¿La escuela rota?

Hace casi dos semanas iniciamos clases casi todas las universidades, la apuesta cada semestre es crecer cualitativamente, incidir en el pensamiento crítico de nuestro alumnado y motivarles a la acción positiva. Sin este sueño docente, quienes nos dedicamos a la enseñanza no tendrían sentidos los días, las horas, las actividades, la reflexión, la discusión, y el debate. ¿Utópico en estos días pragmáticos y críticos? Quizá, pero sin esta mística no podríamos continuar muchos de nosotros en las aulas, con los jóvenes, en la vida.
Contra esta ilusión un estudioso del tema, Eduardo Andere, considera el sistema educativo un fracaso. ¿La causa? Muchos dirán que la culpa es de los docentes, otros dirán que éste quedó rezagado frente a los retos de la globalización y las nuevas tecnologías. Multifactorial es el problema, sin embargo, en la obra de este especialista: La escuela rota. Sistema y política en contra del aprendizaje en México (Siglo XXI, 2013), ofrece contundente y en primera instancia una respuesta: “el problema educativo de México y su desempeño se debe a la fallida política educativa y a las perversas relaciones monopólicas de poder”.
Andere condena el monopolio en cualquier ámbito porque mutila potencialidades y el sistema educativo, su sindicato y sus personajes y personalidades en la educación no son ajenos a este mal del mundo y de nuestro país, concretamente.
No obstante y a pesar de la inercia histórica y política del tema en la educación el autor apuesta que la solución puede encontrarse en “algo todavía más profundo que la política y las relaciones de poder y tienen que ver con la cultura… los hábitos culturales del mexicano, perjudican o entorpecen el aprendizajes. Por eso, la solución es un camino a seguir en las escuelas y los hogares cuando el de las políticas públicas está cerrado… A nivel micro, en la intimidad del hogar o del aula o de la empresa, nadie impide que uno lea un libro en lugar de ver la televisión, que uno convoque a una reunión de inteligencias en lugar de acudir a una manifestación de anuencias; nada nos impide, ni siquiera los arreglos más individualistas en las cúpulas de poder, caminar hacia el museo o la biblioteca en lugar de acomodarse en el sofá o abandonarse en la holgazanería. Creo profundamente en el poder de uno como la mayor palanca de cambio para todos”.
Afirmación valiosa sin duda para inspirarnos y apostar a hacer de este semestre, de este año, un tiempo de cambio, personal para luego apostar de poco a poco en uno social, nacional. Es decir, no perder la esperanza y nadar contra corriente, sobre todo “a la luz de los resultados de desempeño y los sufrimientos de millones de mexicanos por una sociedad descompuesta (rota) en términos de pobreza, inequidad, inseguridad, deterioro ambiental y corrupción… Necesitamos arreglar nuestras instituciones, la escuela y el hogar. Para ello, los adultos debemos ponernos de acuerdo. Con esa idea, quizá platónica o romántica, pienso que el poder de todos puede catapultar al poder de uno”.
La invitación está, solo nos queda a todos y cada uno asumir el reto y el sueño.