GERARDO GIMÉNEZ RAMÍREZ
Pachuca

El olor natural del cuerpo es muy excitante. Nos desprendemos de él mediante el baño o lavados diarios, hasta lo ocultamos con fragancias artificiales. Se considera al olfato el sentido que da la definitiva en lo que denominamos “química sexual” y, por consiguiente, de la atracción.
Podemos utilizar fragancias naturales estimulantes, mejor si vienen en aceites, para lograr una mejor impregnación de la piel y mayor durabilidad del aroma.
No hay que dejar de lado las feromonas, sustancias inodoras e incoloras producidas por nuestros cuerpos, captadas por el órgano vomeronasal que se encuentra en nuestra nariz, y que logran la activación sexual y un intercambio sexual de placeres
muy intensos.

Oler el sexo

En cada fosa nasal hay aproximadamente 3 millones de receptores olfativos, divididos en dos partes a manera de estampillas. Esos receptores son los únicos nervios del cuerpo expuestos directamente al aire. Los receptores de la cavidad nasal izquierda transmiten mensajes al hemisferio cerebral izquierdo (el de la lógica), y los de la cavidad derecha, al hemisferio derecho (el de la intuición). Por lo tanto, el olor se identifica en el izquierdo y se describe emotivamente en el derecho.
El olfato es el sentido más rápido de los cinco que poseemos. Apenas tardamos medio segundo en identificar cuál de los 10 mil olores registrados en nuestro cerebro flota por debajo de nuestra nariz.
Sexualmente hablando, encontramos términos novedosos, actuales y técnicos como “barosmia”, que es la excitación desencadenada por el olfato; “ozolagnia”, la excitación sexual provocada por los olores fuertes; “renifleurismo”, cuando la excitación proviene del olor a orina (asociado a problemas como la urofilia, fijación a la orina para lograr la activación de la respuesta sexual); “olfactofilia u osmolagnia”, cuando se trata de olores que provienen de las axilas o de los órganos genitales, y, para que veas que no todo va por lo mismo, “antolagnia”, la excitación sexual que produce oler flores.
Es innegable la importancia que tienen los olores corporales antes, durante y después de nuestras relaciones sexuales. La sexualidad y el amor son pura química, por lo que no hay que desdeñar el papel fundamental que juega nuestra nariz a la hora de encender (o apagar) la llama de la pasión.
La alemana Ingelore Ebberfeld es la autora de una interesante tesis doctoral que intenta responder qué función desempeñan los olores en nuestra sexualidad. Para elaborar su estudio realizó una encuesta en la que casi la mitad de los participantes afirmaron ser estimulados sexualmente por el olor de sus parejas e incluso un 8 por ciento de hombres y 5 por ciento de mujeres “confesaron” haber recurrido a ropa anteriormente usada por sus parejas como instrumento de excitación.
Tras el olor corporal sin perfumes, aparece en la lista el olor corporal perfumado (45 por ciento), el olor íntimo (31 por ciento), el olor después del acto sexual (26 por ciento) y el olor axilar (23 por ciento). Independientemente de los resortes que se disparan y activan en nuestro organismo ante ciertos de estímulos olorosos, queda claro que los olores tienen mucho que ver en la comunicación sexual. En ese sentido, juegan un papel muy importante las feromonas. Aunque no podemos percibir su olor, nuestro cuerpo reacciona ante su presencia e incluso influyen en la elección de la pareja aunque, a diferencia de los demás animales, no reaccionamos automáticamente ante ellas.
Mención especial en este aromático artículo merecen los olores que expelen nuestros órganos genitales. Ya hemos comentado los efectos afrodisiacos que producen en algunas personas.
Sea como sea, los olores corporales genitales tienen el efecto contrario al que estamos comentando en muchas personas. Repelen, dan asco y se lucha denodadamente para eliminarlos. A veces, tanto rigor higiénico puede ser perjudicial, llegando a alterar la naturaleza genital al usar jabones o desodorantes que irritan o se cargan algunas bacterias beneficiosas para la salud de la vagina, por ejemplo. En cualquier caso, una buena higiene diaria siempre es aconsejable, como en el resto del cuerpo, pero sin obsesionarse ni arrancarse la piel.

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