“Este es un puente y se pasa por arriba” (Primera parte)

¿Para qué sirve un puente si no es para continuar un camino? Al parecer hay quienes no están muy seguros de eso y necesitan que alguien se los recuerde. Tal es el caso de los pobladores de la villa de Santa María de los Lagos; luego de 109 años que duró la construcción del puente de Los Lagos, las autoridades locales tuvieron que instalar un letrero con la leyenda, que da nombre a este artículo, para que las personas dejaran de cruzar por debajo.
A continuación, presentamos la primera de dos partes de un texto dedicado a los puentes mexicanos ubicados en el Bajío y a algunas divertidas anécdotas que existen alrededor de ellos.
El Bajío es la región del centro de México que comprende los estados de Guanajuato, Querétaro, Michoacán y las llanuras orientales de Jalisco. La extracción de plata y oro del reino de Nueva Galicia durante el Virreinato propició el desarrollo de la agricultura, la ganadería y el establecimiento de múltiples vías de comunicación que lo unían con la metrópoli. El Bajío era la puerta del norte de la Nueva España, por esta región se trazó el camino Real de México, a Santa Fe de Nuevo México.
La historia que suele escribirse con mayúscula –la que narra grandes hazañas sobre obras públicas que desarrollaron civilizaciones al unir puntos alejados y dar continuidad a los caminos– pocas veces refiere las anécdotas que, en la cotidianidad, permiten que las personas se identifiquen con las obras públicas y las hagan verdaderamente suyas. Porque no todo es ladrillos y metal en eso de la construcción; aunque los puentes son estructuras que dan cuenta de la cultura, la arquitectura y la historia de un determinado lugar, lo cierto es que como todo lo humano, también son espacios para encuentros fortuitos, hogar de desamparados, sitios de recuerdos cómicos y hasta lugares de culto. Aquí unas muestras:

Puente Moja:
este puente tiene una historia muy particular. En realidad, el mote original era el Mojanalgas, porque antiguamente, durante las crecientes, el agua del río rebasaba el puente y provocaba que quienes lo cruzaran se mojaran la parte del cuerpo “donde la espalda pierde su casto nombre”. Hoy en día forma parte del patrimonio histórico de Guanajuato y delimita al municipio de Apaseo el Grande con el de Celaya.
Puente de las Encueradas:
está ubicado a la altura del kilómetro 125 de la carretera Irapuato-León, sobre el arroyo Zarco. Cuenta la historia que por allá de la década de 1960 un grupo de señoras de alta sociedad, encabezado por la primera dama municipal, luego de un baile en la capital del estado tuvo un percance. El camión, en el que alegremente iban cantando canciones de José Alfredo Jiménez, cayó luego de impactarse contra el barandal de la estructura; las damas fueron sacadas por la Cruz Roja “atarantadas, desgreñadas y casi desnudas”… de allí el ilustrativo nombre del puente.

Puente de los Frailes:
se encuentra en el estado de Michoacán. En el siglo XVI religiosos franciscanos, escoltados por soldados, fueron atacados por una jauría de lobos hambrientos. Los soldados abandonaron a los frailes y éstos, a merced de los lobos, se encomendaron a Dios y como por milagro se salvaron. Hoy el puente no solo es un homenaje para ellos, sino un lugar de oración y recogimiento.
No se pierda la segunda parte con más anécdotas en el artículo de la próxima semana.

HID22-18062016