“El arte está cada vez más lejos de la representación y está más cerca de lo social”, así lo afirmó uno de los tres tutores que conformaron la triada que participó como mediador en la primera fase del diplomado presencial para la formación de formadores para la enseñanza de las artes, realizado en el centro cultural del Ferrocarril de jueves a sábado de forma simultánea en cuatro estados del país, dejando fuera a la CDMX por primera vez. Después de una minuciosa selección de los candidatos, se recibieron más de 120 propuestas, de las cuales entre la capital del país e Hidalgo fueron seleccionados solo 100 profesionales de las artes para cursar el diplomado interdisciplinario, cuya finalidad es adentrarse en una experiencia artística multidisciplinaria, basada en la metodología diseñada por el Centro Nacional de las Artes en colaboración con la Secretaría de Cultura y la Secretaría de Educación Pública, para replicar ese modelo de aprendizaje a otros formadores, docentes involucrados en el quehacer de la enseñanza artística.
“Las energías no han de ponerse solo en lo que transmitimos, sino en la arquitectura de su transmisión”, extracto del libro El proyecto Facebook y la posuniversidad de Alejandro Piscitelli.
Para quienes nos dedicamos a la formación de otros seres, ya sean hijos, alumnos o cualquier ciudadano en materias como las artes u otras disciplinas, nos enfrentamos al mismo reto: contar con estrategias efectivas para atender los propósitos de cada área y cada nivel o tipo de relación humana que se geste en nuestra familia, escuela o centro social. Para ello conviene mirar nuestras propias mañas en el espejo de la investigación académica, solo así podremos descubrir que nuestro problema no es el otro, sino la brecha metodológica. Justamente como menciona María Acaso, ya que en nuestra época los contenidos y la tecnología son puentes que dependiendo del contexto, atendidos en su mayoría, pero que sin herramientas eficaces, los malos hábitos en el proceso de aprendizaje de cualquier tema, sean de profesor-alumno o alumno-alumno, se dificultarán y con ello nos enfrentaremos a un rezago no solo educativo, sino también social y emocional entre los diferentes agentes que componen el mosaico de nuestra sociedad en el corto, mediano y largo plazo.
Profesores que simulan que enseñan y alumnos que simulan que aprenden, conocimientos que parece que existen, pero que en la realidad son historias de ficción repetidas a diario en las aulas o cualquier otro espacio donde se geste la educación.
¿Existe una receta mágica para hacer que otros aprendan? Tal vez no, pero la mayoría coincide en que la empatía es una clave imprescindible. Generar un vínculo afectivo entre las diferentes relaciones que se puedan presentar en las relaciones alumno-alumno, alumno-profesor y profesor-alumno, que basados en el respeto, pueden convertirse en un sólido puente entre el conocimiento y el aprendiz, construido con el material de la confianza.
Continuará…

[email protected]

Comentarios