Cuando el gobernador Omar Fayad turnó al Congreso local una lista de cinco prospectos, del que saldría el sucesor del exprocurador Javier Ramiro Lara Salinas, quien días antes había renunciado a su cargo, sobresalió el nombre de Raúl Arroyo González, magistrado del Tribunal Superior de Justicia y, tiempo atrás, presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Estado y exdelegado de la PGR en el Estado de México.

Lo anterior no significa que los otros cuatro nominados carecieran de solvencia profesional para el cargo, sino que con Arroyo González había un adjunto peso político por su desempeño en otras tareas.

Fueron respetabilísimas las inclusiones de Arturo Sosa Echeverría, Lidia Noguez Torres, Juan Alejandro García Godínez y Carlos Muñiz Rodríguez.

Este último, secretario de Desarrollo Agropecuario, se advertía era otra de los fuertes aspirantes.

Todos sabían que es uno de los funcionarios más cercanos al mandatario estatal.
Su relación parte del que ya parece lejano 1986.

Se supuso que eso podrá tener valor agregado con los legisladores que integran la Comisión de Seguridad Ciudadana de la Cámara y que el lunes pasado, a puerta cerrada, interrogó uno a uno a los candidatos.

Se supo que Arroyo González “satisfacía todos los requisitos”. Un día después, el martes, el pleno del Congreso avaló su designación, al frente de la fiscalía estatal en el lapso comprendido de este 2018 hasta 2023.

Ya había declarado que entre sus tareas será emprender la dignificación del Ministerio Público a la que algunos sectores de la población no le tienen plena confianza.

Textualmente también citó: “Cuando hay certeza de que hay alguna irregularidad, entonces se validará que el perfil no se cubre y debe haber una sustitución. No podemos caer en decisiones autoritarias, que no siempre son las adecuadas”.

René Juárez, crítico

René Juárez Cisneros renunció inopinadamente el lunes 16 pasado a la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Por la llamada prelación, su lugar lo ocupó quien fungía como secretaria general Claudia Ruiz Massieu y, a la vez, su lugar le correspondió al exgobernador de Coahuila Rubén Moreira.

El exgobernador de Guerrero, y que entró como emergente a tratar de salvar la campaña de José Antonio Meade y en general del priismo, antes había manifestado que esperaría hasta tomar una decisión.

Sin embargo, en la tradicional carrera de 10 kilómetros que organizó el sábado anterior el Estado Mayor Presidencial, platicó brevemente con el presidente Enrique Peña Nieto.
Quienes vieron la escena, advirtieron que Peña lo palmeó familiarmente varias veces, en un tono cordial y que se leyó de apoyo a su decisión.

En el que fue su último mensaje, expresado con carácter y convicción, dijo que la derrota del primero de julio los obliga a plantearse la refundación y democratización de su partido.
“Veo un PRI en el que se ha infiltrado la simulación”, manifestó.

Y contundente indicó: “Quiero un partido donde las cúpulas no decidan, que decidan sus militante, quiero un PRI donde sus militantes nombren a sus candidatos y sus dirigentes”.

Ruiz Massieu declaró que convocará a la comisión política permanente y, en plazos estatutarios, al consejo político nacional para iniciar el proceso de renovación de la dirigencia.

Sin primera dama

Fue contundente Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del virtual presidente electo Andrés Manuel López Obrador, al ratificar que no llevará el título de primera dama.

Y agregó igualmente: “Ni tampoco presidenta honoraria del DIF ni de ninguna otra institución pública”.

La señora Gutiérrez Müller sentenció: “De lo que sí estoy segura es que seguiré siendo profesora universitaria, investigadora y escritora”.

Paralelamente se informó que el DIF se integrará a la Secretaría de Salud y que se orientará al diagnóstico y a combatir directamente la pobreza.
Faltaría esperar si ese cambio se produce en estados donde se renovaron
gubernaturas.

Comentarios