Historia del arte en Hidalgo

pag15-historiaAngélica Velázquez Guadarrama y Manuel Morales Damián profesores investigadores del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) reunieron en el libro titulado Historia del arte en Hidalgo 10 artículos científicos en los que dan cuenta de dos estudios sobre el arte prehispánico y el arte rupestre, además del arte virreinal del siglo XIX y XX del intelecto de 12 autores, la mayoría universitarios de esta casa de estudios.
En la introducción Velázquez y Morales reflexionan la necesidad y preocupación por conocer, descubrir y difundir el arte hidalguense patrimonio de todos los mexicanos como una necesidad que no puede esperar.
El rostro y corazón del toltécatl es el tema que aborda Liliana González Austria Noguez, donde refiere que en sus años de investigadora no ha localizado una publicación sobre la explicación de quien era en el mundo náhuatl prehispánico, un artista o cuales habilidades debería tener, justifica su investigación para tratar de responder a la pregunta, ¿cuál es el campo semántico de la palabra toltécatl?
Para ello retomó el tema de León-Portilla quien intentó establecer una filosofía del arte náhuatl, descubriendo que la palabra no puede traducirse como artista sin especificar qué, señala que la cultura occidental llama arte a la actividad religiosa que responde a una tradición y a la reproducción de patrones culturales. Liliana González sin embargo presenta una tabla de información que en su momento describió Fray Bernardino de Sahagún acerca de lo que llama “oficiales”, así destaca y describe al tipo de oficiales: como plumario, platero, herrero, lapidario, carpintero, cantero, pintor, sastre, hilador, tejedor. Toltécatl puede considerarse como un especialista en lo sagrado, un trabajador al servicio de la comunidad.
El arte rupestre del Valle del Mezquital investigado por Claudia Damián Guillén, Rocío Gress, Félix A Lerma, Yoko Villaseñor, lo describe como una muestra de relevancia para poder entender la cultura y la historia de los indígenas, así como hacer relevante que lo rupestre no pertenece de manera exclusiva a un pasado remoto, sino que por lo contrario es susceptible de ser detallado por fenómenos de la actualidad lo que hace a la pintura rupestre una cultura viva. Las manifestaciones rupestres del Mezquital se identifican por colores de pigmento blanco, rojo y negro, sobre todos las de los sitios de El Boyé y el Cajón de Huichapan. La gráfica rupestre tiene distintas características formales y temáticas, existen elementos recurrentes como una serpiente negra Bok´ä en lengua hñähñu, este elemento también aparece en lugares como El Zapote y Mandodó en Alfajayucan, El Boyé y el Xindhó en Huichapan y en Santa Lucía y Ninthi en Tecozautla, los investigadores resumen la importancia de la serpiente en el contexto religioso.
Eliza Vargas Lugo doctora honoris causa por la UAEH nos introduce al convento Agustino de Molango, describe que el nombre de Molango deriva de Mola, un ídolo de acuerdo con la antigua tradición local que se veneraba en ese lugar, que según el padre Grijalva Mola era un culto sumamente arraigado y famoso que recibía peregrinaciones y ofrendas permanentemente, al paso del tiempo convencieron a los indios del carácter “demoniaco” de Mola hasta ser destruido y más tarde construyeron la primera iglesia que fue pequeña, según relata Grijalva el demonio nunca más volvió, después otra iglesia donde hoy está, considerando que en 1538 la actual estaría en construcción.
El conjunto conventual consta de iglesia, claustro y un gran patio que era un cementerio, con una alta y magnífica espadaña, tuvo cuatro capillas posas que ya desaparecieron. El convento de Nuestra Señora de Loreto de Molango, antiguamente llamado de Santa María ocupa un papel importante del siglo XVI. La Sierra Alta vale la pena recordar que las espadañas probablemente se construyeron en lugar de los campanarios o como remates de las fachadas ante la imposibilidad de erigir torres por los pocos recursos, entre las más importantes destacan por sus espadañas las construcciones religiosas de Tlanchinol, Tehuitzila y la propia de Molango.
