Con todo lo que ha pasado en los primeros 10 días del periodo presidencial de Trump, podemos observar que a ese señor le comen las ansias por realizar todas sus promesas de campaña a la brevedad posible, y que en ese afán, ha estado cometiendo graves errores, que tarde o temprano le van a costar caro, hasta el posible acto de revocación de su mandato.
Al parecer sobreestimó el hecho de tener mayoría republicana en ambas cámaras, y pensó que era cuestión simple y llanamente de emitir órdenes ejecutivas que pasarían rápidamente a la etapa operativa, al grado de lograr aplicar buena parte de su plan de gobierno en un tiempo demasiado corto.
Pero si bien aparentemente cuenta con una amplia mayoría en ambas cámaras (lo cual no es necesariamente del todo cierto), no ha considerado ese amplio movimiento anti-Trump que se ha desarrollado en su propio país, y también a escala mundial, que está preocupando seriamente a muchos legisladores de su propio partido, que ha provocado que una buena cantidad de alcaldes de ciudades sumamente importantes en EU se opongan abiertamente a algunas de las medidas que ha decretado.; que una buena cantidad de gobernadores hagan lo propio, que muchísimos miembros de la comunidad artística y científica también lo expresen, que las manifestaciones callejeras sean cada vez más numerosas, que los medios de comunicación estén escarbando en su pasado reciente y otro no tan reciente para descubrir una serie de asuntos un tanto (o un mucho) vergonzantes, y que todo eso apunta a un desenlace no tan cómodo para ese personaje que cree que el mundo lo puede moldear a su gusto, con el simple hecho de amenazar e imponer multas para todo.
Pero si al señor Trump las cosas se le están saliendo de su no muy bien diseñado corral de estrategias populistas (cualquier cosa que esto quiera decir), al presidente mexicano las cosas no parecen salirle mucho mejor.
Es increíble que ante una crisis diplomática de tan hondo calado como no habíamos visto desde la época de Lázaro Cárdenas, el señor Peña haya decidido colocar en la punta de lanza a “su cuate”, no importando el hecho autoasumido de que no sabe mucho de las relaciones exteriores, y no solo haberlo declarado públicamente en su presentación ante la opinión pública, sino rematarlo con un contundente “pero vengo a aprender”. Pésimo momento para jugar a la escuelita, ni Nuño con todo y su chirrionera reforma educativa se le ha salido un exabrupto de ese tamaño.
La sociedad mexicana ha avanzado en organización y claridad de objetivos tanto como no lo había hecho en décadas, y no es difícil pensar que esa madurez que se está alcanzando sea una buena escuela para enfrentar las batallas que se avecinan, y no me refiero necesariamente al proceso electoral de este año y el siguiente, sino a una gran cantidad de conflictos locales y regionales que están pendientes de resolución y que estarán por resolverse pronto, pero con una correlación de fuerzas diferente a la que existía antes de haber sucedido todo el conjunto de movilizaciones de rechazo al gasolinazo.
Tal vez sea por eso que el gobierno ya se “arrepintió” de sostener al 4 de febrero como la siguiente fecha de aplicación de otro aumento a los combustibles.
La estrategia de que todos respaldemos al presidente para salvar a México de la agresión de Trump no está resultando como lo esperaban sus promotores (Televisa, entre otros). La simple idea de que sea Peña el depositario del apoyo para defender a México resulta inconsistente, de solo pensar en su figura menospreciada y ridiculizada desde hace ya bastante meses, pero especialmente en lo que va del presente año.

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