotros. Solo a través de la educación, la política de altura de miras, es que comprenderemos que tenemos que superar los elementos que nos separan en todos los niveles y que debemos unirnos en lazos de garantía muta. Cuando logremos esto, descubriremos que la nueva realidad es también una oportunidad gigante. La transformación del pensamiento es la clave de nuestro éxito y de la prosperidad mundial. Y sin esta crisis mundial, nunca consideraríamos esta transformación como algo deseable o incluso viable. Esto creo que deberíamos tomarlo en cuenta y así sabríamos, al menos, cuál es el sentido de este gran cambio de forma de entender las cosas y ¿para qué?

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Asesor especialista en políticas públicas de alta injerencia social, licenciado en derecho por la UNAM, maestro en tecnologías de la información con carácter social, productor y director de cine (cortometrajes y películas independientes) y de televisión (documentales y comerciales). Cambridge English: Proficiency.