Andrés y su eterna lucha entre el bien y el mal

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Su caso

Entrenar y debutar

Andrés Cabrera Robles es considerado un pionero en la lucha libre de la Bella Airosa, y como toda historia, tiene un antecedente forjado en el dolor y la resistencia; nació en 1950 en San Miguel Cerezo, donde creció junto a sus ocho hermanos y su madre, su semblante endurece cuando narra que su padre los abandonó cuando él tenía siete años y tuvieron que enfrentarse a carencias materiales, pero también al sinfín de experiencias de alegría que se viven en una vecindad.

Antes de amar el deporte tuvo que enfrentarse a uno de los mayores dolores de su vida, uno que jamás se olvida; cuando tenía 16 años, su hermano Juan, de 21, falleció, y como un arma de doble filo para tratar de olvidar la pesadilla a la que aún no termina de aceptar, empezó a frecuentar la arena Afición, el palacio de la lucha libre en esta ciudad. Ahí, una de esas tardes encontró su camino en este mundo.

“Después de cuatro años de entrenamiento con el Torbellino Negro debuté en 1964, mi primer nombre fue Satán, tiempo después dejó de gustarme ese nombre y lo cambié a la Sombra, con el que luché por primera vez enmascarado, fui con un señor que entonces se dedicaba a hacer máscaras atrás del mercado Primero de Mayo; desde entonces combiné la lucha con mi trabajo en la mina.”

Además de ser la Sombra arriba del ring en sus inicios, durante 45 años de ocho de la mañana a seis de la tarde fue un malacatero respetado en la mina Real del Monte; los malacates son las estructuras en las que los mineros descendían a la oscuridad, aquellos años de servicio le valen actualmente por una pensión de 4 mil pesos mensuales, pero antes, en 1972 nació la leyenda: el Chamaco Robles.

“En 1969 el Cisne me retó a una lucha máscara contra máscara y la perdí, por lo que tuve que dejar de ser la Sombra; después de entrenamiento constante por fin debuté en la lucha profesional como el Chamaco Robles, muchas personas me conocen y recuerdan por ese nombre.”

La lucha libre cuenta los años de gloria, nadie sabe cuándo puede sentir la victoria en el ring y al siguiente día estar fuera para siempre, Andrés lo supo en 1982 cuando se lastimó la rodilla luchando y desde entonces las cosas no volvieron a ser iguales. “Aún recuerdo al médico cuando me dijo ‘malas noticias, tienes los meniscos destrozados; tuve que estar fuera hasta 1987 por esa lesión.”

La pasión es lo que mueve al ser humano cada día, lo que lo inspira e incita a continuar el camino que eligió, y a pesar de los años en pausa, el Chamaco Robles regresó para viajar, en compañía de su aliado incondicional Chucho Segura, por gran parte del país, ganando entre 75 y 100 mil pesos mexicanos antiguos, o según la cantidad de personas que asistieran a la arena Afición. “Por eso a mí me molesta ver a las personas en la calle jugando a las ‘luchitas’ porque así se denigra este deporte que no es teatro, es pasión”.

Tiempos de gloria

Posterior a luchar por varios años como el Chamaco Robles, continuó su profesión con nombres como Cazafantasmas, Jinete sin Cabeza y el Cuervo, que fue su último nombre como luchador, en diciembre de 2012.

“Hoy en día la lucha libre tradicional persiste pero los tiempos de gloria pasaron, me da tristeza ver las condiciones en las que se encuentra la arena Afición, yo fui parte de una época maravillosa en la que nacimos verdaderos luchadores dispuestos a dar la vida en el ring, pero actualmente el público prefiere la violencia extrema y más show que lucha. Ojalá los jóvenes mantengan viva la lucha libre tradicional.”

Quizá sea que un luchador perdura mientras su condición física lo permita, aunque su espíritu se niegue, hasta hace un año, Andrés aún entrenaba, luego llegó la realidad cuando todos los días tuvo que enfrentarse a un padecimiento ciático que lo alejó definitivamente del ring, pero no de la lucha libre, pues ahora entrena a niños y adolescentes todos los sábados a la una de la tarde.

“La lucha libre ha sido mi vida, todavía no me retiro porque la sigo manteniendo con vida desde diferentes escenarios, es lo que más amo hacer, sé que el Chamaco Robles vive en el corazón de muchas personas y eso me basta.”

Con más de 50 años practicando la lucha libre tradicional enfrentando obstáculos físicos y de aceptación, luego que ninguno de sus cuatro hijos heredó su pasión, la historia de Andrés el Chamaco Robles, el luchador, el ídolo, nos recuerda que tenemos espíritu pero necesitamos temple.

La lucha libre en México es, por tradición, el deporte del pueblo, creador de ídolos y símbolo inevitable de fortaleza desde la creación de la Empresa Mexicana de Lucha Libre en 1933, hoy Consejo Mundial de Lucha Libre, por el padre de esta disciplina: Salvador Lutteroth González. Sin embargo, la lucha libre no solo persiste en la Arena México, también en el corazón de quienes la convirtieron en su forma de vida, los luchadores locales que llevan en el espíritu el amor a la máscara. Esta es la historia de Andrés, de dos a tres caídas, sin límite de tiempo.

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