“Los murales de la iglesia y el convento de San Miguel Arcángel de Ixmiquilpan” artículo escrito para este libro por Arturo Vergara Hernández, lo tituló la polémica continuó… para ello hace la cita bibliográfica de más de una veintena de autores quienes a lo largo de los años han debatido académicamente sobre la interpretación de los murales. Vergara comenta diversas posturas y propone la suya vinculando la obra de arte de los murales con el momento histórico en que estos fueron pintados y de quienes intervinieron en su elaboración, el autor conduce al lector a un recorrido histórico desde autores como Francisco de la Maza quien relacionaba los murales con la mitología griega o la de Abelardo Carrillo quien en su punto de vista señala que la pintura representa un enfrentamiento entre hombres contra monstruos o también la de Charles David Wright que la identifica como una representación de la guerra sagrada mexicana.
El interesado seguramente al leer el texto y una vez informado tendrá sus propias conclusiones sobre la representación de este mural del convento de San Miguel Arcángel de Ixmiquilpan que tanta polémica sigue causando.
Xóchitl Aguilar de Hinzpeter dedica su artículo al historiador Víctor Manuel Ballesteros García quien fue uno de los investigadores de la actual licenciatura de historia que se imparte en la universidad, Xóchitl describe un lienzo firmado y fechado por Francisco Martínez en 1735 en técnica al óleo sobre tela, la obra pictórica es de gran formato 4.20 metros de alto por 7.60 de ancho, terminado en medio punto que se localiza en el coro de la parroquia de San Francisco en Pachuca, la cual tituló “La inmaculada apocalíptica”, obra artística montada sobre su estructura que está compuesta por tres módulos, que no representan dificultad en su lectura, su estado de conservación requiere de una restauración ya que es de gran valía, no solo para enaltecer al autor sino para difundir la historia del arte en la entidad hidalguense.
Refiriéndose a Francisco Martínez, Aguilar de Hinzpeter destaca sobre la vida y obra que se conoce del autor pues en otras ocasiones fue estudiado por Luisa Elena Arcalá y por la información de Manuel Toussaint, de lo que se desprende que Martínez fue un prolífico artista cuya actividad creativa se ubica entre 1717 y 1758 siendo el más renombrado dorador, además de desempeñarse como pintor, estofador decorador y ensamblador de retablos, entre los trabajos más sobresalientes se citan el dorado del retablo del altar de los Reyes de la Catedral de México en 1743. También aparece el nombre de Francisco Martínez en un gran cuadro en el sagrario de la iglesia de Tepeji en el que representa a la Purísima rodeada de ángeles, sin duda su pintura del siglo XVIII lo coloca como uno de los más distinguidos de los pinceles novohispanos.
Raquel Barceló Quintal aborda desde su peculiar estilo académico los prismas basálticos que decoran las paredes de la barranca de Alcholoya, donde las aguas de la presa de San Antonio forman cascadas que llamaron la atención de viajeros como Alejandro Malespina, Alexander Von Humboldt, Johan Moritz Rugendas, el barón de Courcy y Adela Bretón. Tal belleza de la naturaleza embrujó a los pintores románticos del siglo XVIII Y XIX. Con respecto a Malespina, desarrolló una expedición en agosto de 1871 en que visitó Huasca donde pintó paisajes y por supuesto la barranca de los prismas basálticos; Humboldt por su parte establece en su cuadro el concepto de paisaje en confrontación a la obsesión romántica por experiencia plena de naturaleza, esta pintura fue elaborada a lápiz en 1803, hoy se exhibe en el museo de Londres y forma parte de la iconografía de este viajero quien llego a reunir mil 500 láminas publicadas en 34 volúmenes que constituyen la obra completa del sabio prusiano, en la crónica de la visita de Humboldt al hoy territorio de Hidalgo describe que el 17 de mayo de 1803 salió de Real del Monte y el 19 del mismo fueron recibidos en la hacienda de San Miguel Regla por el propio conde Regla y un día después visitaron la barranca de los prismas basálticos.
Raquel Barceló explica con respecto a Johan Moritz Rugendas uno de los más sobresalientes dibujantes y pintores que vinieron a México siguiendo las paso de Humboldt que viajó a América en 1821; se dice que este viajero llegó a México entre 1834 y 1835, sus cuadros literarios de este científico alemán se debieron a la afinidad de la contemplación de la naturaleza.
