Aquellos días

Frida Kahlo es de esas singulares mujeres que abrazan la inmortalidad y se funden con la leyenda. Nacida el 6 de julio de 1907 en Coyoacán, Ciudad de México, fue hija del fotógrafo Guillermo Kahlo, inmigrante alemán y de Matilde Calderón, mexicana. Su vida estuvo rodeada de incidentes desagradables. En 1913 contrajo poliomielitis, que le dejó secuela permanente en la pierna derecha. Tras una rehabilitación que incluyó que practicara futbol y boxeo, se reveló como excepcional pintora. En sus obras se reflejan sus angustias de la infancia. Pero aún faltaba lo peor. El 17 de septiembre de 1925, hace 95 años, el autobús en que viajaba fue impactado por un tranvía. Su columna vertebral se fracturó en tres partes, con lesiones en dos costillas, en la clavícula y en el hueso pélvico, para citar algunas lesiones. Y esa parte fue lo que la llamó a dedicarse a la plástica, con estilo único, de dolor y calidad. Poco después se unió a Diego Rivera, en matrimonio no exento de infidelidades. Se dijo que era un vínculo entre un elefante y una paloma por sus características físicas.

Deseosa de un hijo, nunca lo pudo lograr. El 13 de julio de 1954 falleció por bronconeumonía. A la fecha se le recuerda y se le honra por su tenacidad y su inigualable arte.

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