Estimados amigos lectores, hace algunos meses en la columna titulada “Bordados, tejidos y algo más…” comenté sobre el arte popular o artesanal, el cual es desarrollado y perpetuado en algunas comunidades o etnias originarias y arraigadas en la República mexicana, arte que va desde los cuentos, leyendas, canciones y ritmos populares, pasando por Danza y rituales hasta obras de arte popular o artesanal tradicional, tales como figuras talladas en madera, escultura, alfarería, mosaicos, ebanistería, joyería, cestería, vidrio, vestuario, hilados, textiles, propios de cada etnia o comunidad. Estas culturas populares, si bien es cierto que se encuentran contempladas y mencionadas en la Ley Federal del Derecho de Autor, también es cierto que no contamos con verdaderos mecanismos de protección en favor de nuestras culturas populares.

A pesar de que la LFDA establece en su artículo 159 que la utilización de las obras literarias, artísticas, de arte popular o artesanal; protegidas por el presente capitulo, es libre, siempre que no contravengan las disposiciones del mismo.

Mientras que el artículo 160 de la misma ley establece que en toda fijación, representación, publicación, comunicación o utilización en cualquier forma, de una obra literaria, artística, de arte popular o artesanal; protegida conforme al presente capítulo, deberá mencionarse la comunidad o etnia, o en su caso la región de la República mexicana de la que es propia. El mes pasado, un grupo de diputados integrantes del grupo parlamentario del Partido Revolucionario Institucional, presentaron una iniciativa de reforma respecto de los artículos que comento, es decir, 159 y 160 de la LFDA. La cual tiene como propósito proteger el patrimonio cultural de las comunidades indígenas para evitar posibles plagios por parte de particulares nacionales o extranjeros, así como hacer visible toda creación, obra o expresión tangible o intangible propia de nuestros pueblos, etnias y comunidades indígenas.

El espíritu de dicha reforma de acuerdo con la exposición de motivos radica tanto en: la composición pluricultural de la nación mexicana, sustentada originalmente en sus pueblos indígenas, quienes forman una parte fundamental de nuestra historia e identidad nacional, así como en el patrimonio histórico, conjunto de bienes de una nación acumulado a lo largo de los años que, por su significado arqueológico y artístico es necesario proteger. En una expresión amplia, es encontrada las costumbres, las artesanías, la gastronomía y en general, las tradiciones del pueblo.

Continuando con la exposición de motivos, el proyecto de reforma deriva especialmente de lo que ha ocurrido con el arte textil mexicano, el cual posee siglos de historia y creatividad a lo largo del país, siendo México reconocido como uno de los principales países con una hermosa producción artística en el mundo textil. Citando los ya tan famosos casos Carolina Herrera y Louis Vuitton, entre otros casos más, relacionados con los bordados de Tenango de Doria, en donde cada elemento tiene un significado personal, familiar y comunitario.

Gracias al alto desarrollo textil mexicano, sus técnicas y estilizados decorativos, así como a las comunidades que aún conservan de generación en generación, la elaboración y uso de sus trajes y a la falta de herramientas o procedimientos mediante los cuales, los usuarios nacionales e internacionales den crédito a las comunidades indígenas al hacer uso de sus diseños, se propone los artículos 159 y 160, sean reformados de la siguiente manera:
Artículo 159. Bastará con dar aviso simple por escrito o digital al Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas para el usufructo libre de las obras literarias, artísticas, de arte popular o artesanal en cualquiera de las expresiones posibles tangibles o intangibles protegidas por el presente capítulo, siempre y cuando no contravenga las disposiciones del mismo y su uso no sea con fines lucrativos.

Artículo 160. Para toda fijación, representación, publicación, comunicación o utilización en cualquier forma, de obras literarias, artísticas, textiles, de arte popular o artesanal en cualquiera de las expresiones posibles tangibles o intangibles; protegidas conforme al presente capítulo y cuyo uso sea con fines lucrativos, deberá solicitarse a través del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas el dictamen de autorización, ya sea positivo o negativo, del pueblo, comunidad o etnia para su utilización.

El sentido positivo o negativo del dictamen de autorización deberá estar fundado y motivado y en todos los casos deberá mandatar al solicitante incluir al menos:
I. Una leyenda que exprese se trata de una obra de inspiración mexicana y podrá especificarse la comunidad, etnia o pueblo originario.

II. Una leyenda que señale el porcentaje de la compra que será destinado para la comunidad, etnia o pueblo originario, en reconocimiento y aliento a su cultura.

III. El folio o número de autorización expedido por el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas.

En lo personal, me parece una iniciativa que plausiblemente busca regular y proteger el uso de las obras de arte popular, sin embargo, me siembra mucha duda la participación casi totalitaria que se le concede al Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, de muy reciente creación, del cual ya comentaremos en la siguiente columna, facultándolo para promover e implementar las medidas que sean requeridas para garantizar el cumplimiento de los derechos de los pueblos indígenas y afro-mexicano. Así como para realizar acciones para el diseño e implementación de políticas, planes, programas y proyectos relacionados con los pueblos antes citados.

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