En Tecomatlán, Puebla, cuna del movimiento antorchista, se desarrollará en sus excelentes instalaciones deportivas, envidia de muchas ciudades capitales del país, la 19 edición de las Espartaqueadas Deportivas, justas deportivas que cada dos años realiza Antorcha, único evento no gubernamental efectuado por la sociedad civil, organizada en las filas de Antorcha; participarán más de 20 mil deportistas en las diferentes disciplinas y categorías durante una semana, del 27 de enero al 4 de febrero. Atrás quedaron miles de niños y jóvenes que no lograron llegar a la etapa nacional, pero que seguramente muchos de ellos seguirán perseverando para los próximos encuentros a realizarse en 2020.
Antorcha, además de procurar la organización de los mexicanos para demandar mejores condiciones de vida; también tiene entre sus objetivos principales su educción, y considera al arte y el deporte armas fundamentales para lograrla, elementos ambos prácticamente abandonados por la oficialidad; y los antorchistas sabemos cuánto cuesta lograr, por ejemplo, que se construyan unidades deportivas, ¡qué digo!, a veces unas modestas canchas, o bien que se destinen recursos para pagar entrenadores, maestros de danza, música, etcétera. No, eso no le da lucimiento al funcionario en turno; eso, considera, no le da brillo ni votos; y si los niños o jóvenes quieren practicar alguna disciplina ¡que se busquen dónde, porque su gobierno no está para eso, que paguen! ¡Cuánto oscurantismo e insensibilidad encierran estas frases! Olvidan, o ignoran quizás, que una sociedad culta es más productiva y delinque menos; que un pueblo con mística deportiva es un pueblo dispuesto a luchar y a sobreponerse a las adversidades, produce seres humanos más sanos, física y mentalmente. Olvidan o desconocen que el deporte templa al individuo; que se puede, a través de la cultura y el deporte, provocar sentimientos nobles y nacionalistas, tan indispensables en nuestros tiempos para fortalecer la unidad nacional y nuestra cohesión como país.
Pero, volviendo al tema, insisto en que en nuestro México existe una gravísima carencia de apoyo al deporte, apoyo efectivo, serio y sistemático, conforme a un plan estratégico, por parte de todas las instancias gubernamentales; falta promoción y un plan bien diseñado, fundamentalmente por la federación, para inculcar en los niños y jóvenes el amor al arte, a la cultura y a la necesidad de desarrollar el espíritu deportivo, guerrero. La unidad entre el arte y el deporte brilló en la Antigua Grecia, mostrándose en todo su esplendor en la naturaleza de los Juegos Olímpicos, celebraciones de los logros deportivos y artísticos. Al principio el deporte fue el centro de los rituales funerarios, posteriormente se convirtió en una actividad relacionada a las ceremonias religiosas en honor a los dioses olímpicos y al espíritu competitivo del hombre griego: “Según la tradición legendaria, los Juegos Olímpicos serían, en principio, nada más que juegos fúnebres, celebrados junto a las tumbas de los antiguos héroes. Más tarde estas honras fúnebres se convierten en fiestas religiosas, culturales y deportivas celebradas en la Antigua Grecia en honor de Zeus, rey y padre de los dioses y mortales: los antiguos Juegos Olímpicos recibieron ese nombre por celebrarse dentro del complejo religioso de Olimpia, en el Peloponeso. La vinculación de los Juegos Olímpicos con la religión politeísta griega es muy fuerte. Se convocaban cada cuatro años y se celebraban en el mes de agosto. En ellos participaban los atletas, que debían ser ciudadanos, solo hombres, y se entrenaban durante años en los gimnasios. Los atletas participaban desnudos en la competición, cubiertos con una capa de aceite que resaltaba la belleza de sus cuerpos, y solo los hombres tenían acceso a contemplar las pruebas. Su historia se inicia en el 776 antes de Cristo y se prolongan sin interrupción hasta el 393 después de Cristo”.
Tampoco se tiene presente que en muchos deportes su origen se remonta a las lides de la guerra, por ejemplo, el lanzamiento de bala, de jabalina, etcétera; el mito maya de los gemelos del Popol Vuh señala la importancia del juego como un símbolo de la guerra (también, es cierto, que este caso está profundamente conectado con el tema de la fertilidad). Según la tradición de los antiguos mayas, la historia comienza con el padre de los héroes gemelos, Hun Hunahpú, y su tío, Vucub-Hunahpú, practicando el juego de pelota cerca del inframundo, Xibalbá. El mismo juego de pelota en Mesoamérica y su presencia aún viva en México, la vemos aún en muchas comunidades del norte de Sinaloa, entre otras, quienes juegan el ulama, variante del juego de pelota que aún se practica en comunidades rurales de aquella entidad.
En fin, necesitamos motivar a nuestra juventud a practicar un deporte; Antorcha se aventura en esta gran tarea diariamente y las espartaqueadas son muestra de ello, así que, vámonos a Tecomatlán durante una semana. Y a los jóvenes, les invito a participar con decisión y espíritu de unidad y voluntad de triunfo en este magno esfuerzo nacional al que convoca el movimiento antorchista nacional en su afán por formar al hombre nuevo necesario para construir la sociedad nueva.

Comentarios