El barón de Courcy fue también un viajero curioso que pintaba por afición así lo narra Barceló, fue un paisajista romántico. Finalmente Adela Bretón llego a México en diciembre de 1896 procedente de Estados Unidos, traía consigo material para acuarelas, cuadernos de dibujo y lo sorprendente de la época, una cámara fotográfica.
Manuel Morales Damián investigador adentrado en la vida y obra de Jesús Becerril, pintor hidalguense del siglo XX, escribe “Cristianismo militante de la pintura” de este notable pintor. Entre las obras que destaca con gran atingencia y acuciosidad están las de la parroquia de Santa María la Asunción de Pachuca que título “Santa Cecilia para el coro”, además de emprender un proyecto para la pared del altar que desafortunadamente quedó inconcluso, a decir del pintor: “la obra fue suspendida por la autoridad de la parroquia dada las críticas pues lo acusaban de pintar ángeles desnudos”, manifestó en vida que la pintura depende de la mente de quien la mira, la obra en tela fue terminada y removida hacia el acceso del baptisterio y quedó sin concluir la de Cristo.
Otra de las obras pictóricas que estudió Manuel Alberto está en la Ciudad de los Niños con el tema de la crucifixión, la de la iglesia del Buen Pastor ubicada en la parroquia 11 de Julio que también refiere a la crucifixión de Cristo, la de la parroquia del Espíritu Santo fechada en 1987 en donde Becerril destaca la habilidad para integrar su obra pictórica en un espacio de arquitectura moderna; en la iglesia del Chacón dejó tres obras, el mural del altar mayor y dos dispuestas en las paredes laterales, en la parroquia de la Resurrección en la colonia del ISSSTE pintó una tela montada sobre un bastidor de madera precisamente con el tema de Jesús resucitado, en el Seminario Mayor de Tulancingo también dejó obra.
En el viacrucis de la iglesia de Necaxa del estado de Puebla realizó uno de los más grandes murales en la que aplicó directamente acrílico sobre el muro, para así ilustrar las estaciones utilizadas para meditar sobre el misterio de la pasión de Cristo. Becerril añadió en este gran mural dos escenas extras como una introducción y un colofón al viacrucis, se trata de una escena de un cordero sacrificado en el fuego de un altar de piedra y finalmente tras la última estación un perfil de la tierra y tres manos de pigmentación diferente: morena, blanca y amarilla.
El libro es complementado por Hugo Arciniega quien describe “Pachuca: su camino de ciudad subterránea a capital estatal”, en su artículo cita antecedentes de creación del estado de Hidalgo ,materiales cartográficos resguardaos por la Mapoteca Manuel Orozco y Berra de la Ciudad de México, el paisaje minero, la traza heredada, la traza representada en 1864, la traza consagrada después de la caída del imperio y una reflexión final sobre la apreciación de los edificios. La discreta Pachuca resaltando la figura de Ramón Almaraz de sus trabajos de la “Memoria de comisión científica de Pachuca”.
Por su parte Manuel González Manrique desarrolló el tema de aproximación al estudio de la escultura política en Pachuca durante la década de 1950, hace referencia al Monumento a la Revolución, punto de partida del México contemporáneo, a la escultura de Benito Juárez, al Monumento de la Independencia.
El libro concluye con el estudio de Deni Trejo Barajas quien ahonda en imágenes del Valle del Mezquital de la obra de Antonio Trejo Osorio, se sabe que este personaje hasta los 20 años había sido autodidáctica en el campo del dibujo y la pintura hasta que tuvo la oportunidad de inscribirse en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, ahí conoció y trabajó con los pintores Julio Castellanos, Alfredo Zalce y José Chávez Morado. La autora de este artículo se pregunta, ¿el por qué Antonio Trejo se mantuvo hasta cierto punto distante de los principales exponentes de estas corrientes?, falta mucho por conocer y aprender de los grabados y pinturas de Trejo, que ahora forman parte de una estética identificada con la plástica mexicana que trataba de mostrar una realidad social.
Historia del arte en Hidalgo podrá consultarlo en las bibliotecas de la Autónoma de Hidalgo, en la librería Carácter del Pabellón Universitario de Ciudad del Conocimiento o en la dirección de ediciones y publicaciones de la UAEH.

Historia del arte en Hidalgo constituye un diálogo entre el pasado y el presente, muestra la cultura que permanece en el tiempo y en las formas de vida