Maldito Vicio: Perfección formal

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La perfección recuerda a la utopía; inalcanzable, pero que sirve para avanzar a sabiendas que jamás podremos presenciarla. Peligrosa también al volverse obsesión; pensar en los resultados solo alarga el camino, una tortura mínima y constante que no deja de ser disfrutable, como testimonio Xavier Sirés en esta entrega. La perfección formal fue objeto de culto del modernismo literario, que representa la independencia literaria de América Latina y la transformación de la poesía española. En esta ocasión Amado Nervo, uno de sus exponentes nos regala, paradójicamente, una lección de humildad.

Día en la vida de este hombre

Xavier Sirés*

¿Cuánto estoy dispuesto a dar a cambio de ser el mejor en hacer algo? La pregunta me la empecé a hacer a los 18 años, aunque para entonces, ya llevaba tiempo esforzándome por llegar el primero a los sitios, sacar las notas más plausibles, ser quien más hablara en las charlas.
En definitiva, todo ello me había convertido en un garabato, una exageración de mí mismo. Insistía tanto en despuntar que la gente que me rodeaba se asustaba; incluso los había que se escandalizaban y, discretamente, buscaban el modo de alejarse de mí.
Pero ese despropósito que era mi actitud había dejado de tener importancia desde el momento en que estaba dispuesto a cambiar. ¿Duró mucho? El cambio, digo. Tuve tiempo de disfrutar de mi propia vida a lo largo de cinco semanas. Seis a lo sumo. Dejé de preocuparme por estar en el ranking de superhombres que me había inventado y me centré en hacer de mí alguien feliz. Sin embargo, me he dado cuenta de que estoy reincidiendo. He vuelto a mi cauce de siempre y me he repetido que tenía que ser el mejor en ese cuento de ser feliz.
Es una situación que tiene lo suyo de absurda. Ya en un principio llegué a la conclusión que los ganadores consiguen sus méritos por algo más que esfuerzo. Entre gramo y gramo de tesón, se les cuela una pizca de talento. Es ese talento el que los lleva a triunfar, a quedarse con el primer puesto de los concursos. Y además, la diferencia entre el ganador de un concurso y yo, es que él se ha concentrado en ganar ese concurso, mientras que, en mi obsesión por abarcarlo todo, he querido apuntar a lo más alto, al primer premio de todos los concursos.
Pero que viera con mis propios ojos que la situación era así no sirvió de nada; seguí en el mismo plan y aún me crecí más en la cursa por alcanzar mi objetivo. Porque sí, es una cursa; estoy hecho un corredor. Me levanto cada mañana con un vuelco de corazón y me muevo en un frenesí que ni los del baile de San Vito. Si me hago un café, tengo que degustarlo con más placer que los demás bebedores; si hago un trabajo, mi investigación debe ser más exhaustiva que la de mis compañeros; si como alguna cosa, la he de comer en mayor cantidad que el resto de comensales.
Y, siendo consecuente con mi propia tenacidad, me he convertido en un cafetero de nervio despierto, en un estudiante conocido por la calidad de sus redacciones y en un joven que, poquito a poco, se desliza desde el umbral y entra en carnes.
Claro está que, buscando esa perfección en cualquier aspecto de mi vida, las veces que me he equivocado también me he frustrado. En esas ocasiones me llevaba una mano a la nuca y me la rascaba, diciéndome: “Anda, vete a dormir, que mañana es un día en el que aún no has metido la pata”. Obedecía mi consciencia. Me arropaba pensando en que el día siguiente sería maravilloso. Al menos en mi imaginación lo era. Recordaba los anteriores y los veía plagados de torpezas que no me podía perdonar. En cambio, el mañana era perfecto y limpio, ¡limpísimo! No lo había manchado con ningún paso, respiración o palabra fuera de lugar.
Dormía teniéndolo en mente. No lo olvidaba ni en sueños. Esperaba con ansia que se hicieran las siete de la tarde para clavar una mejilla en la almohada y pasar del viernes al sábado, del sábado al domingo y del domingo al lunes.

*Xavier Sirés (Barcelona, 1998). Es estudiante de bachillerato humanístico. Publica su obra en su blog www.xaviersires.com, y en algunos espacios digitales como Más Veinticuatro, Luzzeta, Tenían veinte años y estaban locos, Obituario, Culturamas o Cultura Colectiva.

Autobiografía

Amado Nervo*

¿Versos autobiográficos? Ahí están mis canciones,
allí están mis poemas: yo, como las naciones
venturosas, y a ejemplo de la mujer honrada,
no tengo historia: nunca me ha sucedido nada,
¡oh, noble amiga ignota!, que pudiera contarte.

Allá en mis años mozos adiviné del Arte
la armonía y el ritmo, caros al Musageta,
y, pudiendo ser rico, preferí ser poeta.
¿Y después?
He sufrido, como todos, y he amado
¿Mucho?
Lo suficiente para ser perdonado…

Amado Nervo (1870-1919). Poeta mexicano nacido en Tepic, Nayarit. En su juventud quiso ser clérigo, los estímulos de la vida, los viajes, los amores y la poesía lo llevaron por otro camino. Su estética fue marcada por grupos que se congregaban alrededor de La revista azul y Revista moderna, en cuyas páginas se desbordaba todo el ímpetu del modernismo americano.

TUITIZA LOCA

#Perfeccionismo es una excelente manera de olvidar el propósito y justificar por adelantado la derrota

@JuanCarlosArt
2 de mayo de 2016