Recientemente fui invitado por un amigo a pasar la Navidad en San Cristóbal de Las Casas. Y al reflexionar más detenidamente sobre las tendencias políticas y altermundistas de esta amistad, caí en la cuenta que la invitación no era precisamente para turistear por aquel pueblo mágico chiapaneco. En realidad se trataba de asistir, participar y apoyar el encuentro Los zapatistas y las ConCiencias por la Humanidad, evento que fue programado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) desde febrero y que se anunciaba en el marco de las actividades que esta organización había señalado como parte de su agenda anual de trabajo.

El encuentro se desarrollará del 25 de diciembre al 4 de enero y se propone difundir y divulgar resultados de investigaciones de más de 50 especialidades científicas, entre las que se encuentra la mayoría de las llamadas ciencias duras e ingenierías: biofísica, ecología, geología, bioquímica, ciencias ambientales, biomedicina, neurociencias, astronomía, etcétera.

Con ello, el zapatismo muestra que no es un movimiento cerrado ni retardatario, sino por el contrario reconoce el gran valor de las ciencias con el fin de lograr un mundo mejor para las comunidades indígenas y para la humanidad en general. También llama la atención el gran poder de convocatoria que este movimiento sigue teniendo en universidades nacionales y extranjeras: al menos 10 países han acudido al llamado (Alemania, Canadá, España, Chile, Estados Unidos, Reino Unido, Brasil, Uruguay, Israel y Paraguay) y en México ya se han inscrito científicos de muy diversos estados: Baja California, Campeche, Ciudad de México, Estado de México, Jalisco, Morelos, Oaxaca, Puebla, Querétaro y San Luis Potosí.

El llamado a participar en este encuentro tal vez tenga un doble propósito: por un lado, el saberse sede de discusiones científicas, lo cual les da un espacio entre un tipo diferente de intelectual: aquel que no precisamente está metido en política electoral, sino el que se entiende con fenómenos como el cambio climático, los avances médicos o los problemas geológicos. Esto es también una forma de recuperar el sentir, el parecer y estrechar lazos con el científico que ha llegado a la conclusión de que su actividad es eminentemente política. Pero por otro lado, la estrategia es también un hondo respiro cuando las viejas consignas (justicia y dignidad) parecen agotadas ante un capitalismo cada vez más feroz y donde, por tanto, surge la necesidad de darles contenido nuevo a través de su relación con otras dimensiones de la vida social.

En este caso, el zapatismo, desde hace algún tiempo, ha relacionado sus demandas con el avance científico y esto le ha abierto nuevos caminos. Está ya un poco lejano aquel primero de enero de 1994, cuando el EZLN demandaba en sus puntos aspectos de impacto centrados en la población indígena; hoy, con este encuentro, queda patente que sus reivindicaciones se han abierto a preocupaciones que nacen de la crisis civilizatoria mundial. Se ha ampliado, entonces, a otros niveles su idea de democracia, abarcado su participación en los avances de las ciencias. Largo y difícil han sido los 23 años que transcurrieron desde su primer levantamiento en armas y todavía más complicada ha sido la vida de esta organización que, a decir de varios periódicos, nació hace 33 años y (¿cómo el nazareno?) está aún en la cima de su influencia ética y política.

EZLN

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