El libro de la semana

Bajo el sello editorial de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) se publicó el libro Apuntes sobre la biografía de Abundio Martínez, de la autoría de Fernando Rubio Lugo y con notas introductorias de Enrique Rivas Paniagua.
El consejo editorial de la UAEH determinó que una de las acciones para difundir la semblanza de hombres y mujeres que han destacado en las artes y han dado prestigio a Hidalgo es a través de la publicación de sus obras. En el caso que nos ocupa se refiere a un trabajo escrito originalmente en 1944 en el que se exalta la vida y obra del compositor huichapense Abundio Martínez (1865-1914).
El trabajo inédito Apuntes sobre la biografía de Abundio Martínez fue facilitado por el licenciado Fernando Jiménez Uribe, quien literalmente lo salvó del abandono en el que se encontraba. Luego, gracias a un esfuerzo editorial de la máxima casa de estudios de Hidalgo, se conoce una visión más humana y fructífera del músico Abundio Martínez.
Fernando Rubio Lugo nació en 1869 en la Ciudad de México y vivió de cerca las carencias, vivencias, infortunios y éxitos no reconocidos de Abundio Martínez. Refiere en sus apuntes: “…que sobre Huichapan no se ha podido precisar con claridad histórica su fundación que debe ser de origen otomí idioma que aún se conservaba en esas épocas, además este lugar ha sido cuna de gallardos héroes, de artistas notables, de profesionistas que en su momento supieron honrar y enaltecer esa tierra privilegiada”.
En sus apuntes anota que en un lugar casi despoblado de la cabecera de Huichapan existía una casita bardeada con cercas de piedra suelta, con paredones, una pieza de terrado al fondo y una cocinita al lado, lugar donde el 8 de febrero de 1865 nació Abundio Martínez, hijo de los esposos José María del Pilar Martínez y Catarina Dorantes de Martínez. Su padre le enseñó solfeo, pues era director de la banda musical de la localidad; luego Abundio aprendió contrapunto, armonía y floritura.
En los umbrales de su juventud logró organizar una orquesta con su hermano Juan, que tocaba clarinete, su hermana Lola al violín y su prima Chole en la flauta, además de otros músicos que don José María del Pilar sumó, los cuales fueron reconocidos en la región, sobre todo en fiestas familiares.
Rubio Lugo apunta que los motivos de privaciones y miseria obligaron a la familia a emigrar a la Ciudad de México; ahí Juanito, hermano de Abundio, buscó trabajo en las orquestas para baile y su hermana Lola y su prima Chole se inscribieron en el Conservatorio Nacional de Música. Abundio solía curiosear en los aparadores los repertorios de música para piano y acostumbraba ir a las escoletas de la Banda de Ingenieros que se celebraban de manera pública; al director de la banda le llamó la atención la presencia continua de Abundio, por lo que lo invitó a revisar las partituras.
Sorprendido por ese interés, el maestro Toledano lo invitó a que interpretara con clarinete una pieza, lo que de inmediato realizó aquel joven y quedó sorprendido el director de la banda por la destreza en la lectura y la interpretación que mostró Abundio Martínez. Así inició una relación amistosa. En otra ocasión el músico huichapense entregó una obra de su autoría que se conoce como La marcha en campaña, la cual fue recibida con agrado por la banda.
Durante su estancia en México, Martínez compuso polcas tales como El eco de las mandolinas, Los chamacos, El siglo XX y Unión y progreso; sus valses ¡Te amo, te adoro!, Besos y pesos y Soñando amores; sus chotises Para los ángeles, Junto a un ángel y La diosa de mi alma.
Sin embargo, no todo fue alegría para Abundio: sufrió la pérdida irreparable de su padre, sus hermanos Juan y Lola y Chole. Dadas las penurias económicas que padeció, constantemente Abundio tenía problemas para el pago de la renta y en muchas ocasiones tuvo que empeñar sus instrumentos para solventar sus gastos.
Dedicó algunas obras a personajes distinguidos con la esperanza de obtener alguna regalía, la que algunas veces fue compensada con unas escasas monedas y en otras “ni con el agradecimiento”; así dedicó el vals En altamar a la señora Carmen Romero Rubio de Díaz, y Arpa de oro, al general Porfirio Díaz.
Abundio Martínez daba clases para poderse medio mantener en la Ciudad de México. Su obra fue reconocida en las exposiciones de San Louis Missouri y de Toluca: la primera le concedió medalla de plata en música bailable y la segunda medalla de oro en música.
Martínez murió en la Ciudad de México el 27 de abril de 1914. Gracias a la entereza de don Fernando Rubio Lugo, quien falleció en 1958, hoy conocemos un poco más de la obra de un huichapense que ha dado prestigio a los hidalguenses y a México.
La obra de Abundio Martínez incluye más de 100 composiciones entre valses, polkas, pasodobles, danzas, danzones e himnos entre otros géneros musicales, y la mayoría de ellas se pueden consultar en el Archivo General de la Nación. Nuestra entidad se identifica con el pasodoble Hidalguense, de vigoroso ritmo.
El libro Apuntes para la biografía de Abundio Martínez se puede consultar en las bibliotecas de la UAEH y en la dirección de ediciones y publicaciones.

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