Algún día escuché en algún lado: “Los niños son crueles”. Todo es cuestión de perspectiva, pensé. Y lo sigo pensando.

¿Qué es la crueldad, entonces? Para el actor, director y dramaturgo francés Antonin Artaud “la palabra crueldad debe ser considerada en un sentido amplio y no en el material, al que normalmente es atribuido”.

Al plantear el manifiesto que sustentó las bases del teatro de la crueldad en el siglo XX, Artaud defendió la misma bajo una mirada filosófica: “Utilizo la palabra crueldad en el sentido de apetito de vida, rigor cósmico y necesidad implacable, en el sentido gnóstico de torbellino de vida que devora las tinieblas, en el sentido de ese dolor fuera de cuya necesidad ineluctable la vida no puede mantenerse”.

Así que, si pensamos la crueldad como “apetito de vida” y “necesidad implacable”, podemos pensar también en riesgo, vacío, salto y grito. De esa forma, casi ingenuamente me atrevo a decir que bajo esta mirada los niños sí pueden llegar a ser muy crueles.

Mismo con todas sus diferencias, si hay algo que los niños entienden con familiaridad es ese tal apetito de vida. Un niño salta. Literal y metafóricamente. Confronta al mundo con sus preguntas sin buenos modales ni eufemismos. Tiene urgencia y ganas de jugar, de sentir. De ser todo lo que pueda en un solo día. Un niño inventa canciones, “escucha” y descifra qué hay por detrás de la penumbra que los adultos a veces generamos con silencios que creemos oportunos para “protegerlos” de un mundo que también es de ellos.

Re Jijos del Maíz, compañía de teatro infantil dirigida por Beatriz Valdés, se prepara para reestrenar en febrero Perséfone, una adaptación del mito griego en donde podremos ver a niños compartiendo con el público su estar en el escenario a través de su energía, disciplina y voluntad.

A veces solemos romantizar la infancia y atribuirle la función inapelable de portadora de la inocencia que perdimos en algún momento y, sin cuestionarnos, queremos ver a los infantes al margen de la vida, como meros receptores de experiencia e instrucciones. Eso sí, una dilacerante crueldad bajo una mirada muy distinta a la de Artaud.

Así que el teatro también es de los niños, para los niños y puede ser una gran experiencia cuando es con niños porque ellos también tienen necesidades –y habilidades– expresivas que compartir. Como “adultos”, dejemos de una vez por todas de verlos como “semillitas en potencia” o como “el futuro de la nación” y aceptemos que todos somos el presente y que este tiempo les corresponde a todas las edades.

Perséfone Compañía infantil Re Jijos del Maíz Dirección de Beatriz Valdés
Para información sobre el reestreno, puede consultar la página de la compañía en Facebook.

Artaud

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