El espíritu del Fondo Metropolitano es establecer fondos extraordinarios para impulsar el desarrollo de zonas urbanas cuyo crecimiento obedece a una lógica regional, que desborda a un solo municipio o que incluye en su entramado a dos o más ciudades. Hidalgo no escapa a esta realidad y, por tanto, también accede a este tipo de fondos que, por el desarrollo propio de nuestra entidad, se enfocan a su zona sur (Pachuca, Tulancingo, Valle de México y Tula). El año pasado hubo 21 proyectos para Hidalgo que fueron respaldados por un presupuesto de 498 millones de pesos. Lo absurdo es que solo uno de esos proyectos fue concluido totalmente en el año programado; otro solo registró 20 por ciento de progreso y el resto ni siquiera comenzó. Es difícil entender cómo funciona la administración pública cuando los presupuestos que son programados para determinado año fiscal simplemente no se ejercen o se gastan parcialmente. ¿Contablemente cómo justifican el subejercicio? Quizá un especialista podría explicar de qué forma se hace el ajuste, pero de todas formas cabe preguntar: ¿cómo cuadra la contabilidad del presupuesto público con semejantes retrasos? Otra pregunta, ¿y las zonas metropolitanas? ¿No son una prioridad para el gobierno federal y estatal? Si no importa que la asignación del presupuesto se tarde más de un año, ¿cómo se lleva entonces este control? ¿Es suficiente el trabajo de la Auditoría Fiscal y de la Contraloría? De filón. Los sindicalizados son una especie aparte: gozan de privilegios que la mayoría ni en sueños. Por ejemplo, ayer jubilados del SNTE recibieron un bono de 20 mil pesos que les prometió el líder de la sección 15 Sinuhé Ramírez. Con eso, dijo, cierra su periodo como dirigente y queda limpio, sin deuda alguna, aunque todos sabemos que su cartera se financia con recursos públicos.

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