Andorra es un paraíso fiscal, a pesar de los esfuerzos de sus gobernantes por adaptarse a las legislaciones que tratan de evitar ese calificativo. El término “paraíso fiscal” proviene de una traducción, al parecer, errónea –dice Cristina Jácome, de la palabra anglosajona tax heaven, que significa “refugio o puerto fiscal”.

Ese término se contrapone, sigue diciendo Jácome, a su contraparte “infierno fiscal”. A pie de página dice que se refiere a la comparación que se hace del hombre de negocios con el marino, que avanza ante las tempestades que significan las legislaciones fiscales (controles e impuestos a la riqueza) y que, finalmente, llega a un puerto o paraíso fiscal donde al fin “puede descansar”. Información tomada de: (https://ruc.udc.es/dspace/bitstream/handle/2183/21055/JacomeAlonso_CristinaIsabel_TFG_2018.pdf?sequence=2&isAllowed=y).

Actualmente, Andorra es un estado independiente, bajo el régimen de un principado. Se ubica entre las fronteras de Francia y España. Durante siglos fue parte de una disputa entre ambas naciones, o mejor dicho, entre principados y obispos que deseaban ejercer su mandato sobre su territorio. Actualmente, cuenta con aproximadamente 90 mil habitantes, como producto del ascenso que ha tenido a partir de la década de 1960 en que poco a poco fue consolidándose como un paraíso fiscal.

En términos de importancia financiera, es semejante a su pequeño espacio territorial con que cuenta, ya que representa menos del 0.

1 por ciento con respecto a los eufemísticamente llamados sistemas financieros extraterritoriales. Su importancia radica en la manera en que maneja el secreto bancario. Ese principio tiene como propósito ubicar a la entidad andorrana en el mercado de capitales y competir en ese escenario para lograr atraerlos a su territorio. El secreto bancario otorga una serie de facilidades a los inversionistas que no encuentran por lo general en la banca comercial.

La entidad encargada de calificar la opacidad de esos sistemas financieros es Financial Secrey Index, la cual ubica a Andorra en el lugar 66, aunque para ello se toma en cuenta la dimensión financiero-territorial de las entidades. Las leyes que se han emitido en esa entidad para paliar el tema de la opacidad no han logrado revertirlo, asevera Jácome.

La principal característica de los paraísos fiscales es el establecimiento de un régimen fiscal dirigido a no residentes de su territorio. Asimismo, existe una cierta opacidad que tiende a favorecer conductas poco éticas o de plano ilícitas entre ellas, evitar cualquier regulación fiscal sobre la riqueza. Se trata, dice la autora del trabajo aquí citado, de una práctica que viene de lejos, pero que se ha incrementado en las últimas décadas en que el fluido de capitales se ha convertido en una norma mundial de la mano de la globalización. Su antecedente se encuentra en la banca norteamericana, suiza e inglesa, los Países Bajos y hasta en algunas colonias, como fórmula para atraer capitales.

Aunque los paraísos fiscales no son, necesariamente, sinónimo de ilegalidad, se fortalecen con la globalización, surgen de la mano de las principales empresas mundiales que han impuesto en el mundo la anulación de los controles financieros, porque también controlan la inversión financiera y empresarial. Pero como la globalización viene acompañada del impulso al comercio de armas, corrupción gubernamental y empresarial, drogas, el crimen, con el fin de debilitar la resistencia de la sociedad a ese tipo de proyectos, esos paraísos fiscales se convirtieron en lugares privilegiados para el blanqueo de dinero. Esos paraísos concentran el 25 por ciento del PIB mundial.

Por el volumen que representan los paraísos financieros (25 por ciento del PIB mundial), representan un impacto muy importante, porque debilitan la función del Estado, porque erosiona la base impositiva y se pierde el objeto de su actividad fiscal, como lo apunta Jácome.

Pero eso no es todo, al trasladar el dinero a otra entidad por fuera del país donde se acumula cierto capital, se debilita la estructura financiera de la nación. Aquí opera o se confirma la frase de que el capital no tiene fronteras.

Si el Estado no cuenta con recursos qué gravar, eso impacta en las políticas sociales. Menos recursos, menos posibilidades de incrementar la hacienda municipal, estatal o federal. Asimismo, se crea un ambiente contrario a la cultura hacendaria, porque se da la idea de que es mejor un paraíso fiscal dado, que lo otro es una especie de imposición, sin considerar la prestación de los servicios. De esa manera se afecta el empleo y la prestación de servicios como la salud y la educación (Juan Hernández, 2005). El trasfondo de los paraísos fiscales. Akal. Recuperado en: http://www.pensamientocritico.org/juaher0110.pdf).

Se daña la actividad empresarial debido a que en lugar de priorizar la inversión productiva, el dinero se canaliza hacia lugares de fácil resguardo. En esos lugares, con el fin de competir con otras naciones que igual cuentan con paraísos fiscales, se otorga lo que llama “secreto bancario”, que no es otra cosa que una especie de protección al inversionista. No se investiga el origen de la fortuna que se invierte en los paraísos fiscales, por lo que eso permite que esos lugares se conviertan en vías por las que se constituyen empresas que de la noche a la mañana desaparecen, sin dejar huella.

Poco a poco Andorra ha tenido que adoptar medidas de transparencia impuestos por el mundo financiero de la Comunidad Económica Europea, el Fondo Monetario Internacional, del gobierno español, el Grupo de los 20, entre otros. Lo que ha dado lugar a que se le considere en lugar de “Paraíso fiscal” a la de “Territorio de nula tributación”. Sin embargo, establece Jácome:

“…Andorra ha logrado adaptarse a los estándares internacionales contenidos en recomendaciones de diversos organismos internacionales, y por tanto no es considerada paraíso fiscal a efectos legales, si bien de facto conserva peculiaridades fiscales y legales (en parte posibles por su condición de país europeo no miembro de la Unión Europea) como reminiscencia del secreto bancario que dificultan la credibilidad de su pretensión y su desvinculación del concepto de paraíso fiscal, y actualmente se está poniendo en entredicho la efectividad de los acuerdos de intercambio de información, a raíz de sonadas denegaciones.”

Aquí es donde se dio el equívoco del gobernador Del Mazo.

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