Arrivederci, Cristiano

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Roberto Pichardo Ramirez

“Cristiano Ronaldo se va a la Juventus”. Ese fue el encabezado que dominó las portadas deportivas del mundo el día de ayer tras anunciarse, de manera oficial, el fichaje bomba del siglo. Todo es felicidad en Turín; todo es desgracia en Madrid. Los contrastes de la partida del Bicho a Italia han diagnosticado más tristezas que alegrías: ni los aficionados del Barcelona están tan contentos como podría pensarse.

El día de hoy ya sabemos quiénes disputarán la final de la Copa del Mundo, el tema central del periodismo deportivo en el último mes. También sabemos que, un día después de que el trofeo más codiciado de todos haya sido entregado al mejor combinado del planeta, la camiseta número siete de la Juve será entregada a su nuevo dueño. En menos de 24 horas, dos nuevos capítulos serán escritos en la historia de la pelota número cinco.
Ahora bien, si nos preguntáramos quién es el mayor perdedor en esta naciente historia de amor entre el Sargento y la Vecchia Signora. El principal candidato es el Real Madrid, quien se despide de uno de los mejores futbolistas en su historia y un referente incuestionable en el ataque, cuya presencia fue vital para la conquista del bicampeonato europeo. Los merengues, que también dijeron adiós a Zinedine Zidane hace unas semanas, deberán reforzarse con uno o dos jugadores de talla mundial que terminen de redondear una plantilla que, hay que decirlo, es imponente aun sin Ronaldo.

La Liga Santander también se verá afectada con la partida del crack portugués. Ante la inminente fuga de fanáticos merengues tras el adiós del Bicho, las audiencias también irán in decrescendo. Nunca más veremos un clásico donde se enfrenten los dos jugadores más importantes de la época. Y quién sabe, puede que al propio Messi le afecte perder a su rival deportivo. Lo cierto es que todo cielo se inunda en penumbra cuando uno de sus astros más resplandecientes se apaga.

El legado de Cristiano avala su decisión. Muchos han reprobado su salida considerándola una falta de respeto al club y a sus logros. Lo cierto es que, como nos ha demostrado LeBron James (homónimo de CR7 y Messi en el baloncesto), el cambio de aires es un acto de madurez y sabiduría en deportistas cuya determinación los impulsa diariamente a ser mejores, incluso a los 33 años de edad. El mejor de los merengues se va por la puerta delantera y se convierte en una leyenda del futbol español.

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