Arely, y otro modo de ser aire, de ser libre

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Arely

Su caso

Ir contra corriente

El 13 de octubre de 1985 comenzó a escribirse un episodio más sobre la lucha por la equidad de género, el título de esta historia es Jazmín Arely Rendón Amador; durante su infancia y adolescencia no hubo lugar para el término machismo y a los 19 años su padre le otorgó la llave que abriría las puertas que los estereotipos pretenderían cerrar.
“Mi padre me enseñó a conducir a los 19 años y desde entonces tuve varios empleos en donde únicamente destacaban hombres; laboré como chófer y vendedora de diferentes empresas que distribuyen dulces y galletas; salí de ellos porque me resultaban empleos cansados, eso sucede cuando tienes que cargar cajas repletas de mercancía todos los días.”
Después de rechazar la sumisión y la violencia intrafamiliar, decidió emprender su vuelo etiquetada por la sociedad como una madre soltera a cargo del desarrollo económico y emocional de tres niñas, de 12, siete y cuatro años. “Una sabe perfectamente cuando una relación no va a funcionar, y cuando un hombre es una pareja y un padre ausente, debes tomar la decisión de seguir adelante, trabajando con la frente en alto. Antes de mi actual empleo fui asistente en un despacho jurídico, fue un buen trabajo, pero tuve que salir por mi último embarazo”.

Un trabajo de hombres

Hace año y medio desafió a su propio entorno cuando ingresó a trabajar como chófer de la ruta colectiva Palmar-Ceuni, un empleo considerado para hombres, con jornadas laborales los días miércoles, jueves, sábado y domingo en horarios que varían entre las 5:30 de la mañana y las 10:30 de la noche; el pasado miércoles inició a las 6:30 horas y culminó a las 21:30.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés), igualdad de género significa la existencia de las mismas oportunidades y derechos entre hombres y mujeres, la igualdad de género es una pieza clave en el progreso de cualquier nación; sin embargo, México continúa siendo un país calificado como machista, con desventajas históricas y sociales que definen el trabajo que deben desarrollar los hombres y el que pueden llevar a cabo las mujeres… la siguiente no es una historia feminista, sino una historia de empoderamiento femenino.

“Mi primo me ayudó a entrar como chófer a la ruta porque buscaba empleo, pero en un trabajo convencional o delegado a mujeres no me alcanza, por ejemplo en una zapatería te pagan 500 o 600 pesos semanales con horario parecido al que tengo en la combi, eso nada más te alcanza para cubrir tus pasajes y comida, en cambio aquí tengo tres días libres para dedicarlos a mis hijas, pero sí es un trabajo cansado.”
Además de conducir todo el día, Arely también se enfrenta diariamente al machismo de la sociedad: “Ay, es una vieja”, “¿cómo es posible que venga manejando una mujer?”, son expresiones cotidianas para sus oídos. “Soy la única mujer en esa ruta y laborar en un círculo de hombres es complicado, sumado a convivir con el carácter de muchas personas todos los días. Tengo que ser tajante e imponer respeto a mi persona en todo momento.
“El machismo no es exclusivo de los hombres, las mujeres también discriminan, recuerdo que un día una señora me aventó el dinero en la cara y exigió descender de la unidad; en el caso de los pasajeros hombres, varias veces me han invitado a salir o me piden mi número de teléfono y mi respuesta siempre es la misma: ‘Señor, yo estoy trabajando, no vengo aquí a buscar marido.’”
Actualmente en la Bella Airosa, ante miradas de mujeres y hombres de todas las edades, además de Arely, nueve mujeres más laboran en diferentes rutas colectivas; el empoderamiento femenino también significa dignificar tu trabajo, respetar las reglas y tener la capacidad de aceptar comentarios bondadosos o hirientes.
“El pasaje debe entender que todo trabajo es digno, debería ver las cosas de diferente manera y ponerse en los zapatos de los choferes, no únicamente en los míos por ser mujer. También recibo comentarios bonitos que me alientan a seguir, principalmente de niños y niñas que se asombran de ver a una mujer al volante, pero repito que no es fácil, mi hija mayor no se siente muy contenta con mi trabajo y a veces me cuestiona ‘mamá, ¿cómo es posible que trabajes en eso?’; mis padres sí me apoyan y no siento ningún tipo de vergüenza por desarrollar esta labor.”
Conserva con ella el anhelo de reanudar sus estudios, pero por el momento en su tiempo libre se dedica a la venta de calzado, no olvida que ser responsable de tres vidas conlleva tiempo, dinero y esfuerzo, “nada es imposible, querer es poder; si tú forjas la iniciativa, tus hijas tendrán la iniciativa de hacer algo diferente. Ojalá todas las personas que utilizan el transporte público y la sociedad en general entendieran que todo trabajo es digno y que lo hago por necesidad, pero también por progresar”.
Preserven en su memoria este nombre, Jazmín Arely Rendón Amador, primera mujer chófer de la ruta colectiva Palmar-Ceuni, madre soltera de tres hijas, quien dijo no a la violencia intrafamiliar. Hija, amiga, mujer. Hoy su sonrisa y su respectiva lucha en busca de la equidad de género nos recuerda que tenemos espíritu, pero necesitamos temple.

“Dicen que soy brusca, que no sé lo que digo. Brusca porque miro de frente, brusca porque soy fuerte”

Nellie Campobello

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