Salían todos: la Chilindrina, Kiko, el Chavo, don Ramón, doña Florinda y, sobre ttodo, la Bruja del 71, y se convirtió en mi capítulo favorito del “Chavo del 8” –que, ipor cierto, no era muy de mi agrado–; solo porque era “medio de miedo” y a mí esas cosas me encantaban desde chiquita: había suspenso, apariciones y hasta sesiones espiritistas. La anécdota era anodina y trivial –como solía ser Chespirito–: todos los personajes se convertían en sonámbulos y por ello empezaban a pasar cosas extrañas en la vecindad, como platos vacíos en el barril del Chavo. Uno de los mejores gags ocurre cuando la Bruja del 71 le dice a don Ramón:

–¡Ay sí, Angélica María! ¿Qué le ven a Angélica María? Si le quitas la cinturita, el pelo, la boquita y las piernas, ¿qué le queda?

Y don Ramón contesta:

–Usted.

Me reí mucho –tomemos en cuenta que es un episodio de 1974–, pero lo que más recuerdo de aquel capítulo son los “espíritus chocarreros” a los que la Bruja del 71 atribuía todos los desmanes y malentendidos que se suscitaban en la noche y que se revelaban en el día. La palabra es chistosa en sí misma y a mí me sonaba a que chocarrero era aquel fantasma que “acarreaba” cadenas, como los espíritus que visitan a Scrooge en el “Cuento de Navidad”.

Sin embargo, justo hace dos días –después de volver a ver el episodio enterito para escribir este artículo– me enteré de que los fantasmas o espíritus chocarreros no tienen nada que ver con cadenas, sino que es la forma de referirse a fantasmas burlones, es decir, fantasmas que no son agresivos, sino juguetones.

El diccionario de la Real Academia Española nos dice que la palabra chocarrero refiere a alguien que dice o hace chocarrerías, es decir, una “burla, chiste, chanza o chascarrillo de modo soez, grosero, obsceno, chabacano o de mal gusto”. Mientras que el DEM afirma que es un adjetivo que se refiere sobre todo al espíritu que hace bromas, que echa relajo, que es juguetón.

Si la palabra nos resulta chistosa es por sus raíces choca- y -rrero, procedente del latín scŭrra que significa “bufón” y este del árabe socara, “burlador”.

Así podríamos decir que, de existir, los espíritus chocarreros podrían ser algo así como aluxes, chaneques o una especie de espíritus infantilizados que solo andan por el mundo de los vivos con la intención de jugar.

Los que aseguran haberlos visto o “sentido”, dicen que es muy común escuchar risas como si se tratara de duendes y ver pasar sombras; que te prenden y apagan la luz; que te esconden las tijeras o las llaves del coche; sus chocarrerías, más que miedo causan molestia. Yo sé de alguien que afirma que hay un espíritu chocarrero en su casa que siempre le esconde el papel de baño, quizás es la manera en que evita afrontar que tiene problemas de memoria o que, simplemente, es muy bruto.

Palabrotas, palabrejas y otros blablablás

Palabrotas, palabrejas y otros blablablás es un compendio de frases, palabras extrañas y no tan extrañas de nuestro idioma y otras lenguas extranjeras que seguramente los niños suelen escuchar a diario de boca de sus padres, en la radio, la escuela, la televisión o hasta leído en un videojuego.

Guacamole en náhuatl significa manjar de aguacates; cachivaches, quiere decir que recoja sus cosas; tener una jaqueca es que duela solo una parte de la choya, es decir, la cabeza. Si esas palabrotas le suenan rimbombantes a los pequeños, tenga por seguro que con este libro su conocimiento se expandirá y será más sabiondo que su BFF.

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