Después de las pasadas elecciones, la violencia electoral y contra las mujeres es directa y muestra fehaciente de que somos una sociedad que cada vez la naturaliza. De las prácticas durante el proceso al discurso posterior, es claro que para los “patriarcas” de la política ese espacio no es todavía para incorporar, y menos reconocer, a las mujeres.
Dos ejemplos como muestra: Eleazar García Sánchez, actual presidente municipal de Pachuca, declaró luego del triunfo de la panista Yolanda Tellería Beltrán para ese mismo cargo que “el hecho de ser mujer es un gran reto y una gran responsabilidad, todo la parte de trabajo de esta administración son bases sólidas para que continúe” (Independiente 14/06/2016, p 6).
El próximo gobernador de Hidalgo Omar Fayad Meneses declaró en días pasados: “de qué sirve haber presentado en esta ocasión 41 candidaturas encabezadas por mujeres, si 28 se iban a perder” (Independiente, 22/06/2016, p 1 y 3).
Leídas ambas declaraciones dentro del alud informativo sobre triunfos y fracasos de los partidos en las recientes elecciones y en pleno balance sobre lo que debieron hacer todos y cada uno de los contendientes, eso no tiene mayor importancia, pero he ahí el quid de la cuestión: no nos parece mal el hecho de que se nos minimice, cuestione y peor aún se nos violente a través de ese refrendo de prejuicios. Por eso pasamos por alto esos “detalles” que tienen fondo, que no son solo forma y que abonan en una violencia sistematizada contra las mujeres, apenas perceptible, pero que refrenda prejuicios y mandatos culturales adversos para la real equidad entre los géneros.
El alcalde García Sánchez al “entregar” cuentas, discursivas y públicas, le advierte a la ciudadanía sobre el hecho que su sucesor es mujer. Al decir “el hecho de ser mujer es un gran reto”, se interpreta como la poca o nula capacidad que tendrá la próxima presidenta municipal por ser mujer, pero al mismo tiempo se lee que además de su cargo político no debe descuidar a su familia y a sus obligaciones propias de su sexo (si bien no cocinar, planchar y atender a su esposo, sí “administrar” el hogar que implica encontrar quién la sustituya, siendo ella la que dirija y organice todo), lo cual implica una justificada doble jornada. Seguramente si el contendiente ganador hubiese sido hombre no habría dicho “el hecho de ser hombre es un gran reto”, ¿o sí?
Sin duda, para cualquier ciudadano que asuma la dirección o representación de la capital del estado es una gran responsabilidad, no importa si pertenece a uno u otro género, pero que lo haya expresado de esa forma el actual presidente de Pachuca deja mucho que desear y pensar. Es la medida de lo que nos falta.
En el otro caso, el del próximo gobernador de Hidalgo, estremece la claridad de su pensamiento como político: “de qué sirven estas candidaturas si se iban a perder”. Es decir, lejos de asumir que es el costo de la tardía incorporación y preparación de sus militantes mujeres, antes lo lamenta y subraya: “falta preparación política a candidatas para ser competitivas” y sentencia que deberán implementar acciones no solo el PRI sino todos los partidos, pero no dice qué hará él, por ejemplo, dado que su cargo es de relevancia.
Leído así y reflexionando sobre esa sentencia lo que parece es que lejos de cambiar su mentalidad y creencia sobre la importancia de que las mujeres nos incorporemos a la política en mejores condiciones, Omar Fayad y Eleazar García confirmaron que las mujeres no estamos listas para la participación política, según su inconsciente/consciente.
¿Las consecuencias? Muchas, pero sobre todo el relegamiento y marginación que seguiremos viendo reproducirse porque sus declaraciones transparentan el lugar en el que tienen a las mujeres los políticos y dirigentes de este estado y del país, y esto no cambia por cuotas paritarias o estrategias partidistas sino por el pensamiento, la reflexión, las acciones y la educación. Cuatro aspectos que ellos no practican porque son pragmáticos y representantes fieles de este vertiginoso tiempo, su tiempo.

¿La equidad cuándo?

He aquí, en estos representantes máximos de la política local, el termómetro fiel y la urgencia de preparar a las nuevas generaciones para que al llegar a esos espacios y ámbitos puedan reproducir un pensamiento y acción diferente. El discurso no es suficiente porque hasta éste deja entrever lo que somos y lo que no somos todavía.

Comentarios

SHARE
Artículo anteriorBasáñez, persona non grata en Estados Unidos
Artículo siguienteLanzan campaña sobre nueva norma de verificentros
Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.