El legado que el pintor dejó a la plástica mexicana se resume en ese libro

La anterior entrega dominical fue dedicada a la memoria del maestro Raúl Anguiano a 14 años de su partida, y narramos parte de sus primeros años de vida artística y el entorno que lo rodeó. En esta ocasión concluiremos la parte de sus andares, tanto en México como en el extranjero, así como la obra que legó a la plástica mexicana.

Iniciamos con el viaje a la selva de Chiapas. Para ello nos ubicaremos en abril de 1949, cuando Anguiano aceptó la invitación que le hizo Mariano Gamboa para formar parte de una expedición a la zona arqueológica de Bonampak en la que participaron el conocido explorador Carlos Frey y el doctor Norbert Freed. Era un viaje lleno de expectativas y peligro, pero la fascinación de la aventura brindaba la oportunidad de conocer esos lares de la patria. Anguiano continuaba la charla y comentaba: “Adquirimos ropa y equipo de expedicionarios y por fin llegó el día de viajar a Tuxtla Gutiérrez. La alegría de todos acompañaba nuestros cuerpos, sin embargo, la tragedia aparecería, pues nuestros compañeros de expedición Carlos Frey y Franco Lázaro, grabador chiapaneco, murieron ahogados en el río Lacanjá al volcarse una canoa. Sobrevivimos el camarógrafo Luis Morales y el de la voz. Otra parte de la expedición la integraban el arqueólogo Carlos Margáin, el fotógrafo Manuel Bravo, el periodista Arturo Sotomayor”.

Advirtió Anguiano que, con el material que trajo de Bonampak, trabajó más de dos años y eso le permitió presentar a la crítica, en una exposición, dibujos, temples y óleos sobre la vida de los lacandones y la selva. Una de las obras mejor logradas fue la denominada

La espina, que nuestros lectores la recuerdan como portada de libros de texto de nivel básico y que acompaña esta entrega.

Con el producto de la venta de obras logradas en la observación de la Selva Lacandona, Anguiano logró realizar un viaje a Europa y recorrió España, Alemania, Inglaterra, Bélgica, Holanda e Italia; luego regresó a Nueva York, donde tuvo oportunidad de visitar museos y exposiciones que definieron su perfil de pintor. A su regreso a México, Raúl Anguiano comentaba que se dedicó a pintar óleos, dibujos y a la ilustración de libros; nacía así la otra parte de su vida que tanto amó, la enseñanza en la escuela de verano y en la academia La Esmeralda del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL). Agregó don Raúl sobre los primeros murales que pintó para el Museo Nacional de Antropología y otras instituciones; también tuvo la oportunidad de hacer dibujos para Pablo Neruda. De las actividades que recordó con mucho entusiasmo estaba la que sucedió en 1980 cuando su obra fue exhibida en el Centro Cultural de México en París; no así una magna exposición de 170 trabajos que presentó en el Palacio de Bellas Artes en 1982. Fueron más de 50 años de fructífera actividad que le permitieron obtener, entre otros premios, los siguientes: premio en el salón de invierno del Salón de la Plástica Mexicana, INBA, 1953; condecoración José Clemente Orozco, 1956; miembro vitalicio del Instituto de Recuperación Intelectual en la República de Chile, 1960; académico de número de la Academia de Artes México, 1982, y creador emérito del Sistema Nacional de Creadores de la República Mexicana.

Sus obras de gran formato las podemos encontrar en la escuela A Carrillo, donde plasmó en tres cubos de escaleras un mural de 60 metros cuadrados al que tituló Educación socialista, 1934; La Revolución mexicana en la educación, fresco en cinco muros exteriores del Instituto Politécnico Nacional (IPN), 1935; Temas revolucionarios, temple de caseína en 14 tableros en Morelia, Michoacán, 1937; La evolución del comercio en México, óleo, dos tableros de cinco por cuatro metros cada uno, que se pueden apreciar en el Paseo de la Reforma 142 de la capital mexicana, 1955; Nacimiento en la selva o fecundidad, óleo sobre tela sobre madera de 7.2 por 2.4 metros, 1962; El bautismo de Cristo, óleo sobre tela de cuatro por uno metros en la iglesia de Tonalá, Jalisco, 1965; Creación del mundo prehispánico, tríptico de óleos en las oficinas de publicidad Ferrer, Ciudad de México, 1971-1978; Sor Juana Inés de la Cruz, Miguel Hidalgo y Costilla y Lázaro Cárdenas, dibujos monumentales en exterior que aún se aprecian en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE); Encuentro de dos culturas, mural de 30 metros cuadrados, plasmados en la Secretaría de Educación Pública (SEP).

La vida productiva del artista Raúl Anguiano estuvo reflejada en más de un centenar de galerías, museos y salas de exposiciones.

Citamos algunas ciudades y lugares donde fue expuesta la obra en exposiciones individuales bajo diversos títulos: el Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México; París, Francia; Santa Bárbara, San Francisco, Pasadena y Los Ángeles en California; La Habana, Cuba; República de Chile; Miami, Florida; Moscú y Leningrado; San Antonio, Dallas y Houston en Texas; Guadalajara, Jalisco; Roma; Mérida, Yucatán; Alemania, Italia y en casi la totalidad de la República mexicana. En la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) su obra fue expuesta en el invierno de 1997, junto con la presentación de su libro Anguiano por Anguiano.

Ese texto fue impulsado por el entonces rector Gerardo Sosa Castelán (1997), que en la presentación indicaba “en este libro nos concede, además, la prerrogativa de sus sueños con amenas referencias de el mismo y sus contemporáneos, de aquellos que, en conjunto, fueron construyendo distintas etapas del México del siglo XX; de muchos que revolucionaron la construcción artística, de tantos que alimentaron cabalmente la identidad de nuestros pueblos”. Y concluyó Sosa Castelán: “Con este libro la UAEH contribuye a enmarcar la herencia de Anguiano a los habitantes del siglo XXI.”

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