Aprueba Ucrania ley que declara a Rusia “país agresor”

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El conflicto armado en el este de Ucrania entró ayer en una inesperada fase en la que al margen de las iniciativas que buscan romper el impasse de ni guerra ni paz que prevalece, nadie sabe qué podrá ocurrir en el corto plazo.
Queda la impresión de que todas las partes involucradas: Ucrania, los separatistas y Rusia (aunque esta no quiera reconocerse como tal), Alemania y Francia (que en nombre de la Unión Europea encabezan un esfuerzo mediador) y Estados Unidos (cuyo respaldo a Kiev es fundamental), se encontraron, desde su perspectiva divergente, con sorpresas simultáneas que barrieron de golpe todas las piezas del tablero de la negociación, donde permanecían ya durante mucho tiempo inamovibles, sin propiciar avances.
El Kremlin y los separtistas de Donietsk y Lugansk que sobreviven gracias a su protección, no esperaban que Ucrania aprobara una ley que declara las regiones que no se supeditan a Kiev como “territorios ocupados” y que califica a Rusia de “país agresor”, acusaciones que ponen en entredicho lo acordado en Minsk, considerado hasta ahora la única hoja de ruta aceptable para un arreglo político.
Alemania y Francia, impulsores de ese proceso negociador, aún no se reponen de su perplejidad ante la conclusión que sacó el presidente de Estados Unidos Donald Trump tras reunirse en Washington con su homólogo de Kazajstán Nursultán Nazarbayev, el vitalicio gobernante de ese país centroasiático en el poder desde que ascendió a la cúpula del partido comunista cuando aún existía la Unión Soviética.
Trump y Nazarbayev coincidieron en que el proceso de Minsk está más muerto que vivo y por ello es necesario trasladar las negociaciones a un nuevo sitio, se sobrentiende que será la capital kazaja Astaná, lo cual presupondría iniciar desde cero, desconociendo los entendimientos ya alcanzados (aunque no se hayan podido cumplir).

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