La justa deportiva no gubernamental más importante realizada en México es la Espartaqueada Antorchista, que es efectuada cada dos años en Tecomatlán, Puebla, cuna del movimiento antorchista nacional. En esta ocasión, será llevada a cabo a partir del primero de febrero y concluirá el 9 donde medirán sus aptitudes deportivas más de 21 mil mexicanos, algunos profesionales y otros aficionados al deporte.

Tendremos canchas y pistas llenas durante ocho días, así como la alberca semiolímpica que será mudo testigo del esfuerzo de cientos de nadadores en las diferentes categorías. Ninguna organización hace un esfuerzo tan importante durante prácticamente los 365 días del año para impulsar el deporte entre la ciudadanía, pocos son los realmente interesados en buscar los mecanismos para involucrar y entusiasmar a niños, jóvenes y adultos en el deporte; muy pocos lo ven como un factor decisivo para educar, disciplinar mente y cuerpo, y para lograr infundir un espíritu de triunfo en millones de mexicanos que se sienten simplemente avasallados ante la problemática social y económica que padecen en lo particular y que sufre en general todo el país.

Ya en ocasiones anteriores he planteado que “Antorcha, además de procurar la organización de los mexicanos para demandar mejores condiciones de vida; también tiene entre sus objetivos principales su educción y considera al arte y deporte armas fundamentales para lograrla, ambos elementos prácticamente abandonados por la oficialidad; pero los antorchistas sabemos cuánto cuesta lograr, por ejemplo, que se construyan unidades deportivas, ¡qué digo! A veces unas modestas canchas, o bien, que se destinen recursos para pagar entrenadores, maestros de danza, música, etcétera.

“No, eso no le da lucimiento al funcionario en turno; eso, considera, no le da brillo ni votos y si los niños o jóvenes quieren practicar alguna disciplina ¡que se busquen dónde, porque su gobierno no está para eso, que paguen! ¡Cuánto oscurantismo e insensibilidad encierran estas frases! Olvidan, o ignoran quizás, que una sociedad culta es más productiva y delinque menos; que un pueblo con mística deportiva es un pueblo dispuesto a luchar y a sobreponerse a las adversidades, produce seres humanos más sanos, física y mentalmente. Olvidan o desconocen que el deporte templa al individuo, que se puede, a través de la cultura y el deporte, provocar sentimientos nobles y nacionalistas tan indispensables en nuestros tiempos para fortalecer la unidad nacional y nuestra cohesión como país.”

Pero, volviendo al tema, insisto en que en nuestro México existe una gravísima carencia de apoyo al deporte, apoyo efectivo, serio y sistemático, conforme a un plan estratégico, por parte de todas las instancias gubernamentales; falta promoción y un plan bien diseñado, fundamentalmente por la federación, para inculcar en los niños y jóvenes el amor al arte, a la cultura y a la necesidad de desarrollar el espíritu deportivo, guerrero.

La unidad entre el arte y el deporte brilló en la antigua Grecia, mostrándose en todo su esplendor en la naturaleza de los Juegos Olímpicos, celebraciones de los logros deportivos y artísticos. Al principio, el deporte fue el centro de los rituales funerarios, posteriormente se convirtió en una actividad relacionada a las ceremonias religiosas en honor a los dioses olímpicos y al espíritu competitivo del hombre griego: “Según la tradición legendaria, los Juegos Olímpicos serían, en principio, nada más que juegos fúnebres, celebrados junto a las tumbas de los antiguos héroes. Más tarde, estas honras fúnebres se convirtieron en fiestas religiosas, culturales y deportivas celebradas en la antigua Grecia en honor de Zeus, rey y padre de los dioses y mortales: los antiguos Juegos Olímpicos recibieron ese nombre por celebrarse dentro del complejo religioso de Olimpia, en el Peloponeso.

“La vinculación de los Juegos Olímpicos con la religión politeísta griega es muy fuerte. Se convocaban cada cuatro años y se celebraban en agosto. En ellos participaban los atletas, que debían ser ciudadanos, solo hombres, y se entrenaban durante años en los gimnasios. Los atletas participaban desnudos en la competición, cubiertos con una capa de aceite que resaltaba la belleza de sus cuerpos, y solo los hombres tenían acceso a contemplar las pruebas. Su historia inició en el 776 aC y se prolongó sin interrupción hasta el 393 dC.”

También he comentado que “los antorchistas no comulgamos con el deporte elitista, con el deporte-negocio; es decir, estamos en contra del deporte que prostituye al deportista, vendiéndolo como si fuera mercancía, ya sea en el mercado de piernas o brazos, porque es esa una concepción antihumana del deporte. Consideramos que es una tarea fundamental volver a hacer del deporte un arma educativa para el pueblo, un instrumento de formación de la juventud y, es en este contexto que se encuentra la realización de la Espartaqueada Deportiva Nacional del movimiento antorchista, que cada dos años se realiza en Tecomatlán, Puebla, y que debería ser un ejemplo a seguir por las propias instituciones oficiales y por todas aquellas promotoras del deporte”.

Esfuerzos como esos no solamente no deben ser ignorados por los gobiernos y sus instituciones, sino firmemente apoyados.

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