Vicente Fox calificó a sus críticos como prensa del círculo rojo; Andrés Manuel la llama prensa fifí; a una colega, para evadir la respuesta a una pregunta puntual, le dijo “corazoncito”. Hoy, a la reportera la han hecho trizas los simpatizantes del presidente electo, pero él no ha ofrecido una disculpa pública a la periodista.

Y es que, con simplismo verbal, el licenciado López Obrador califica y descalifica, polariza entre buenos y malos, miembros de la mafia del poder, conservadores y apostadores del mal fario. Pero, en su andar y decir siembra la duda respecto de cómo gobernará. ¿Con la vista hacia atrás? Su discurso tiene mucho de aquella administración del arriba y adelante…

Así, dizque para agradecer el voto depositado a su favor, Andrés Manuel López Obrador ha emprendido una singular campaña que tienen todos los elementos de una gira de la victoria, es decir, el periplo para apisonar el terreno, dejar claro que es el presidente electo y, de pasada, pulsar el sentir de los mexicanos hacia sus propuestas de gobierno, salpicadas de un abierto populismo.

Por supuesto, también para desplegar una tarea en la que los mexicanos le vayan midiendo y no echen campanas a vuelo con el sueño del México feliz como presumen surgirá a partir del 2 de diciembre, una vez que el licenciado López Obrador rinda protesta ante el Congreso de la Unión como presidente de la República.

Porque, lo han referido desde distintos espacios de opinión en una coincidencia que corre el riesgo de ser calificada de complot azuzado por la prensa fifí y los conservadores, el presidente electo ha entrado en el proceso de contradicción política, muy a modo de su proceder que muchos, pero muchos, habían olvidado.

Empero, no es contradicción casual. No, López Obrador tiene en su ADN esa característica de lanzar la piedra hacia la multitud para ver quién o quiénes gritan por el descalabro. Veamos.

Con los capitanes de empresa, los dueños del dinero en México, que sin duda forman parte de esa casta de conservadores –al modo juarista– había logrado un aparente acuerdo de amor y paz, de no agresión prometiéndoles que no tocaría con el pétalo de una estatización a empresa alguna, pero luego los mete en el saco de la bancarrota, porque al final, una condición de esa gravedad alcanza a quienes forman parte de la dinámica de la economía nacional, en el aparato productivo y las fuerzas del mercado.

Y, una vez conocida la reacción de los descalabrados con esa piedra en la analogía de una perversidad verbal, el presidente electo dijo que no, vaya, que para evitar malas interpretaciones porque la prensa fifí le sacó de contexto su dicho, a lo que se refirió fue a una crisis, que para el caso tiene una implicación severa porque descalifica a los indicadores que otorgan salud a la economía nacional.

Luego, en Juchitán, Oaxaca, parafraseó al panismo y pidió a sus seguidores y simpatizantes que “no estén pensando que va a ser más de lo mismo”, en alusión a quienes llama sus detractores y que le apuestan a que su gobierno –que no ha comenzado– falle o se cometan actos de corrupción para decir que es eso, justamente, más de lo mismo.
¡Ah!, pero advierte que esos detractores se quedarán con las ganas de que incurra en errores. Y la pregunta es elemental: ¿Hay algún fundamento para andar regando alertas y descalificaciones por el país, en franca contradicción con sus mensajes salpicados de la simplista frase de amor y paz?

Andrés Manuel enfrentó severas críticas a su anuncio de que revocará a la reforma educativa, sin explicar a sus simpatizantes y malquerientes de esa enmienda que se trata de un proceso que tiene rango constitucional y que, aunque quiera, no podrá desconocer ni siquiera desde el primer minuto de su mandato, porque requiere de la sanción legislativa, de una contrarreforma que debe discutirse en el Congreso de la Unión y contar con el aval de 17 de los 32 congresos locales.

No obstante, en Juchitán, centro operativo de la sección 22 del SNTE, es decir, la CNTE, manifestó a los maestros del Istmo que “voy a cumplir mis compromisos; porque ahí andan algunos, lo digo de manera fraterna, cariñosa, andan algunos pensando que somos iguales que los políticos corruptos. Y están nada más fildeando (midiéndonos) porque creen que no vamos a cumplir. Para que puedan decir: ‘ya vieron, es lo mismo; son iguales’. Se van a quedar con las ganas. ¡No somos iguales, no somos iguales!”.

El licenciado López Obrador acotó que sea abrogación, cancelación o abolición, la reforma educativa no se aplicará en su gobierno que comenzará el primero de diciembre. “Entonces, dije cancelación de la reforma educativa. Me dicen: ‘No. ¡Abrogación! ¡Cancelación! ¡Abrogación! ¡Abolición!’ Todo, pero esa reforma no se va a aplicar”.

No cabe duda que, más que una gira de agradecimiento, se trata de una gira de la victoria, singular campaña de la campaña para medir el terreno que habrá de gobernar a partir del primero de diciembre próximo, con la certidumbre de que no podrá atender ni cumplir todas las ofertas que hizo en el largo, largo periplo de más de una década en busca de la presidencia de la República.

Pero, vaya, acorde con su insistente y machacona austeridad republicana y juarista, vale preguntar quién paga esa gira de la victoria. ¿Le metió mano a los 150 millones de pesos que puso a su disposición la Secretaría de Hacienda para las tareas de la transición, la entrega-recepción?

Viajar en línea aérea comercial con sus colaboradores y el equipo de seguridad, no cuesta tres pesos. ¿Quién paga? ¿Quién administra los 150 millones de pesos? ¿Habrá comprobación de gastos para ir acorde con la transparencia pregonada?

Como sea, esa gira cuesta y quienes cumplimos con nuestros impuestos le pagamos ese periplo nacional que le sirve para curarse en salud y decir a la gente que se vaya preparando porque no todo lo prometido se cumplirá. Me pregunto, qué se siente ser prensa fifí. ¿O seré conservador? Digo.

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