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Angélica y dolor que marchita el cuerpo

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Su caso

Los sueños de Angélica Martínez Cortés se convirtieron en pesadilla cuando tenía 12 años y recuerda caminar sobre una carretera del istmo de Tehuantepec, un taxi se detuvo y de él descendió un militar, que ella conocía muy bien porque su familia trabajaba en las tareas domésticas de su casa, la amenazó con un arma de fuego y la obligó a abordar el automóvil que los trasladó a Juchitán, Oaxaca, para finalmente llegar a Pachuca, así es el inicio de una historia marcada por el abuso y la explotación sexual.

“Él vivía en la calle de Monterrey, era una persona que abusaba de las mujeres sexual, laboral y económicamente, yo no sabía leer ni escribir y me llevó a la zona de tolerancia en Gómez Farías donde me pagaban 20 pesos, el cuerpo de una niña a cambio de 20 pesos; él trabajaba en la Policía judicial y por eso le tenía mucho miedo.”

Angy, como es conocida popularmente, enfrentó la responsabilidad de ser madre a los 15 años y a los 16 conoció a un minero que se convirtió en su salvador cuando se casó con ella, pero el pasado fue difícil de olvidar y a los 25 años se separó después de procrear tres hijas. “Me alejé de esa vida durante muchos años, luego de la separación trabajé en la cocina del hotel Los Baños, pero cuando me sentí sin el apoyo de nadie mientras mis hijas crecían, y no me justifico, pero utilizar mi cuerpo era lo único que sabía que me dejaría suficiente dinero, por eso volví a ejercer a los 35 años, en aquellos tiempos cobrábamos 500 pesos por un servicio completo, es cuando te preguntas, ¿a dónde llega una por dinero?”

El valor es una herramienta indispensable para mujeres rechazadas por la sociedad, que enfrentan miradas, comentarios y pensamientos lascivos; caminar con ilusiones quebrantadas siempre en la esperanza de que en algún momento dejarán atrás la forma de vida que las eligió siendo niñas.

“También trabajé en Tula con los clientes que laboraban en la refinería, me negué a seguir viviendo en una casa de lodo, estaba segura que me dedicaba a ese oficio por el bienestar de mis hijas, cada viernes viajaba para regresar los domingos a comprarles ropa, zapatos y sus útiles escolares, pero sé que siempre les faltó amor de mamá y papá, con todo y eso, todavía me he atrevido a preguntar, ¿por qué los hijos toman caminos equivocados?”

A través del tiempo, Angy convirtió su oficio en una lucha por la defensa de las trabajadoras sexuales, se convirtió en líder al fundar Mujeres Libres de Pachuca. Cooperativa de Trabajadoras Sexuales. “Algunas compañeras siguen trabajando a esta edad, yo seguí en esa vida en el hotel Pachuca; cuando formé la asociación comenzaron a buscarme de diferentes instituciones, incluida la universidad (UAEH) para impartir pláticas a estudiantes sobre el significado de ser una trabajadora sexual, porque ese es el nombre correcto, no prostitutas”.

El episodio final

Angélica es experiencia forjada en el dolor, piensa que los años como trabajadora sexual alcanzan para escribir un libro, una sección dominical quizá resulta poco espacio para detallar los hechos buenos y malos que le brindó ese oficio, por ejemplo: construir su casa pero ver morir a algunas de sus compañeras en manos de los clientes, pagar la carrera universitaria de dos de sus cinco hijas a cambio de noches de soledad, luchar por la dignidad de sus compañeras pagando el precio de ser secuestrada.

“Abrí un bar en San Agustín Tlaxiaca donde me sucedieron muchas cosas, fui secuestrada por no permitir la venta de droga en ese lugar; me golpearon, me amenazaron de muerte, pero me liberaron. Luego de tres días en cautiverio regresé al bar únicamente a pagarles a las muchachas que trabajaban conmigo y enseguida cerré con todas las cosas adentro, no me llevé absolutamente nada. Esa tarde entré a mi casa y me arrodillé frente a un sillón para comprometerme con Dios a dejar esa vida prometiéndole que le serviría solamente a él, pedí perdón por el daño que les causé a mis hijas. Hace 13 años que me alejé de todo eso.

“Entiendo que Dios me protegió en todo momento y ahora que todo permanece solo en mi memoria mi forma de agradecerle es sirviendo al prójimo porque esa mujer quedó en el pasado. Ahora visito a los enfermos, al necesitado, por eso llevamos comida a los hospitales cada noche. Si lo pienso cuidadosamente me da tristeza ver cuantas niñas echan a perder su vida; el mundo se sorprendería de a cuantas estudiantes vi convertirse en trabajadoras sexuales los fines de semana para poder pagar su preparación como profesionistas.

“También tuve muchos clientes que solamente pagaban para platicarme sus problemas, entraban a llorar conmigo porque me convertí en la consejera de muchos hombres mientras la sociedad me juzgaba, principalmente las mujeres al llamarnos despectivamente putas o prostitutas, pero orgullosamente digo que a mis 58 años jamás tuve una enfermedad de transmisión sexual y que la mayor parte de los años que ejercí acudí con una psicóloga que me ayudó a mantener un equilibrio emocional porque nunca tuve cerca a mi familia para guiarme, pero Dios fue bueno conmigo.”

Hoy, Angélica Martínez Cortés vive de la renta de un local que construyó con el dinero que obtuvo en ese oficio, consciente siempre que los años pasarían y anhelaba tener una vejez tranquila; su vida como trabajadora sexual inició a los 12 años a manos de su victimario y culminó a los 45 por decisión propia, su experiencia fue construida en el dolor, fortalecida en la gratitud y a nosotros su historia nos recuerda que tenemos espíritu pero necesitamos temple.

 

Vivimos en un país considerado como una nación de origen, tránsito y destino de víctimas de trata de personas; México, el país donde se estima que existen 500 mil personas explotadas sexualmente, de las cuales 70 mil son menores de edad, lo anterior son estadísticas aproximadas ante la falta de una cifra exacta por el número de casos. Cada año, alrededor de 21 mil mujeres y hombres son captados por las redes de trata de personas con fines de explotación sexual; 45 de cada 100 niñas son indígenas. Si la explotación sexual es un problema social a nivel nacional, significa que teje redes desde las entidades, desde las ciudades que las conforman hasta llegar a las calles, y también en esta Bella Airosa existe entre miradas de rechazo y juzga social.

+Se estima que existen 500 mil personas explotadas sexualmente en México

+Cada año, alrededor de 21 mil mujeres y hombres caen en redes de trata de personas

+45 de cada 100 niñas explotadas sexualmente son indígenas

+Angélica fue secuestrada y obligada a vender su cuerpo a los 12 años

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