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Hace ya más de dos meses, el 10 de octubre, fue asesinado de manera artera el presidente antorchista de Huitzilan de Serdán, Puebla, Manuel Hernández Pasión y, a pesar de todas las pruebas que tiene en su poder la fiscalía poblana y que llevan claramente a los asesinos, tanto materiales como intelectuales, de tan siniestro crimen, hasta el día de hoy no existe ningún detenido. Obviamente, evidencia no solo una actitud omisa por parte de las autoridades responsables de hacer justicia, sino también, muy probablemente un contubernio, pues de acuerdo con los testimonios y pruebas contundentes, los asesinos de Manuel son una gavilla compuesta por los caciques de la Sierra Nororiental de Puebla, es decir, personas con dinero, poder y que, como lo saben los pobladores de esa región, deben su riqueza no al arduo trabajo de ellos y sus familias, sino a la explotación inhumana de los indígenas de la sierra y al tráfico de influencias y de recursos públicos. La Fiscalía General de Justicia de Puebla ya identificó a los asesinos materiales, familiares en primera línea del presidente municipal de Zacapoaxtla Guillermo Lobato Toral, pero aún no ha detenido a nadie y ni ninguna carpeta de investigación pesa sobre el alcalde.
Esta caterva de delincuentes con poder, opuesta siempre al trabajo de organización y educación que desde años ha realizado el movimiento antorchista en la zona, pues va en contra de sus intereses; han hecho de todo para frenar el desarrollo de Antorcha y de los pueblos en ella organizados, incluyendo el asesinato; el de Manuel Hernández Pasión no ha sido el único, otros antorchistas han caído ante las balas asesinas y varios alcaldes de Huitzilan. Pero hoy, a diferencia de los anteriores asesinatos, los responsable están plenamente identificados y no podrán las autoridades escudarse en la investigación sin resultados, en la falta de pruebas, etcétera. Hoy, si las autoridades no hacen justicia, no detienen y castigan a los responsables, tanto materiales como intelectuales, no será por falta de pruebas, sino porque los hilos conductores de los asesinos llegan hasta las sofisticadas oficinas del poder. Pero si eso es lo que pretenden los asesinos, cómplices y los prebostes, sepan que desde este momento no lo permitiremos, que el antorchismo nacional, a través de los mecanismos legales exigirá justicia y que empleará toda su capacidad y fuerza política para lograrlo. El gobierno de Puebla, encabezado por José Antonio Gali, debe detener a los homicidas; tiene todo a su alcance para hacer justicia y, al mismo tiempo evitar un movimiento nacional de protesta en contra de la inacción de los órganos de justicia.
Las autoridades poblanas, encabezadas por el gobernador, y federales deberían ser las primeras interesadas en esclarecer el crimen y en castigar a los responsables, pues de no hacerlo, las instituciones seguirán perdiendo la poca confiabilidad aún gozan entre la población. El gobierno de Puebla debería ser el primero en poner en acción los mecanismos para que la vara de la justicia alcance a los responsables, pues la inacción puede entenderse, en primer lugar, como testimonio de que en esa entidad no hay autoridad que haga valer la ley y, por lo tanto, que la ciudadanía vive en un estado de total indefensión; en segundo lugar, que existen poderes fácticos más poderosos que el propio Estado y, consecuentemente, que este tiene que plegarse a ellos; en tercer lugar, y no menos grave, que existe confabulación con la mafia que asesinó a Manuel Hernández Pasión.
Es cierto que la historia del mundo y de México está llena de ejemplos donde el poder fue usado para encarcelar y asesinar a quienes los poderosos consideraron enemigos y como un problema para lograr sus nefastos intereses; que prácticamente no existe gobernante que quede fuera de esa lista; aquí estamos, con un nuevo asesinato político. Pero el crimen de Manuel Hernández Pasión no ha de quedar impune, porque Manuel cuenta con un ejército de humildes ciudadanos a lo largo y ancho de México que hará todo lo necesario y posible para que los asesinos, tanto los pistoleros contratados para tan oscura encomienda, como los caciques de la Sierra Nororiental de Puebla, dentro de los cuales se encuentran, como ya fue dicho y denunciado previamente con pruebas al canto, varios alcaldes y excaldes de la región, paguen por ese crimen y por arrebatarle a la tierra a un hijo del progreso, a un valiente antorchista.
Y en México, los antorchistas estamos iniciando a escribir otra historia, una historia que implica el destierro de los abusos del poder, de usar al pueblo como escenografía y como mudo votante para legitimar el ascenso al poder de gobernantes de todo pelaje. Estamos sumando cada mes miles de mexicanos a nuestro proyecto de nación, que lleva implícito, obviamente, bienestar y justicia social y legal para los millones de descamisados, como decía Evita Perón. Estamos organizando una gran fuerza social, consciente de sus derechos y también de las obligaciones, para cambiar el rostro a nuestra sufrida nación, con la fuerza organizada que ya tenemos, y con la que día a día se suma. Los antorchistas a nivel nacional demandaremos ¡justicia para Manuel Hernández Pasión! y no descansaremos hasta lograrla.

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