Lol Canul

Un tema recurrente que suelo escuchar a la gente es la duda sobre si los animales tienen sentimientos. La respuesta mas breve e inmediata es que sí, los animales tenemos sentimientos, pero resulta que solemos olvidar que la especie humana también es parte del reino animal. Dejando este punto claro, si la duda persiste respecto de las demás especies, se diserta en los siguientes párrafos.

Si bien existe un vacío en estudios científicos al respecto, sí se pueden retomar elementos que dibujan un claro panorama que despeja estas dudas, pues este también ha sido ya debate entre expertos en animales –humanos y no humanos–. Una de las limitantes con las que nos topamos al intentar resolver la cuestión es en definitiva el lenguaje, pues es evidente que nuestra capacidad de comprensión se ve reducida frente a la diversidad de formas en que las especies se comunican. Ante esta barrera, el biólogo Danilo Mainardi dice que no es fácil demostrar la existencia de sentimientos en animales, pero no por ello se puede asegurar que no ocurra; también asegura que solo se podría hablar de sentimientos entre aves y animales, con el resto, quizá, lo que se puede observar son emociones.

En este punto es necesario diferenciar emociones de sentimientos, aunque ambos conceptos están interrelacionados. Desde la psicología entendemos la emoción como una serie de respuestas fisiológicas (palpitaciones, sudoración, tensión muscular, entre otras) que se originan a partir de estímulos externos y se calcula que tienen una duración de 90 segundos, luego de los cuales, la emoción puede renovarse dando lugar a otro proceso del mismo tipo; identificamos también cinco emociones básicas que son el miedo, el afecto, la tristeza, el enojo y la alegría. Los sentimientos, por su parte, ya generan un proceso cognitivo a partir de una experiencia que despierta la memoria emocional, haciéndolo duradero y recurrente.

Volviendo al tema de los animales, el biólogo Marc Bekoff dice que uno de los elementos para identificar las emociones entre humanos es el lenguaje no verbal, es decir, gesticulaciones, postura corporal y ademanes; este es el método que usa para interpretar el comportamiento de coyotes y lobos.

Darwin en su campo decía que los animales demostraban atracción unos por otros y mantenía que algunas especies comparten afectos y emociones como los celos y la gratitud, y tienen, además, sentido del humor, capacidad de admiración y curiosidad. Defendía la presencia del amor entre animales, siendo uno de los pocos científicos en afirmar tal cosa, pese a que muchas conductas realizadas en el cortejo son similares –por no decir que iguales– a las que se observan en la pasión romántica humana.

La investigadora Helen Fisher, que ha dedicado su vida al estudio de los afectos en el cerebro humano, reporta también observaciones sobre el comportamiento afectivo de algunos animales, al que dedica un capítulo en su libro Por qué amamos. Según esta autora, los zorros son una de las especies que dan muestra de romanticismo con caricias, besos, mordisqueos, lengüeteos, cantos y otros sonidos, así como jugueteos; mismas conductas que compara con las que hacemos las personas, concluyendo que los animales también aman.

Aunque debo decir que cuestiones como esta provienen de nuestro antropocéntrico afán de entender el mundo animal como un sistema alejado de nosotros, tratando de comparar a partir de nuestras vivencias, nuestro cuerpo y nuestras situaciones, olvidando que, en realidad, somos parte de ese ecosistema. Ojalá que esta sea la puerta de salida a la concepción de superioridad humana.

Twitter: @lolcanul

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