Mi memoria electoral empieza en 1988, esa elección la viví, aunque aún no votaba, fue un año tan importante que los jóvenes/adolescentes ya estábamos involucrados, sabíamos lo que sucedía y muchos de nosotros fuimos a las marchas en contra del fraude electoral, recuerdo al ejército cuidando el Palacio Nacional. Después de esa fecha han pasado cuatro elecciones federales, y ahora sigue, al igual que la elección de 1988, un momento sumamente importante, México está colapsando por la inseguridad, la corrupción, la pobreza, necesita un cambio político: ¿se logrará en las elecciones de 2018? En este sentido, esta elección me parece que es muy importante.
En primer lugar, después de la elección del año 2000 se pensó que la sola alternancia era suficiente para lograr terminar con el presidencialismo y autoritarismo que había caracterizado a México por años; en este sentido, Vicente Fox no logró mayoría en el Congreso y el presidencialismo fue sumamente débil, pues además no supo negociar con la oposición; Felipe Calderón intentó concretar mayorías en el Legislativo sin mucho éxito; Enrique Peña Nieto recupera la mayoría y con ello la fuerza del presidente, la cual se fortaleció con la unidad y la disciplina de su partido. En este sentido, después de una alternancia de 12 años, parece ser que hay un retroceso, pues nuevamente el presidente logró concentrar un poder donde no hay división de poderes y donde la línea entre la democracia y el autoritarismo es muy débil.
En segundo lugar, también con la alternancia política se pensó que el fraude electoral que había caracterizado a México desde la formación y consolidación del Partido Revolucionario Institucional en el gobierno se terminaría. La lucha contra el fraude electoral después de la elección de 1988 fue intensa y, es hasta las elecciones intermedias de 1997 y las presidenciales del 2000 cuando se logra la transparencia; en consecuencia, parecía que también la alternancia podía acabar con este vicio que no permite a la democracia mexicana consolidarse. Sin embargo, para la tristeza de muchos mexicanos, las elecciones de 2006 presentaron demasiados problemas, no solo en el plano mediático, sino con las instituciones electorales, fue un claro fraude electoral. Al igual que en 1988 perduró en los mexicanos el sentimiento del fraude electoral, aunque no hay pruebas de ellos, nuevamente las marchas y el descontento social lo dejaron ver. La elección de 2012 nuevamente mostró manchas oscuras, y aunque no fue el caso de 2006 tampoco fue la transparencia de las elecciones del año 2000, el fantasma del fraude continuó en México. Ahora, para las elecciones de 2018 hay académicos y periodistas que ya han mencionado un posible fraude electoral a favor del PRI y en contra de Morena, o mejor dicho de su candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el segundo candidato de izquierda en este país. Nuevamente un claro retroceso al pasado, donde el fraude era lo que los mexicanos esperaban en cada elección.
La elección de 2018 será un parteaguas, pues se ha llegado a un punto donde los mexicanos están con miedo; sin empleo o mal pagado; sin seguridad social y los que la tienen es muy deficiente; con inseguridad pública: no saben en qué momento les pasará algo en la calle o en su casa. Este momento me recuerda 1988, donde el cambio era lo que se respiraba en la calle.
La sociedad mexicana no está acostumbrada a decir lo que piensa y menos para temas electorales, no obstante, hay un tema muy interesante que como investigadora me he percatado, AMLO está teniendo una gran fuerza: tiene una silenciosa avanzada, a los mexicanos no nos gusta ser señalados, entonces somos muy precavidos en decir que al PRI se le han dado muchas oportunidades, al PAN ganó dos sexenios, y ninguno de los dos logró cambios a favor de la mayoría de la población, y entonces, ¿por qué no darle una oportunidad al loco?. Esto que está sucediendo en el imaginario colectivo nunca se lo imaginaron los que le hicieron la campaña negativa a AMLO en 2006.
No solo los ciudadanos de a pie quieren un cambio, también los empresarios, la inseguridad y corrupción también les perjudica, así que 2018 es un año histórico, donde los mexicanos pueden lograr un cambio político. ¿Por quién votar?, es una gran decisión y responsabilidad. En respuesta a ello, creo que el voto se tiene que dar de manera informada, así que desde este espacio invito a los lectores a que investiguen a los candidatos: qué han hecho cuando fueron funcionarios, a quién beneficiaron, qué hicieron a favor de la población, en qué país está su familia, si han robado o ayudado a corruptos. Creo que no se puede seguir votando por prejuicios: guapo, loco, joven o viejo, se tiene que elegir a quien esté más preparado, que tenga una visión de nación, que ya haya demostrado que le importa el país y no los intereses norteamericanos o de su partido. 2018 es un año para informarse por quien votar, y cambiar el rumbo del país. Mis mejores deseos para que en estas elecciones de 2018 se logre el cambio que México necesita.

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