“No vengo a llorar; no vengo a lamentar la muerte de mi esposo, sé que cumplió con su deber; vengo a traer cuatro hijos, tres que pueden servir como soldados y otro que está chico será tambor y reemplazará a su padre”

El movimiento de la Independencia en México, se inició en el centro del país y tuvo eco en toda la República. Esta tendencia mexicana tiene sus antecedentes con la ilustración conjuntamente con los acontecimientos revolucionarios que ocurrieron en otros países a finales del siglo XVIII.

La guerra por la Independencia mexicana tiene como referencia en específico, la invasión de Francia a España. En ese momento la sociedad instruida se puso a reflexionar de cómo se encontraban las relaciones entre España peninsular y el complemento del imperio, ya que debido a las reformas borbónicas en la estructura social y política que se realizaron en ese momento se derivó una crisis económica en Nueva España, por lo que se genera la inconformidad en algunas clases sociales del momento.

Precisamente en esos pequeños o grandes grupos sociales es donde surgió todo tipo de inconformidad tanto de hombres como de mujeres, por lo que en ese momento la mayoría de las esposas de los hombres importantes del momento se unieron en apoyo para defender toda clase de injusticias que reciben.

La mujer mexicana por increíble que parezca, en el proceso del movimiento de Independencia, realizó un papel importante, ella se encontró integrada en un compuesto en el que la divergencia de estratos sociales les condicionaba el papel público y les restaba crédito en asuntos políticos, ya que en ellos los únicos que podían participar eran únicamente los varones.

Ese gran movimiento, como lo fue el de la Independencia de México, contó con la contribución de mujeres de todos los sectores sociales; ellas fueron quienes participaron en diferentes roles ya sea como espías, mensajeras, mediadoras, guerreras, enfermeras y cocineras. Mujeres que en el anonimato y en el paralelo que implicó la gesta de los grandes héroes, dejaron a un lado todos sus prejuicios y el reconocimiento que tenían en ese momento en el ámbito social para unirse a la lucha. La participación sobresaliente que realizó la mujer no solo no fue valorada en su totalidad, sino que pocas son las registradas. En particular muchas fueron mujeres de la clase dominante, esposas de altos funcionarios que sirvieron como espejos de hombres sobresalientes.

La historia se olvidó de ellas aun teniendo relación directa con el papel desempeñado como subordinada, desgraciadamente discriminante por parte de la sociedad, no obstante, muchas fueron las mujeres que desafiaron lo que dictaba la organización social del momento y con osadía salieron y se unieron a la batalla, a esa lucha, no importándoles las consecuencias fatales a las que la mayoría de ellas se enfrentaron. Increíble pero las mujeres criollas fueron las que desempeñaron un papel muy importante, claro que por desgracia algunas de ellas fueron descubiertas, pero su íntegra intención es valorada.

Una de esas muchas de las mujeres que participaron en ese movimiento bélico de nuestro país, lo fue y de forma inteligente y con mucha valentía Antonia Nava, nacida el 18 de noviembre de 1779 en Tixtla, Guerrero, cuyos padres fueron el señor Nicolás Nava y María Celestina, posteriormente conoció a Nicolás Catalán Catalán con quien contrajo nupcias, vivieron un tiempo en Tixtla de Guerrero, después en Chilpancingo pero fue poco el tiempo viviendo ahí, posteriormente su esposo se enojó con su padre y se fueron del lugar llevando consigo a la madre de él y sus hermanas, instalándose en la aldea de Jaleaca. El matrimonio tuvo ocho hijos, de los cuales cinco fueron varones y tres mujeres.

Finalizando 1810, cuando ambos contaban con 30 años, se enteraron de que inició la guerra de Independencia y de inmediato se pusieron en camino para buscar al general Morelos con el que se encontraron en el cerro de El Veladero, que se encuentra en la zona alta de la bahía del puerto de Acapulco, Guerrero y se enlistó a la guerra. Antonia siempre estaba al lado de su esposo hasta que fue asesinado, motivo por el cual fue conocida por los soldados como la Generala. Sus hijos fueron reconocidos como héroes por la valentía de Antonia y el compromiso que mantuvo con el movimiento de la Independencia (Méndez García, 2014).

El 21 de enero de 1814 cuando Morelos se dirigía a la Villa de Valladolid y parte de su escolta la conformaba Nicolás Catalán y su esposa, fueron emboscados por los españoles de Gabriel de Armijo y en ese combate fue vencido Morelos, los sobrevivientes lograron avanzar y escapar pero uno de los Catalán, Manuel, hijo de doña Antonia había fallecido. En noviembre de 1818, Vicente Guerrero ordenó a Nicolás Catalán y a Pedro Ascencio el mando para la toma de Coyuca, Guerrero; en esa batalla participaba el sargento primero Nicolás Catalán, hijo mayor de Antonia y en pleno combate fue acribillado muriendo en ese momento (Pascual, 2012).

Ese fue el segundo hijo de Antonia que murió. Al enterarse Morelos la mandó a llamar y el general insurgente quiso consolarla, ella se negó y le dijo que no estaba ahí para llorar, sino para entregar a sus hijos como soldados. En la actualidad en honor a ese sargento, el pueblo se llama Coyuca de Catalán. (Hernández, 2012)

A esa valiente mujer Antonia Nava se le recuerda en especial cuando se encaró al general Nicolás Bravo, con actitud enérgica al lado de numerosas mujeres, para decirle: “Venimos porque hemos hallado la manera de ser útiles a nuestra Patria. ¡No podemos pelear, pero podemos servir de alimento! ‘He aquí nuestros cuerpos que pueden repartirse como ración a los soldados’ y dando ejemplo de abnegación sacó del cinto un puñal y se lo llevó al pecho”.

Cien brazos se lo arrancaron, al mismo tiempo que un alarido de entusiasmo aplaudía aquel rasgo sublime. (García Mora & KROTZ, 2009).

Ese acto generó la admiración y motivación en las mujeres, las que se armaron de machetes y garrotes para salir a pelear contra el enemigo. Antonia supo transmitir su valentía a todas esas mujeres que la seguían, las que se convirtieron en ágiles y sabedoras en las armas y con su apoyo en muchas de las ocasiones definió la victoria a la insurgencia y obtuvieron el respeto de todos. Se ganó a pulso el título de la Generala. Cuando su esposo fue asesinado por los realistas el 17 de febrero de 1838, Morelos la llamó para consolarle y decirle que ese y más sacrificios debían hacerse por la patria, a lo que la Generala contestó: “No vengo a llorar ni vengo a lamentar la muerte de mi esposo, sé que cumplió con su deber; vengo a traer cuatro hijos, tres que pueden servir como soldados y otro que está chico será tambor y reemplazará a su padre”. (Covarrubias, 1974). Antonia murió el 19 de marzo de 1843, cinco años después de su esposo. Es recordada como heroína y luchadora por la libertad.

“Señores, los soldados necesitan pelear por la defensa de la patria. Cada uno que sucumba será un distinguido insurgente que la Independencia pierde”

“Venimos porque hemos hallado la manera de ser útiles a nuestra patria”

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