Pachuca.- Definir el arte suele ser algo complicado. Las manifestaciones artísticas actuales son tan diversas que algunas veces se ha cuestionado su calidad como tales. Desde contextos que prohíben hablar de ciertos contenidos, hasta temas de fuerte carga política, el arte y la controversia van de la mano.

Asimismo, la sexualidad es uno de los temas que tratamos con más recelo, en especial la femenina que, sin embargo, se trata con doble estándar. Diariamente vemos en los medios y la publicidad cómo se usa el cuerpo femenino, bajo ciertos modelos de belleza, para promocionar productos, lugares, bebidas, lociones y formas de vida. No obstante son los mismos medios los que autocensuran la sexualidad que incomoda, desde los jabones y desodorantes para la “zona íntima” que aseguran mantenerte “fresca y protegida”, hasta los anuncios de toallas y tampones que prometen que nadie se dará cuenta de que estás “en esos días” y que representan con tinta azul el fluido menstrual.

De esta manera podemos observar que mostrar la regla se considera ofensivo, sin embargo la menstruación no siempre fue vista con pudor, miedo, desagrado o asco; de hecho, se dice que las primeras pinturas rupestres eran hechas con sangre menstrual al ser un pigmento natural y fácil de obtener. El cambio, la forma de organización social, la religión, la globalización y el capitalismo son algunos de los factores por los que esconder la menstruación se ha convertido en una necesidad.

No hablar abiertamente de ella hace que muchas mujeres vivan sus periodos de manera incómoda, apenas con información técnica obtenida de la escuela o con mitos que se transmiten en el ámbito familiar, pero siempre de manera hermética. Pese a ello, hay mujeres que han cuestionado este ocultamiento y decidieron usar el arte como forma de testimonio de las mujeres menstruantes, invitando al público espectador a cuestionarse.

Obras artísticas que van desde performances, fotografías y pinturas donde la sangre menstrual es usada como materia prima genera opiniones encontradas, por un lado existe una fuerte carga simbólica que nos invita a reflexionar sobre cómo percibimos nuestros cuerpos, y por el otro los preceptos sociales provocan rechazo al ver de una manera tan explícita la apropiación que una mujer hace de su propio cuerpo y lo que surge de él.

Muchas artistas menstruales no han recibido apoyo, siendo esto motivo frecuente de escarnio social, como la australiana Casey Jenkins, cuyo trabajo menstrual trató de un acto que consistió en introducir una madeja de lana blanca dentro de su vagina y tejer con ella durante 28 días, teniendo como resultado una bufanda que se iba pintando de colores escarlata durante su menstruación. El motivo de este performance era acabar con los tabús acerca del cuerpo femenino: “Espero que la gente se cuestione sus temores y referencias negativas en torno a la vulva, dijo. Muchas personas la criticaron fuertemente al decir que lo único que quería era llamar la atención, incluso insinuaron que necesitaba ayuda psicológica.

También la chilena Carina Úbeda, quien guardó durante cinco años los paños de tela que usa para recoger su menstruación para montar con ellos una instalación que fue mal vista por el público, haciendo referencia a temas como la higiene y el olor, descalificando totalmente su instalación como arte.

En marzo de este año causó polémica una fotografía de la artista Rupi Kaur, debido a que Instagram la había censurado dos veces argumentando que infringía las normas comunitarias. En la imagen se muestra a la misma artista de espaldas en su cama con una mancha de sangre menstrual en sus pantalones y sábanas. No se mostraban desnudos ni contenido sexual explícito, pero a quienes utilizan esta red social les pareció ofensivo. Al final

Instagram terminaría pidiendo disculpas y restaurando la imagen, perteneciente a una serie fotográfica llamada Periodo, debido a la presión que ejercieron miles de internautas a través de distintas redes sociales.

El cambio que se ha hecho en pocos años desde la popularización del arte menstrual, es una muestra de cómo el arte puede cambiar nuestra visión del mundo. Incluso es cada vez más fácil encontrar pinturas hechas con sangre menstrual por mujeres que no se dedican al arte, pero que utilizan esta forma de expresión para empoderarse y reconocerse. Blogs como La Serpiente Violeta o Mujeres Construyendo tienen álbumes virtuales donde las usuarias pueden compartir sus pinturas menstruales.

Es gracias al uso de las redes sociales que se ha dado a conocer este tipo de arte, no es raro encontrar imágenes en Internet con las etiquetas #MenstrualArt o #ArteMenstrual. Y aunque las primeras mujeres que llevaron a cabo sus obras fueron fuertemente criticadas, han logrado su objetivo: llevarnos a cuestionar y, poco a poco, dejar de lado los tabús en torno a la menstruación.

“La sangre, las referencias gore y la violencia gratuita están por
todas partes en la cultura pop, pero la de la regla ha sido completamente borrada del paisaje visual”

Jen Lewis

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