• El dinero y los presidentes
  • Extorsión institucionalizada

Como Carlos Salinas de Gortari. Tal cual.

Como los políticos priistas. Tal cual.

Como el viejo Partido Revolucionario Institucional (PRI). Tal cual.

Andrés Manuel López Obrador (AMLO) –un político moldeado, fogueado y diseñado a la usanza del priismo de la década de 1970, esa época que el tabasqueño tanto añora y practica– actúa exactamente igual que Salinas cuando se trata de exigir dinero a empresarios. A su imagen. A su semejanza.

“De tanto atacarlo, te conviertes en lo que tanto odias”, reza la frase. Pues bien, López Obrador mutó, en este episodio, en Salinas de Gortari.

En febrero de 1993, el entonces presidente Salinas “pasó la charola” (en realidad se llama extorsión) a los empresarios en casa de don Antonio Ortiz Mena. Ese es el hecho.

En febrero –otra vez febrero, pero 27 años después–, el presidente de la República “pasó la charola” (en realidad se llama extorsión) a los empresarios en… ¡Palacio Nacional! Ese es el hecho.

¿Alguien nota alguna diferencia? No. Ninguna. Y no hay diferencias por que es el mismo hecho con las mismas castas y con el mismo objetivo: recaudar dinero. Tal para cual.

“No somos iguales. Eso sí calienta…”, insiste una y otra vez, hasta la náusea, López Obrador cuando lo comparan con los priistas. Con los Salinas. Con los Peña. Pero le tenemos noticias al tabasqueño: son casi idénticos a la hora de pizcar dinero. Aunque le “caliente”.

Como Salinas, AMLO fue forjado por el fuego del viejo PRI.

Como Salinas en 1993, AMLO se reunió con fines recaudatorios en 2020 con los mismos personajes poderosos, millonarios y empoderados: los empresarios.

Como Salinas en 1993, AMLO les pidió exactamente lo mismo: dinero. Mucho dinero.

Como Salinas en 1993, AMLO utiliza la investidura presidencial –la misma que tanto dice defender y que a solo 15 meses de su gobierno (es un decir) la tiene hecha girones– para engordar los bolsillos gubernamentales: Salinas pidió 25 millones de dólares. López cerca de 20 millones de dólares. Ahí van, nariz con nariz.

Como Salinas en 1993, AMLO extorsionó a los empresarios con el mismo objetivo: reunir fondos con fines políticos y en beneficio del gobierno en turno.

Como Salinas en 1993, AMLO ofreció un argumento tan inverosímil como tramposo: mientras Salinas extorsionaba en nombre del PRI para respaldarlo financieramente en las elecciones presidenciales de 1994, López lo hacía para… ¡rifar un avión, pero sin avión! Y prometía, bajo un esquema de falso altruismo, que el dinero recaudado se utilizaría para comprar equipo médico que el propio gobierno tiene obligación de adquirir con el presupuesto asignado al sector.

Como Salinas en 1993, AMLO redondea: mientras para Salinas el sentido de su extorsión era “dame dinero para mantener a mi partido”, para López es “dame dinero para mantener a mi gobierno”. Tal para cual.

En ese lance gansteril y vergonzante –vergonzante por gansteril–, AMLO viola, al menos, dos disposiciones legales mexicanas:

Primero viola la Ley General de Responsabilidades Administrativas, la cual prohíbe a todos los servidores públicos, incluido el presidente, solicitar dádivas para beneficio personal o de terceros: “Deben conducirse con rectitud sin utilizar su empleo, cargo o comisión para obtener o pretender obtener algún beneficio, provecho o ventaja personal o a favor de terceros, ni buscar o aceptar compensaciones, prestaciones, dádivas, obsequios o regalos de cualquier persona u organización”. Dicha ley, que forma parte del entramado del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), también obliga a las personas morales a seguir una política de integridad. (Reforma 14/2/2020).

Segundo, viola el código penal federal (artículo 218, capítulo seis), que advierte: “Comete el delito de concusión (cobro hecho por un funcionario en beneficio propio): el servidor público que con el carácter de tal y a título de impuesto o contribución, recargo, renta, rédito, salario o emolumento, exija, por sí o por medio de otro, dinero, valores, servicios o cualquier otra cosa que sepa no ser debida o en mayor cantidad que la señalada por la ley”.

López Obrador es servidor público. Pidió dinero. Encuadra en este acto a todas luces violatorio. Pero a AMLO no le importan las leyes. Le importa su ley.

Como Salinas, AMLO ejerció todo el poder del Estado para extorsionar a empresarios. Les impuso cuota. Les lanzó condiciones. Les pasó la charola. Tal para cual.

La solicitud parece más bien una extorsión donde quien no coopere, no será beneficiado con contratos. “Parece el Estado diciendo a los empresarios: si ustedes no colaboran, entonces puede utilizarse el poder del Estado frente a ustedes”, aseguró el presidente de la comisión anticorrupción de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), Max Kaiser.

Y sí, Kaiser tiene razón: lo ocurrido la noche del jueves 13 de febrero de 2020 en el patio central de Palacio Nacional pasará a la historia como una noche vergonzante. La noche de la extorsión institucionalizada operada, directamente por el presidente de México.

Salinas de Gortari, al menos, pidió prestada una casa particular para la extorsión. AMLO utilizó Palacio Nacional para institucionalizar la extorsión. Por lo demás, en esta parte de la historia, son tal para cual.

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Texto extraído de www.sinembargo.mx

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