Argentina está a un partido de consagrar uno de los mayores fracasos de su historia. El próximo martes se enfrentan a Ecuador en el coloso de Quito con la misión de ganar, sí o sí, para asegurar la repesca rumbo al Mundial de Rusia 2018. La última vez que los “ches” quedaron fuera de la máxima competencia futbolística fue en México 70, por lo que no es gratuito decir que Buenos Aires está convertida, ahora sí, en La Ciudad de la Furia. Y a todo esto, ¿qué pasa con Messi?
No es la primera vez que nos preguntamos por el extraño fenómeno que ocurre cuando el rosarino se calza la albiceleste, el cual se ve acentuado por el contraste opuesto con lo que pasa cuando Cristiano Ronaldo defiende la causa portuguesa. Como él mismo dijo el día de su amago de renuncia, “la selección no se le da.” Ni siendo recibido como un superhéroe en la Bombonera con la leyenda “el mejor jugador del siglo” –porque nadie por encima de Diego Armando– encontró la fórmula para ayudar a romper la red del rival en turno: un Perú con el arquero Pedro Gallese en estado de gracia.
Pero, ¿acaso Leo Messi jugó mal? ¿Fue el pecho frío que tanto le acusan sus detractores? Para quien no vio el partido las estadísticas deberán ser suficiente. La Pulga generó seis ocasiones de gol, además de mandar dos disparos al poste. En una actitud que se ha acentuado con el paso de los años, refleja en su rostro la impotencia cada que no le salen las cosas como quisiera. Se lleva las manos al rostro, arroja un escupitajo y se acomoda la playera una y otra vez. Al 10 no le gusta la idea de ser un simple mortal.
Se ha criticado hasta el cansancio la falta de química y contundencia de los que lo rodean. Desde Higuaín, pasando por Benedetto y Di María y hasta al joven Dybala, a todos se les ha apuntado con el dedo por no respetar una premisa básica que en Barcelona es ley dogmática y en Twitter es un hashtag célebre: #DáselaAMessi. El balón al que sabe, algo bueno sucederá. Pero no al pie, diría un cronista argentino. A Messi hay que buscarle en los espacios y moverse a nuevos huecos para que él ponga la magia y los demás los goles.
Argentina está a 90 minutos de un suspiro de alivio o un llanto de desaliento. En un partido que millones seguirán, solo una cosa es segura: si Messi pierde, el futbol pierde.

Comentarios