De acuerdo con la última medición de pobreza en el país, con datos de 2018 elaborada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en México se registraron 52.4 millones de personas pobres y 9.3 millones de ellas vivían en pobreza extrema. Por otra parte, hasta ese mismo año al menos 34.2 de la población en el país no tenía acceso a Internet, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). A esa crisis de pobreza y de acceso a la tecnología se suma la sanitaria por la que actualmente atraviesa el país. Uno de los sectores que padece efectos colaterales de la pandemia por el coronavirus (Covid-19) es sin duda la educación. La emergencia sanitaria está dejando al descubierto severos rezagos y la capacidad de respuesta en muchos rubros de la administración pública de los tres niveles de gobierno. Para el secretario de Educación Pública federal Esteban Moctezuma la implementación del programa Aprende en casa mantiene el principio de equidad en el acceso a la prestación de servicios educativos. La realidad desenmascara ese discurso demagógico. La corresponsal de esta casa editorial en el Valle del Mezquital Rocío Velarde nos entregó la historia de dos familias que deben sortear no solo la pobreza, ahora también las barreras de acceso a una educación pública gratuita y de calidad. Catalina es una mujer de aproximadamente 40 años, es tortillera y su esposo jornalero, ambos deben trabajar y ayudar a sus dos hijos en las tareas del programa Aprende en casa. Con pocos centavos en la bolsa apenas y les alcanza a costear los materiales que pide la escuela. Wilfrido y Marlen, es otro matrimonio que habita en la colonia Manzana de San Antonio, en Francisco I Madero. Tienen cuatro hijos y su aciaga situación no es diferente. Como ellos, millones de mexicanos enfrentan las adversidades de la “equitativa” estrategia educativa federal. De acuerdo con la última medición de la pobreza hecha por el Coneval, hasta 2018 en Hidalgo 181 mil 500 habitaban en pobreza extrema (6.1 por ciento), mientras que el rezago educativo alcanzó hasta ese año al 17.5 por ciento de hidalguenses. Además, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), hasta ese mismo año 342 mil 472 hogares en el estado no tenían cobertura de banda ancha. ¿De qué equidad habla el inquilino de la calle Brasil? A este paso, el coronavirus no solo está dejando miles de personas fallecidas y centenares de empresas en bancarrota, también está haciendo trizas las ilusiones de miles de estudiantes, fruto de la desatención histórica del estado. De filón. Un segundo paciente diagnosticado del Covid-19 se tiró ayer desde lo alto del hospital general de Tula, ¿dónde están los protocolos de seguridad? ¿Dónde quedó la tranquilidad social? Que alguien calme a este México colérico.

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