La próxima semana, del 28 de enero al 5 de febrero, el movimiento antorchista nacional realizará su XIX Espartaqueada Cultural, la edición número 19 de su justa cultural; de acuerdo con la comisión nacional cultural de nuestro movimiento y acorde a las inscripciones existentes hasta el día de hoy, alrededor de 17 mil participantes subirán al escenario para disputarse los tres primeros lugares en las diferentes categorías (que comprenden desde niños de cuatro años hasta adultos mayores) de las distintas disciplinas que participan en el concurso: música popular (solistas, duetos, tríos, coros y rondallas) y música académica; poesía (individual y coral), oratoria, danza y baile folclórico.
Es nuestra Espartaqueada, modestia aparte, uno de los eventos artísticos que ha cobrado renombre a nivel nacional por la calidad de sus participantes, por la justeza de su jurado y por la hospitalidad que nos ofrece a todos los visitantes el pueblo de Tecomatlán, Puebla, sede del evento y cuna de Antorcha Campesina.
Los antorchistas estamos convencidos de que el pueblo puede hacer arte, que hay entre su gente grandes artistas desconocidos por la falta de oportunidad para poder exponer sus cualidades artísticas y, sobre todo, para tener la educación necesaria, la adecuada, que lo vuelva un profesional; al artista, buena parte de la sensibilidad y de las cualidades les son innatas, nacen con él. Porque las bellas artes le endulzan la vida al hombre, lo vuelve más hombre, más humano es que en Antorcha se promueven.
Todos pensamos que el hombre es hombre desde que nace, que desde que sale del vientre materno ya somos seres humanos, pero, tal como vemos la primera luz, somos simplemente seres vivos, somos sencillamente animales que respiramos, comemos y expelemos como cualquier otro animalito; lo que hace al hombre verdadero hombre es lo que se inicia a inscribir en su corazón, lo que se empieza a registrar en su cerebro, lo que se empieza a asentar en su cuerpo entero a medida que avanza en el tiempo, a medida en que va consumiendo los años de su vida, es decir, el hombre se hace hombre en sociedad: viviendo con los demás, trabajando con los demás, comunicándose, aprendiendo del resto de los hombres, sufriendo y sintiendo como los demás, eso es lo que nos va haciendo hombres, y eso es lo que nos va haciendo diferentes a los animales, por eso el hombre es un ser social, por eso el hombre no puede vivir fuera de la sociedad; nosotros tenemos sentimientos profundamente diferentes a lo de cualquier bestia: nosotros llevamos en el alma, aromas de grandeza, aromas de belleza, aromas de poesía, aromas de música, de inteligencia.
Hay artes plásticas como la escultura, la pintura y la arquitectura que se contemplan con los ojos y a veces se pueden tocar con la mano, son artes que permanecen en el tiempo, que perduran, algunas, a través de los siglos y hasta de milenios, como las pirámides de Egipto o las de Teotihuacán o como el Palacio de Versalles, en Francia; artes excelsos, bellísimos. Pero hay otras artes más sutiles y probablemente más difíciles que ya no se aprecian con los ojos, que ya no se pueden tocar con la mano, y a pesar de lo cual, siguen siendo manifestaciones excelsas, superiores, muy altas del espíritu humano, sin las cuales la vida sería muy triste: la música, la poesía, la literatura, la danza y el baile.
A diferencia de la escultura o de la arquitectura, no se petrifica, no se queda allí, es fugaz, tiene una vida rápida en el tiempo, como el relámpago en el cielo, brilla un momento y desaparece, y desaparece para siempre, solo vive un instante; y a pesar de eso estas artes fugaces, artes que hay que captar en el momento con todos los sentidos, y con todos los poros del cuerpo, son artes fundamentales para la vida del hombre, ¿qué sería la vida del hombre sin la música, sin la poesía? Pocas veces reflexionamos, por ejemplo, que la música tiene un profundo efecto emocional, que realmente provoca cambios serios dentro del individuo, incita reacciones profundas en él, alguna de las cuales se le quedan grabadas para siempre.
Y, precisamente, porque los antorchistas queremos un mundo distinto, y trabajamos para ello, con hombres y mujeres más fraternos, más dispuestos a transformar su entorno social y económico, nos hemos echado a cuesta la tarea de hacerle llegar el arte al pueblo por un lado, y por otro, hacer que el propio pueblo haga arte; pues, además, estamos seguros que, por ejemplo, el que escucha música enriquece su vida, su capacidad de sentir y de recordar, y ello lo va haciendo cada día un hombre mejor: el hombre que oye música tarde o temprano se vuelve más bueno, más sensible, sufre con los dolores suyos y luego con los dolores ajenos, porque nos hace cada día mejores, nos hace cada día más sensibles, nos hace, pues, poco a poco mejores hombres y mujeres.
Dirán algunos que nuestro propósito de hacer hombres mejores, más fraternos en este capitalismo despiadado, lleno de injusticias, de violencia y de egoísmos son sueños guajiros, simples utopías, pero hemos avanzando en nuestra tarea y las espartaqueadas culturales son prueba de ello, si no lo cree, le invito, amable lector, que asista a la semana cultural convocada por Antorcha y lo pruebe y lo compruebe con sus propios ojos. Lo esperamos.

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